¿Consentimiento?

Amar no puede seguir siendo poseer
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Hermana yo sí te creo. Feminismo.
Foto: José Camó

“Que a mí me ha dicho mi abuela,
Que casamiento y mortaja
Del cielo, del cielo baja”.
Bulería de la Perla de Cádiz.

Amar a alguien no puede significar joderle la vida. Por esa razón esta sociedad tiene que legislar sobre el consentimiento en las relaciones sexuales.

Partiendo del acertado artículo de Antonio Antón en Mientras Tanto (1), creo que estamos en condiciones de hacernos algunas preguntas, nosotros, seres humanos machos.

Lo primero, tener muy en cuenta nuestra educación macho que, al menos en mi caso, en mi generación, está llena de franquismo. Un modelo de hombre patético, ridículo y que, como seguimos viéndolo, recuerda a Berlanga. Unas referencias que las generaciones más jóvenes no tienen y tenemos que mostrar. Hay una cierta reacción de jóvenes contra la pérdida de privilegios que creen tener.

Un macho español aprende muy joven el estatus privilegiado que tienes por el hecho de haber nacido. Lo aprendes siendo cuidado y priorizado por las mujeres de la casa, que refuerzan los mensajes que vas recibiendo mientras el Rey León te va enseñando cómo dominar la selva. Lo cual explica ampliamente el déficit de autoestima de las mujeres que crecen en este ambiente.

Y cuando te conviertes tú en Rey León, ¿qué más puede esperar una mujer que ser el objeto de tu deseo? Tu deseo es un regalo que la mujer no tiene derecho a desperdiciar.

En El Quijote existe una narración que describe bien este derecho que creemos tener. Marcela es una pastora cuya hermosura provoca que muchos niños bien se hagan pastores para hacerle poemas (pastoriles, por supuesto) y perseguirla por los bosques y montañas. El más exaltado de ellos, Grisóstomo, termina suicidándose porque Marcela lo rechaza. Quijote y Sancho Panza, encuentra a estos petimetres glorificando la muerte de él y maldiciendo a Marcela porque es muy mala. Marcela toma la palabra:

“Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis, decís, y aun queréis, que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama…. Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis, decís, y aun queréis, que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama.”

Al macho de turno se le debería caer la cara de vergüenza comprobando que Cervantes era mucho más avanzado, y hace que Quijote defienda a Marcela de tanto fantoche:

“-Ninguna persona, de cualquier estado y condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa indignación mía. Ella ha mostrado con claras y suficientes razones la poca o ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Grisóstomo, y cuán ajena vive de condescender con los deseos de ninguno de sus amantes; a cuya causa es justo que, en lugar de ser seguida y perseguida, sea honrada y estimada de todos los buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con tan honesta intención vive.”

La cultura macho convierte el deseo masculino en poder, en posesión. El deseo femenino, ¿acaso existe?. ¿A qué más puede aspirar a una mujer que a ser deseada por un Dani Alves cualquiera?

En las relaciones sexuales se producen sentimientos que no corresponden con el deseo por los cuerpos. La propiedad, la dependencia, o la permanente lucha por el predominio en que termina convirtiéndose la pareja.

El impacto que el feminismo ha producido en nuestra sociedad está intentando ser contrarrestado con la reacción política, antifeminista, que podemos observar hoy. Pero también ha impactado a otra parte de la población de forma positiva. El feminismo es vivido, en algunos sectores, como una liberación, en primer lugar de la mujer, pero también la oportunidad de que los tíos sacudamos el cuerpo y tiremos la armadura. El feminismo es liberación de una pesada carga.

Mi afán de vivir me impide  sentirme “consentido”, deseando ser amado. Pero esto sólo es posible desde la relación con iguales. El consentimiento está hoy en el centro de la legislación porque somos muy bestias. Porque el patriarcado se revuelve en su tumba sin cerrar y nos da sustos.

Es un concepto del amor retorcido, enfermizo, el que cubre como una neblina las relaciones sexuales. Un amor que debemos denunciar y hasta cuestionarnos si podemos seguir llamándolo de la misma forma.

El individualismo burgués es la afirmación de unos frente a otros, la afición a la caza y recoger las piezas. Es el egoísmo devorador, que jamás podrá considerar a la otra persona más que como un atributo más de su poder.

Más terrorífico es el individualismo postmoderno, que niega la existencia del “otro”. El otro sólo existe si me conviene. Si cumple con alguno de mis deseos. La postmodernidad que conforma la ideología del capitalismo, es aún más salvaje y enfermiza.

Las formas revolucionarias de relación tienen como origen el reconocimiento y el gusto por la otra persona. La afición por otra persona, el gusto de mirar a otra persona, el placer de tocar a otra persona, el abandonar lo aprendido en el sexo y abandonarse como no nos enseñaron a los tíos. Que el sexo no es solo el pene, es revolucionario para los que nos criamos mal. Las formas revolucionarias de relaciones tienen que ver con mirar a la otra persona como es, por lo que es, no por lo que queremos que sea. Pigmalión era gilipollas.

Amar no puede seguir siendo poseer, llenar el mundo de la otra persona, determinar su propia vida. Amar tiene más que ver con la “filia” (amistad) griega. La afición por una persona, el gusto de estar con ella. Un amor libre de todo lo aprendido.

Nota:

(1). https://mientrastanto.org/233/ensayo/sobre-el-consentimiento-y-el-deseo

(*) Educador

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