En esta última etapa, salimos a las 08:00 horas en dirección a Almería, todo el mundo desayunado y equipajes hechos para volver a casa al finalizar. Y eso que, por ser la última noche, hubo música y baile hasta las dos de la mañana en una terraza del polideportivo, y algún que otro chupito de ron cubano.
Desde el polideportivo de Vícar bajamos hasta Roquetas, luego atravesamos Aguadulce y después del puerto deportivo, enfilamos la carretera de la Garrofa, que nos llevará a Almería. La brisa nos trae el penetrante perfume a mar, que contemplamos debajo de nosotros, desde la carretera colgada entre la montaña. Caminamos 242 personas, 113 mujeres y 129 hombres.
Como ya es también tradicional a la entrada de Almería, junto al Puerto de pescadería, nos esperan más gente de la zona, pero también desplazadas de Málaga, que nos reciben con banderas, aplausos y la orquestina de Manolo Pérez Salas, activista y profesor jubilado. Pérez Salas dirige una pequeña orquesta, que toca las músicas de las canciones Carretera de Almería, el Himno de la República, A las barricadas, Si me quieres escribir…
Hay bastante emoción y veo a varias mujeres y hombres llorando. Se juntan los sentimientos de la llegada con el recuerdo del porqué hemos realizado esta marcha, el calor del recibimiento y el entusiasmo de sentirte arropada por tanta gente.
Hay un acto final junto al Memorial de Mauthausen, monumento que recuerda a las personas de Almería asesinadas en ese campo de concentración nazi. Hablan, entre otras personas, José María Martín, subdelegado del Gobierno; Fernando Martín, secretario de Estado de Memoria Democrática, y Valentina, por el Partido de la Izquierda Europea. El acto estuvo amenizado por la cantante Sensi Falan.
Ha terminado la marcha de la Desbandá, y junto a ella, también ha terminado la marcha (más invisible) del equipo de supervivientes de la guerra y jóvenes que han estado visitando Institutos de las zonas por donde pasábamos. Se han visitado diez centros educativos, tres en Málaga, cinco en Granada y dos en Almería, y han participado en las charlas-encuentros, casi mil alumnos de 4º de ESO, y 1º y 2º Bachillerato, muy interesados en las charlas.
Ángel Coello, compañero de la Desbandá, coordinador de la actividad, dice que se ha insistido en todas ellas en tres conceptos. Por una parte, que La Desbandá de 1937 desde Málaga a Almería es un genocidio silenciado. Segundo que la guerra en España no fue una guerra ‘civil’, sino una guerra antifascista. Y por último, la necesidad de hacer algo para parar el genocidio que se está cometiendo todos los días en Palestina.
La importancia de la enseñanza es clave para el futuro de las personas y los países. Así lo repite constantemente nuestra superviviente de la guerra, Amparo Sánchez Monroy. Ella nació el 11 de abril de 1938 en Barcelona, por lo que le falta menos de 2 meses para cumplir 86 años.
Una abuela suya era de Almería, su padre de Toledo y su madre del Ferrol. Su madre, su abuela y su abuelo vivían en Valencia, mientras su padre estaba luchando en el frente del Ebro. Se trasladaron a Barcelona, al Prat de Llobregat, para el parto donde ella nació. Cuando comienza la retirada de la República de Barcelona y el norte de Cataluña, pasan más de medio millón de personas a Francia, un éxodo nunca contemplado hasta ese momento en la historia.
Toda la familia de Amparo va en esa huida y acaban en el campo de Argelés Sur Mer. El campo está dividido entre dos partes. Una destinada a civiles, donde mandan a Amparo que aún no tiene un año, su madre y su abuela; otra a militares, donde están su padre y su abuelo. A partir de ahí se produce la separación de la familia. El abuelo murió y acabó en una fosa común en Normandía y la abuela volvió a Barcelona. Fue interrogada y obligada a presentarse semanalmente en Comisaría. Recuperó su casa del Prat de Llobregat, encontrándola totalmente desvalijada.
A Amparo y a su madre la trasladan, primero al campo de Clocher de Gueret en Creuse y después a la cárcel de Aubusson. Su padre, que había sido enrolado en una columna de trabajadores forzados, podía pedir la reunificación familiar y localizó a su mujer e hija a través de columnas en prensa que informaba de la ubicación de familiares extraviados.
Una vez juntos, su padre colaboró con el maquis y, en 1944, participó en la ocupación republicana del Valle de Arán, organizada por la Unión Nacional Española y promovida por el dirigente del PCE Jesús Monzón. La operación fracasó y al volver a Francia, fue apresado por los alemanes que se retiraban desde el sur de territorio galo.
Consiguió escapar saltando del camión donde iba con otros presos españoles en una zona que conocía bien. Sobrevivió, aunque otros fugados murieron. Llegó andando hasta su casa, donde Amparo, con seis años ya, y su madre creían que lo habían matado. Días antes las dos vieron como los soldados alemanes fusilaban a dos hombres y una mujer, cerca de su casa. Siguieron en Francia, después de acabada la guerra, con trabajos miserablemente pagados y soportando el racismo francés para con los españoles.
