La posibilidad de una poesía casi imposible

Poesía crítica

Los textos de los más de treinta voces de la antología reflejan un estado de la joven poesía crítica que responde más a parámetros existenciales o morales que a los estrictamente políticos. Las consecuencias de la lucha de clases abordadas en los poemas, más que en lucha o combate devienen en queja o victimismo.

Ni siquiera nos pertenecen /las palabras con las cuales nos nombran.
Yelson F. García López

Desde las teorías de Jakobson sobre las funciones del lenguaje, se ha venido imponiendo la idea del lenguaje poético como aquel donde el acto de comunicación está centrado en el mensaje mismo, en su disposición, en la forma como este se trasmite. Una definición ampliamente aceptada y donde los medios de producción del “aprecio” literario —la crítica, el sistema educativo, la Academia— encuentran fundamento para sus labores de aduana y censura: esto es poesía, esto no es poesía.

Una antología poética es a la vez una propuesta de diálogo con la poesía, con su escala de valores estéticos correspondientes, y un diálogo político en cuanto que al seleccionar criterio y textos el antólogo interviene en la construcción de la conciencia social y cultural de los destinatarios a los que se dirige. La publicación de una antología es además un “acto de habla” performativo, en el sentido que utiliza J. L. Austín, llamado por tanto a provocar reacciones en los posibles interlocutores en función de “las condiciones de felicidad” o circunstancias en la que ese acto de emisión y recepción se produce. Y no parece que esta Antología, elaborada por Alberto García-Teresa y David Trashumante aparezca en momentos estéticos o políticos donde el campo de recepción resulte muy hospitalaria para la clase de poesía —crítica— a partir de la cual la antología se construye.

ÚLTIMA POESÍA CRÍTICA. Jóvenes Poetas en tiempos de colapso.
Selección y edición de Alberto García-Teresa y David Trashumante.
Lastura Ediciones. Madrid

Por un lado los antólogos, en su presentación, delimitan el concepto de poesía crítica como el conjunto “de poemas con una construcción ideológica y ética que exponen su disconformidad, que confrontan o que ponen en evidencia (no únicamente la documentan) las injusticias, las opresiones y las desigualdades generadas por el statu quo capitalista (patriarcal, ecocida y excluyente) y sus herramientas de sometimiento” y, aclaran, que los y las poetas seleccionados “han crecido mientras el colapso ecosocial comenzaba a hacerse ostensiblemente evidente” y “están escribiendo en un contexto poético alterado por la consolidación, a partir, de 2016, de la “poesía juvenil” o “poesía comercial”. Pero por otro, en el epílogo con que cierran el libro, concluyen opinando que, partiendo de la nueva coyuntura “que ha supuesto la virtualización de la realidad a través del ciberespacio y de las relaciones personales a través de las redes sociales”, y en un contexto poético marcado por la autorepresentación espectacularizada, la literatura del yo y una casi nula formulación desde y hacia lo colectivo”, los textos seleccionados, aunque su “su enunciación “sea desde dentro del conflicto social “que vertebra a la poesía de la conciencia crítica” muestran, de manera bastante sorprendente, “un nivel de beligerancia” un tanto tibio, en los que “todo espíritu de confrontación deriva en expresión de hastío y la indignación choca con los numerosos límites que el sistema fortifica” estando casi ausentes los posicionamientos críticos con la situación medioambiental si bien, en la mayoría de los poemas, están muy presentes la perspectiva feminista, el fuerte sentimiento de precariedad laboral y la doble condición de de migración y emigración de muchas circunstancias biográficas. Personalmente entiendo que esas tibiezas que de gran parte de los poemas se desprenden, deben ser puestas en relación tanto con el criterio de edad impuesto, (menos de 31 años) que obliga a leer los textos más como work in progress que como realidad poética ya sustantiva, como con la propia debilidad de la tradición de la poesía crítica en España siempre cuestionada o ninguneada desde los espacios de legitimación y homologación. Los antólogos se extrañan, por ejemplo, de la falta de referencias, entre las voces poéticas actuales, a la obra de sus más renombrados predecesores dentro de esa tradición. Valga sin embargo, recordar que en la historia de la poesía española, tan solo en la década de los 50, alrededor de lo que vino en llamarse la poesía social, se dieron las condiciones posibles para que una poesía de tal tipo, nacida en el contexto de la cultura de resistencia antifranquista, adquiriese densidad suficiente para construirse en tradición, por más que, en los años del postfranquismo, surgiese toda una poesía disidente, bien antologizada por el propio García-Teresa, en la que autores como Enrique Falcón, David González, Ana Pérez Cañamares, Ángeles Maeso, Jorge Riechman o María Eloy García lograron construir unas sólidas poéticas de crítica y confrontación.

Los textos de los más de treinta voces que la antología ofrece, parecen reflejar un estado de la joven poesía crítica que sin duda responden más a parámetros existenciales o morales que a los estrictamente políticos, siendo así que las consecuencias de la lucha de clases abordadas en los poemas, más que en lucha o combate devienen en queja o victimismo. Es decir, que su peso como tal poesía crítica es escaso aun dentro incluso de su propio campo. Y esto, su propia debilidad, es lo que, paradójicamente, parece dar sentido a la propia antología al evitar toda clase de euforia y al atreverse a ofrecer una propuesta que, desde sus propias carencias, nos advierte y avisa de que esa línea poética que la poseía crítica representa sigue estando presente por más que las condiciones de construcción y recepción poco tengan de favorables o felices. Leer estos poemas, leer a estas poetas y a estos poetas, requiere de los lectores y lectoras algo que toda lectura exige: saber que en un contexto sociocultural como el nuestro, la lectura tiende a resolverse como un acto individual y narcisista donde, frente a la crítica, prima la subjetividad del lector como individuo completo, ahistórico, autorreferencial. Un libro como este impide precisamente ese tipo de lectura. Ese es su valor. Y se agradece.

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