La alta velocidad llega a Madrid. En este ocasión, las carreras de alta velocidad que ofrece el espectáculo de la Fórmula 1. En el día de ayer se presentaba el proyecto en el que ha estado trabajando la Comunidad de Madrid durante «mucho tiempo» para conseguir este evento único. El circuito arrancará frente a la entrada de Ifema y rodeará sus pabellones para luego alcanzar la calle Ribera del Sena y cruzar la M-11 por un túnel, donde se adentrará de nuevo en los terrenos de Ifema, bordeando el barrio de Las Cárcavas, en Hortaleza. Allí tomará la vuelta en Valdebebas, para después caracolear con otras cinco curvas antes de pasar bajo otro túnel y llegar, después de varios giros de 90 grados, al punto de salida, donde habrá un podio con capacidad de 140.000 personas.
Con 5.474 km de longitud y 20 curvas, el Gran Premio de Madrid se convierte en el último proyecto turístico-especulativo de la Comunidad. Tal como ya sé demostró en Valencia y posteriormente en Barcelona, estos proyectos no redundan en ninguna mejora del día a día de las asalariadas madrileñas. La dinámica de un GP a la semana que se vive en la Fórmula 1 hace que el empleo, el turismo y la publicidad venga tan deprisa como llega. Sería el escritor Jorge Dioni en su libro El malestar de las ciudades que hablaría de está nueva política de revalorización de la ciudad que aplica el capitalismo para sobrellevar su decadencia. Un nuevo proyecto que señale al cielo y escriba con luces el nombre de Madrid, al puro estilo Abel Caballero con las luces navideñas de Vigo. Algunos cálculos apuntan a que el circuito de Barcelona ha resultado deficitario durante los últimos 15 años para el gobierno autonómico. Aún así se plantea como positivo el despilfarro del dinero público ya que atrajo 112 millones de euros en su última edición, eso sí, no pregunten a dónde ha llegado ese dinero aunque sospecho que no ha llegado a la cuenta corriente del lector.
En este caso, la presidenta de la Comunidad Autónoma, Isabel Díaz Ayuso y el alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida, son quienes comparecían triunfantes en la presentación. Exaltados por su paso adelante en su modelo de ciudad, mejor dicho, de parque de atracciones. No duda la presidenta en convertir la capital de España en su escaparate de región de grandes eventos, con turismo masificado y trabajos precarios para la mayoría social.
Las críticas no han tardado en surgir y una de las primeras voces de oposición a este previsible negocio que será reinoso para la clase trabajadora, ha sido la de la organización del Partido Comunista de España (PCE) en Madrid, quien ha denunciando que el reaccionario PP de Madrid ha vendido que este proyecto traerá riqueza, puestos de trabajo y no costará un euro de dinero público, pero es todo mentira.
De primeras señalan que es necesario pagar a la FIA un canon anual por participar, por lo que ponen como referencia el circuito de Barcelona y calculan que serían 25 millones al año. Que multiplicado por diez años de contrato se estaría hablando de 250 millones mínimo. «¿De dónde van a salir?», se preguntan.
A esto hay que sumarle, que el circuito será semi-urbano. «¿Cuánto costará construir las partes permanentes? ¿Quién lo hará? Y en las partes urbanas: ¿sabemos el coste de sellar alcantarillas, mantenimiento de asfalto, etc? Seguridad, gestión del tráfico, refuerzo del transporte público… Todo esto se financia con dinero público y saldrá de los bolsillos de toda la población madrileña para que los que se puedan permitir una entrada de más de 150€ vean los coches», desde luego no es oro todo lo que reluce y la factura que saldrá del bolsillo de los madrileños y madrileñas será abultado.
Por último, el PCE de Madrid indica que la Formula1, monta y desmonta absolutamente todo, «las empresas que vengan serán de fuera y se consume y se hace vida dentro del circuito durante los 4 días. ¿Qué riqueza es eso para la región? ¿Conseguir un contrato de 4 días para poner cañas es crear puestos de trabajo?», preguntan a la ciudadanía mientras defienden que la única manera de generar riqueza y trabajo en Madrid pasa por la reindustralización, empresas de sectores estratégicos y alejarse del modelo terciario que nos impone el PP y la Unión Europea.