Pero la enseñanza pública y laica la salvó porque la preparó y le dio conocimientos, que no podría haber conseguido en la enseñanza privada al no tener dinero. Como para ser profesora tenía que pedir la nacionalidad francesa, decidió volver a España a estudiar, cosa que no consiguió hasta pasados dos años, al estar su padre fichado.
Volvió a Francia, hizo Derecho en vez de enseñanza y trabajó para la Administración local francesa. No ejerció de abogada, pero si usó su título para defender a sus compañeros y compañeras funcionarios en los conflictos laborales contra la administración. Una vez jubilada, fundó la Asociación de exiliados y de hijos de exiliados.
En 1999, realizaron una manifestación en Argelés con el lema 100.000 luces para 100.000 refugiados. Luego se afilió a la Asociación española ‘Archivo, Guerra y Exilio’ (AGE) de Madrid y sigue colaborando con ellos, además de haberse hecho socia y colaborar con la Desbandá.
Un compañero que tiene mucha culpa de que exista la Asociación de la Desbandá, es Rafael Morales, su presidente. En 2017, cuando se hace la primera marcha, él era directivo de la FAM (Federación Andaluza de Montañismo). Defendió la idea en la federación de hacer una actividad deportiva, una marcha desde Málaga a Almería, aprovechando que era el 80 aniversario de la Desbandá.
El proyecto de marcha, también había sido hablando por sectores de la órbita del PCE, IU y CC. OO. Al final hubo una confluencia en la idea y la FAM abanderó el proyecto, pero desde el conocimiento de que iban a participar en la marcha personas de la izquierda, del ámbito sindical, social y político.
Esa primera marcha se hizo, salió bien, pero con fuertes fricciones entre los sectores más politizados y los menos. Sin embargo personas provenientes de la FAM como Rafael y otras del ámbito político republicano y de izquierdas, decidieron seguir organizando la iniciativa de forma independiente a la FAM, constituyendo una asociación deportiva-memorialista.
El interés de Rafael, como el de muchas personas de la Desbandá, está en que su familia salió huyendo del fascismo y sufrieron las consecuencias de la ocupación. Su familia era de Prados, una pedanía de Ronda. Su padre, que tenía 22 años, era miliciano. Hacía misión de vigilancia, en el Puerto del Monte, para dar la alarma en caso de movimientos de las tropas fascistas. Finalmente, Ronda fue tomada el 16 de septiembre, y el padre de Rafael decidió permanecer en su casa. Pero en diciembre, un amigo le avisa de que van a ir por él. Huyó con tres amigos más, por la Sierra de las Nieves, por la ruta de Alozaina y Coín. Llegan a Málaga y se unen a la Desbandá el 7 de febrero. Consigue llegar muy pronto a Almería, porque se aferraba a los guardabarros de los camiones que pasaban.
En Almería, el padre de Rafael se enrola en el Ejército Republicano y participa en la Batalla del Jarama. Después, en la Batalla de Guadalajara donde es herido en un ojo y, posteriormente, en la de Teruel, donde es herido grave. Contaba que, por la noche, tenían que cavar en las trincheras, para sacar la nieve que había y poder dormir en el suelo.
Recuperado en Valencia, se alista a la Guardia de Asalto. Finalizada la guerra decide volver a Ronda. Su tía y su abuela le convencen de que tiene que legalizar su situación y presentarse en el cuartelillo de la Guardia Civil. Así lo hizo y lo mandaron al campo de concentración de Alhaurín el Grande. Tenía un familiar falangista en Arriate y éste consigue sacarlo de allí. Se casó y tuvo 11 hijos, cinco hijas y seis hijos, uno de ellos, Rafael.
Con los testimonios recogidos por las personas que han participado en la Desbandá sigue aumentando el archivo de historias personales y concretas. Hombres y mujeres que vivieron la tragedia y el genocidio de la Desbandá de Málaga y de todas las Desbandá de España de manera muy diferente, pero quieren que sus historias se conozcan.
Hay personas a las que no he podido atender bien, o quizás que no haya recogido exactamente su relato, pero la idea es la de seguir aumentando el archivo de todos los casos, aunque no puedan ser publicados en los días de las marchas por la falta de espacio en las crónicas y de tiempo, pero se podrán seguir añadiendo después de llegar a nuestro destino.
Como me ha comentado la compañera vasca Mayte, hemos acabado la marcha y el resumen es que la Desbandá consiste en dos cosas: “Por la mañana andar y por la tarde llorar”. Porque andar, hemos andado mucho en esta marcha: unos 220 kilómetros a una media de 20 diarios, recorriendo los escenarios de nuestros mayores, de nuestros muertos, imaginando sus penalidades y comprometiéndonos en conseguir verdad, justicia y reparación para ellos.
Y llorar, porque la socialización de los encuentros, el teatro, el documental, el libro, la música, nos hacen emocionarnos y pensarnos como una comunidad fraternal, unida en una lucha común.







