Diez mujeres represaliadas por el franquismo darán nombre las calles y plazas de una nueva zona urbanizada de Pamplona, más concretamente del barrio de Txantrea. Entre ellas se encuentran tres grandes luchadoras relacionadas con el Partido Comunista de España: Julia Bea Soto, Dora Serrano Serrano y Aurora Gómez Urrutia.
Este reconocimiento ha sido posible gracias al acuerdo del Ayuntamiento de Pamplona, que daba así respuesta a la petición que tanto asociaciones vecinales como distintas organizaciones feministas venían realizando para visibilizar a las ahora homenajeadas, cuyos nombres y apellidos habían sido ocultados por el franquismo, pero también por las propias crónicas históricas locales más actuales por el hecho de ser mujeres. También desde el PCE-EPK en Navarra, a través de un artículo, se había instado al equipo de Gobierno local a dar este importante paso.
El proceso para llegar a esta resolución parte de un estudio sobre mujeres con trayectorias destacables de Pamplona represaliadas por el franquismo, una propuesta biográfica que ha sido desarrollada en el ámbito universitario por la investigadora Gemma Piérola Narvarte. Fruto de ese trabajo, el Consistorio de Iruñea ha editado el libro Historias silenciadas: vida y olvido de diez mujeres navarra represaliadas durante el franquismo. Una propuesta biográfica para su reconocimiento en espacios públicos.
Se da la circunstancia de que Gemma Piérola también ha publicado en la revista ‘Nuestra Historia’ el artículo sobre Julia Bea Soto y que otra investigadora, Nerea Pérez Ibarrola, en la misma publicación del PCE había hecho lo mismo sobre la figura de la otra comunista navarra ahora reconocida: Dora Serrano.
Tanto Julia Bea como Dora Serrano y Aurora Gómez forman parte de ese nutrido grupo de mujeres navarras que, llegada la Segunda República, integraron las filas de los partidos y sindicatos de izquierda y que, tras el golpe de Estado fascista, siguieron combatiendo por la libertad y los derechos de la clase trabajadora.
Julia Bea Soto. Será en febrero de 1935, cuando Julia Bea se adhiere al Partido Comunista de España, siguiendo los pasos de sus hermanos. Tres de ellos fueron fusilados el 21 de julio de 1936. Julia, que estaba esos días en Madrid, fue secretaria y dactilógrafa en la oficina de Dolores Ibárruri durante la guerra. Se casó con brigadista alemán y, aunque tuvo oportunidad de marcharse, se quedó en el puerto de Alicante, embarazada. De allí al campo de concentración de Los Almendros y a la cárcel de Alicante.
A su vuelta a Pamplona, a principios de los 40, ayuda a reorganizar junto a otros camaradas (entre los que se encontraba Dora Serrano) una nueva célula del PCE. Todos fueron detenidos en agosto de 1943, pasando Julia ochos años en las cárceles de Ventas, Amorebieta y Segovia. A su salida, volvió a contactar con los comunistas navarros y se dedicó a distribuir Mundo Obrero. El acoso policial hizo que tuviera que abandonar Navarra para exiliarse en Francia, donde siguió militando hasta su muerte en 1989 tanto en el PCE como en el PCF.
Teodora Serrano. Otra que militó hasta el último día de vida fue Dora Serrano. Nacida en Toledo en diciembre de 1916, vivió en Pamplona desde 1940, tras salir de la cárcel de Ventas en la que ingresó en 1939. En aquel momento se integró en la célula comunista de Pamplona, que como ya hemos contado ‘cayó’ en 1943. Fue detenida, juzgada y encarcelada igual que el resto de miembros de la célula. Serrano permaneció en prisión hasta el año 1947 pasando por varios centros penitenciarios en los que continuó con su lucha política, aunque cumplió la mayor parte de su condena en la cárcel de mujeres de Amorebieta.
Tras la muerte de Franco y el inicio de la transición a la democracia, Dora volvió a conectar con el PCE y después de la legalización del partido en el año 1977, volvió a retomar la militancia activa y pública, apareciendo en varias listas electorales y siendo víctima del atentado que sufrió la sede del PCE de Pamplona en el año 1980, a causa de una bomba colocada por los ultras de la Tripe A.
Aurora Gómez Urrutia. También relacionada con Julia y Dora, la vida de Aurora también estuvo marcada por su lucha antifranquista y por la militancia en el PCE. Dos de sus hermanos (Fernando y Ernesto) formaron parte de las células de los años 40, y su marido, Jesús Monzón, fue uno de los grandes líderes del PCE en el interior. Procedente de las juventudes de Izquierda Republicana, fue una de las líderes de la Juventud Socialista Unificada de Navarra. Tras el golpe del 18 de julio fue detenida y canjeada por otra joven de una familia burguesa navarra. Se tuvo que exiliar en Francia, primero, para partir luego a México, donde desarrolló su carrera profesional y donde se reencontró con Monzón tras la salida de la cárcel de éste. Por cierto, Aurora y Jesús Monzón protagonizaron el primer matrimonio civil de Pamplona, en febrero de 1936.
El resto de mujeres que darán el nombre a las calles y plazas de esta nueva de la ciudad, convirtiendo el espacio público en zona de memoria colectiva, son: Julia Fernández Zabaleta, María Luisa Elío Bernal, Josefina Guerendiain Caro, Nemesia Baztán Turrau, Ramona Zapatero Zapatel, Matilde Huici Navaz y Mª Carmen Húder Carlosena. Está previsto que, en torno al 14 de abril, se ofrezca un homenaje público por parte del Ayuntamiento todas ellas.







