Los nombres de Ionel Mota y Vasile Marin no son conocidos, ni hacen referencia a ninguna de las hazañas bélicas que el franquismo, en un historiografía oficial y menos oficial, inventó para diseñar y explicar esa lucha entre hermanos que sería después guerra en España y a la que llamó civil. Mota y Marin fueron dos ciudadanos rumanos que, por identificarse con la ideología fascista, llegaron a nuestro país para apoyar el golpe militar y empuñar, incluso, un fusil para acabar con los republicanos. Y fueron abatidos en el frente de Majadahonda en 1937. Ahí termina todo para ellos pero no para el franquismo vencedor, que los utilizará como referentes propagandísticos de su dictadura y cuyo recuerdo congrega, aún hoy, a grupos de extrema y extremísima derecha españoles y europeos para celebrar aquello por lo que dieron su vida: el fascismo.
A más de un año de aprobada a Ley de Memoria Democrática la concentración ultra anual ha vuelto a reproducirse en el lugar donde, en 1948, se construyera un memorial de homenaje a estos combatientes extranjeros que cayeron por Dios, por España y Rumanía durante los combates. Pero este hecho no es lo más significativo que queremos señalar en esta columna.
Situado en Majadahonda, casi anexo al cementerio de la localidad y en terreno de titularidad privada, esta localidad madrileña gobernada por el Partido Popular, aprobó en 2015 (va para nueve años ya) una resolución para derribar el hito franquista por su relación con los grupos fascistas que se reunían en su entorno. Evidentemente, la mencionada resolución no se llevó a cabo nunca y las concentraciones siguieron reproduciéndose sin mayor problema como viene siendo habitual desde 1970.
Con la nueva ya ley aprobada, el pasado mes de noviembre el diputado Enrique Santiago llevó al Parlamento el asunto y preguntó sobre la actuación que los responsables llevarían a cabo tanto en caso de nueva convocatoria como por la pervivencia del memorial.
Hubo nueva convocaría el pasado 13 de enero, sin mayores problemas para los convocantes y con el hito aún en pie. Nota anexa: según la prensa convencional que cubrió el acto, no hubo evidencias de presencia policial en la zona, al menos uniformada. Queremos considerarlo más un fallo en la coordinación entre los responsables de implementar la norma de manera eficaz que escasa voluntad en conseguir su efectivo desarrollo; lo que si es evidente es que se está incumpliendo la ley y su puesta en marcha en muchos de los supuestos que recoge (eliminación de símbolos, exaltación del franquismo, desafío a la ley, respeto a las víctimas…)
Metidos en harina, señalar algunas de las entidades que se relacionan a este acto: la Asociación para la custodia del monumento a los legionarios rumanos, Falange Española y la Fundación profesor George Manu. Se exhibieron banderas fascistas y se cantó el Cara al Sol y el Himno de la Guardia de Hierro del partido al que pertenecía los rumanos recordados, también llamando Legión de San Miguel Arcángel. Mota y Marin llegaron a España a finales de 1936 desde Portugal y se encuadraron, junto a otros seis fascistas rumanos más, en la 21 Compañía del Tercio de Yagüe, muriendo de inmediato, en el cerro de la Radio de Majadahonda, el 13 de enero siguiente. Punto y final.
También en enero, pero el lunes 15, nos dejaba Anita Sirgo. Heroína de las luchas obreras asturianas, fue referente vivo en las últimas seis décadas de nuestra memoria. Jamás podremos olvidarla, del mismo modo que ella nunca olvidó a Tina ni a ninguna de las mujeres, compañeras de la huelgona, encarceladas, vejadas y torturadas, pero comprometidas con la clase y con la libertad. Ejemplo imperecedero.








