El reto de defender un futuro de paz y progreso para la humanidad

El intento de que la Guerra de Ucrania ayudara a los EE.UU. a configurar un bloque frente a Rusia y China ha fracasado. Los BRICS marcan otro camino
No a la guerra - Peace not war
Foto: Garry Knight / Dominio público

El ataque de Israel a la Embajada de Irán en Damasco, así como la respuesta de Irán lanzando un ataque con drones y misiles sobre objetivos del interior de Israel, suponen un paso más en la escalada belicista que sufre el planeta.

En un momento en el que la OTAN es incapaz de alcanzar una salida militar en la guerra de Ucrania, parece que la máxima tensión belicista se traslada a Oriente Medio. Allí, al genocidio que el Estado de Israel está cometiendo contra el pueblo palestino se suma ahora la posibilidad de “regionalizar” el conflicto con la confrontación entre Israel e Irán.

En el caso de estos dos países, nos encontramos ante dos regímenes cuyos elementos teocráticos tienen una mayor importancia que en otros Estados de la región. A decir verdad, esta escalada belicista juega en favor de quienes quieren llevar al mundo a un nuevo estado de Guerra Fría, con la comunidad internacional dividida en dos bloques de Estados enfrentados y desconectados entre sí.

En la agenda de desestabilización toca intentar tensionar al máximo conflictos regionales aún a riesgo de pasar de una “Guerra Fría” a una “Guerra Caliente”

El intento de que la Guerra de Ucrania ayudara a los EE.UU. a configurar un bloque frente a Rusia y China ha fracasado. Es así en la medida en que, salvo la UE, la mayoría de países (incluso aliados históricos de EE. UU.) se negaron a seguir la política de sanciones y desconexión contra Rusia y China. Además, un número cada vez mayor de Estados ven los BRICS+ como el futuro. Por eso, en la agenda de desestabilización toca ahora intentar tensionar al máximo conflictos regionales, aún a riesgo de que la situación pase de una “Guerra Fría” a una “Guerra Caliente” que ponga en peligro el futuro de la vida en el planeta, tal y como la conocemos.

Estamos ante un peligro real del que solamente una amplia movilización social, sindical y política puede librarnos, frenando esta barbarie

De esta manera, nuevamente, la guerra aparece como un instrumento de la política imperialista. Por ello, la defensa del multilateralismo y la lucha anti-imperialista son la lucha por la vida. En consecuencia, tenemos que ser capaces de llevar a los pueblos la idea de que estamos ante un peligro real del que solamente una amplia movilización social, sindical y política puede librarnos, frenando esta barbarie y abriendo paso a un futuro de paz y progreso para la humanidad.

Hay que ser capaces de demostrar cómo las consecuencias de la Guerra de Ucrania las estamos pagando de manera directa los pueblos europeos que sufrimos un aumento del coste de la vida, del paro y de la precariedad laboral. Por ejemplo, los agricultores que se movilizan deberían valorar cómo les ha perjudicado la pérdida del mercado ruso y la subida del precio de los carburantes, provocada por cambiar el gas y el petróleo rusos por el suministro de EE. UU.

En esta coyuntura, es necesario prepararse  para que —tras las elecciones de final de año en EE. UU., sea cual sea el ganador— se intensifique la política de injerencia de este país en el resto del planeta. Lo cual conllevará un aumento de la espiral belicista y armamentística de confrontación generalizada, con la intención de obligar a un cierre de filas en torno al bloque entre aquellos países que considera sus aliados y que ahora se sienten más beneficiados por un Orden Internacional Multilateral.

Impulsar el Movimiento por la paz para una seguridad integral

Por parte de la izquierda transformadora, es necesario afrontar una reflexión autocrítica para plantearse cómo salir de la actual situación de debilidad y división, para dedicar esfuerzos materiales y humanos a impulsar un «Movimiento por la Paz» que —al igual que ocurrió en otro momento de la Historia— sirva de referencia a la clase obrera y a las capas populares en la lucha antiimperialista.

Debemos llevar al conjunto de la sociedad el debate sobre la necesidad de construir un modelo de «Seguridad Integral», que entierre definitivamente las alianzas militares y permita la culminación de negociaciones multilaterales e internacionales de desarme. Especialmente, en el ámbito nuclear, incluida la reactivación del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), la prohibición de armas nucleares de alcance intermedio en el continente europeo y la firma por la UE del Tratado de Interdicción de Armas Nucleares de la ONU.

Por lo tanto, necesitamos avanzar hacia el fin del intervencionismo militar, hacia modelos de justicia social, hacia la justicia climática y hacia un sistema de seguridad desmilitarizado, basado en la prevención diplomática de los conflictos, la multilateralidad y el cumplimiento de la Carta de las Naciones Unidas.

