Los españoles demócratas que lucharon por la liberación de Francia, —mujeres y hombres republicanos que huían del fascismo que estaba instalándose en España con el avance de las tropas fascistas en el territorio durante la guerra— tendrán el mayor reconocimiento civil que la más alta institución gala dedica a sus mejores hijos, a sus mejores hijas: el Panteón.
Así reza en el frontispicio de monumental edificio laico: Aux grands hommes la Patrie reconnaissante destinado a albergarlos, honrarlos, cuidarlos y homenajearlos hasta la eternidad sin atender procedencia, ideología o etnia; sin desmerecimiento por su profesión o edad o por no haber nacido en Francia o sus colonias; por haber sido literato o filósofo, o vedette de teatro, represaliado, científico, investigador, etc. Con sus luces, sombras y sus faltas, el Panteón recoge democráticamente a todas las personas que se consideran han marcado la trayectoria del país —que tuvo la primera Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano— desde que en 1885 se enterrara allí a Víctor Hugo. Es en el Palacio Nacional de los Inválidos, junto a Napoleón Bonaparte, donde se honra a los militares y guerreros en el país vecino.
A partir de ahora, junto a grandes personalidades de la historia o de la cultura francesa —como Voltaire, Alejandro Dumas, Marie y Pierre Curie, Emilio Zola, Simone Veil, Rousseau o la franco norteamericana Josephine Bake, entre muchísimos otros—, ha entrado a formar parte del mismo un español, Celestino Alfonso. Fue miembro de la resistencia, detenido y ejecutado por la Gestapo el día 21 de febrero de 1944, junto a otras 22 personas, acusados de sabotajes y atentados. Pertenecientes a la red Manouchian, grupo dirigido por el armenio Missak Manouchian quien, junto a su compañera Melinée Assadourian, también han recibido su inscripción en el templo de la gloria.
Celestino —que tenía 27 años al morir y era padre de un niño con dos— y Missak serán los primeros comunistas no franceses en formar parte del Panteón.
Sepultado en Ivry-sur-Seine, esta localidad cercana a París le tiene dedicada una calle como reconocimiento a su labor de lucha antifascista durante la ocupación —su rostro se incluyó en el tristemente célebre affiche rouge distribuido por los nazis en carteles que se pegaron por las calles de disidentes no franceses— del mismo modo que en Saint-Denis la tiene otro español, el asturiano Cristino García Granda, héroe también en la Resistencia y la liberación del suroeste francés.
Con esta concesión, Celestino Alfonso pondrá rostro a todos los exiliados republicanos que retomaron las armas para enfrentarse al nazismo invasor. En el momento de escribir estas líneas, no se tiene conocimiento alguno de que, ni en su ciudad natal, Ituero de Azaba, ni desde la Diputación de Salamanca ni, por supuesto, desde el gobierno de Castilla y León, se hayan hecho eco de tan distinguido e importante reconocimiento ni de que la iniciativa institucional francesa misma les haya empujado a dedicarle espacio público o cualquier otro tipo de consideración a su memoria.
Hasta la fecha y en relación con ello, sólo el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, junto a la alcaldesa de París, la hispanofrancesa Anne Hidalgo, ha rendido homenaje a Pierrot, alias clandestino de Alfonso durante la Resistencia, el pasado 21 de febrero, en el Jardín de los Combatientes de La Nueve, el recinto contiguo al Ayuntamiento parisino que recuerda a aquellos españoles encuadrados en el Ejército francés que liberaron París en agosto de 1944.








