La Asociación Memorial en el Cementerio de Cáceres (Amececa) ha celebrado este sábado la X Jornada Homenaje a las personas represaliadas por el criminal régimen franquista en Cáceres. Allí se ha vuelto a reivindicar que la antigua prisión («Cárcel Vieja», como se la conoce) se convierta en un centro de memoria, que recuerde el horror que supuso en Extremadura, el golpe de Estado fascista y su cruel dictadura.
Los actos, que contaron con una nutrida asistencia de personas, comenzaron con una marcha desde la antigua prisión provincial de Cáceres hasta el cementerio donde se realizó un emotivo acto que recordó la memoria de las 678 víctimas mortales de la represión en la ciudad (528 desaparecidas o fusiladas ante un piquete militar y 150 fallecidas en prisión).
Este año, además, se ha colocado de manera simbólica la primera piedra del centro de memoria en el que la asociación quiere que se convierta la cárcel vieja, situada en la avenida Héroes de Baler. Justo ahora, recuerda el colectivo, se cumplen 90 años de la primera piedra de esta prisión. «De esta manera, se reconoce a las miles de personas que fueron privadas de libertad por su compromiso republicano o por su lucha antifranquista y que permanecieron en la prisión provincial de Cáceres o en el campo de concentración de los Arenales o en la plaza de toros de Cáceres», señala Amececa.
Durante la jornada se llevó a cabo la lectura del manifiesto elaborado por la asociación memorialista, que esta vez ha incidido en la idea de abrir en la vieja cárcel un centro que sirva para recordar el pasado. «El edificio de la antigua prisión provincial de Cáceres debe convertirse en un centro memorial de titularidad pública estatal relacionado con la represión franquista, los derechos humanos y la paz», rezaba en su encabezamiento el manifiesto, que recordaba que la cárcel vieja cerró de manera definitiva sus instalaciones en el año 2009.
«Para evitar el olvido y avanzar en la construcción de una sociedad que defienda los valores democráticos, es necesario y oportuno que el edificio se convierta en un centro memorial de titularidad pública», recogía el texto, que además insiste en la retirada de la Cruz de los Caídos y la eliminación de los símbolos franquistas existentes en la capital cacereña.
La cárcel vieja
La conocida como «cárcel vieja» de Cáceres comenzó a construirse en 1934. Eran los tiempos de la II República y el gobierno pretendía humanizar los centros penitenciarios. La cárcel con la que contaba la ciudad no reunía las condiciones de salubridad e higiene básicas, por lo que el alcalde socialista Antonio Canales comenzó las gestiones que se materializaron en un nuevo edificio.
El complejo se construyó siguiendo las tendencias arquitectónicas de la II República. Se encontraba compuesto por seis higiénicos y ventilados edificios, además contaba con luz y agua corriente, lo que supuso un importante cambio de vida para los presos y presas. Pero todo se torció. En julio de 1936 unos generales fascistas se sublevan, siendo la provincia de Cáceres uno de los lugares en donde el golpe de Estado triunfa.
La cárcel, que aún estaba por terminar, fue llenada de personas honradas y demócratas que cuestionaban el régimen sanguinario que estaba naciendo. Según el historiador Pepe Hinojosa, vicepresidente de AMECECA, «durante toda la guerra de esa cárcel salieron más de 300 personas para ser fusiladas, decenas fallecieron por las malas condiciones y después de terminar la guerra civil había 2.516 en una cárcel para 150». En los años 90 fue el lugar de reclusión de algunos insumisos extremeños que se negaron a cumplir el servicio militar.