En este relanzamiento del «Movimiento por la Paz» hay que caracterizar a la OTAN como lo que es realmente: una organización militar, brazo armado del imperialismo, que se convierte en el principal peligro para toda la humanidad.

La OTAN es la base de un sistema de seguridad multinacional que pretende asegurar la hegemonía del imperialismo, a costa de la seguridad en todo el planeta. Sistemáticamente, actúa en el escenario internacional infringiendo el mandato explícito de la Carta de las Naciones Unidas. Ello la convierte en la mayor amenaza para la paz, como han demostrado sus actuaciones en Yugoslavia, Iraq, Libia o Afganistán, que han generado desestabilización, destrucción y retrocesos en el pleno ejercicio de los derechos sociales y humanos de las personas en las zonas intervenidas.

En consecuencia, el reto de revitalizar el «Movimiento por la Paz», en defensa de la vida, parte de la convicción de que solo la construcción de un mundo multilateral, erigido desde el compromiso con la defensa y el respeto de los propósitos y principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas podrá asegurar y garantizar a las generaciones venideras la posibilidad de un futuro de paz y progreso, libre de los peligros actuales.

Enmienda a la totalidad del sistema capitalista

El reto es saber cómo dar la batalla contra una ofensiva de un imperialismo dispuesto a todo con tal de conseguir su objetivo. Una ofensiva en la que el capitalismo, en su afán por resolver sus crisis y frenar su declive, se plantea incluso acabar con el marco político de democracia “formal” (que, en su momento, le sirvió para expandirse y justificarse), evidenciando más que nunca que es un sistema incapaz de construir simultáneamente un orden económico  que conjugue la aplicación de los DD. HH. y una democracia plena. Lo que nos lleva a plantear que nuestra defensa de la paz se convierte en una enmienda a la totalidad del sistema capitalista en crisis, por la convicción en que esta crisis del capitalismo globalista nos arrastrará a una barbarie que ya asoma.

Desde este análisis, es necesario plantearse cómo ganar la batalla frente a enemigos tan poderosos como el capitalismo del siglo XXI —en su fase imperialista—, lo que debe Ilevarnos a los Partidos Comunistas a entender la necesidad de poner en marcha una eficaz política de alianzas sociales. Ya que, en este momento histórico, las fuerzas políticas y sociales que confrontan con el imperialismo (de manera muy especial, los Partidos Comunistas) tienen la responsabilidad de implicarse en la construcción de un gran movimiento mundial en defensa de la humanidad, de la independencia y soberanía de los pueblos en su derecho de poner los recursos naturales del planeta y sus riquezas al servicio de resolver los problemas de hambre, enfermedades, educación, vivienda, etc. Problemas que sufren todavía miles de millones de seres humanos. Hacer esto precisa de la más amplia alianza social y política de fuerzas antiimperialistas que nos sea posible, sabiendo jugar un papel “motor” dentro de esa alianza, para que sea capaz de ganar la batalla al capital en el terreno de juego real en que hoy se desarrolla la lucha de clases.

Se necesita audacia para desarrollar la estrategia que pueda hacer frente con éxito al capitalismo del siglo XXI en su fase imperialista

En este sentido, es necesario recuperar la mejor aportación de la política de Frentes Populares con la que la Internacional Comunista combatió al fascismo en la primera mitad del siglo XX. Es imprescindible no perder las referencias históricas y no abandonar el análisis marxista de la realidad. Tener más presentes que nunca las enseñanzas de Lenin y otros grandes revolucionarios y teóricos, porque hay capacidad política, militantes decididos, referentes internacionales. Lo que se necesita en este momento es audacia, convencimiento y sacar conclusiones de lo que está ocurriendo en el planeta para desarrollar la estrategia que pueda hacer frente con éxito al capitalismo del siglo XXI en su fase imperialista.

Tenemos que ser conscientes de que las fuerzas revolucionarias no tenemos el gran espacio que permita definir una respuesta colectiva al imperialismo que se aplique localmente, mientras que el capital tiene un plan para todo el planeta, mantiene instancias de elaboración conjunta y coordina sus acciones. De esta manera, es importante, necesario e imprescindible plantear niveles de relación, coordinación o simplemente intercambios de información y conocimiento de las fuerzas de izquierdas, progresistas o democráticas que luchan contra el imperialismo neoliberal en todo el planeta para conseguir abrir paso a una nueva sociedad, igualitaria y socialmente avanzada, es decir, una sociedad socialista que resuelva positivamente la disyuntiva que Rosa Luxemburgo nos planteó en su día (y que hoy está más viva que nunca): socialismo o barbarie.

(*) Presidente del PCE