Desde hace tiempo, el problema medioambiental y todo el discurso en torno a la defensa ecológica ha sido adoptado por ciudadanos, pero también por las empresas, incluidas las que no se caracterizan por la defensa del planeta, que han visto claro el negocio. Es lo que se ha venido en llamar “ecopostureo”, es decir, apuntarse al discurso medioambiental para mejorar la imagen, captar clientes y justificar así algunas tarifas o sobrecostes.
El año pasado el informe Monitor de Responsabilidad Climática Corporativa, elaborado por NewClimate Institute y Carbon Market Watch, señalaba que “las estrategias climáticas de la mayoría de las empresas están atascadas en compromisos ambiguos, planes de compensación que carecen de credibilidad” y programas que no contemplan todas las emisiones que genera cada multinacional.
La novedad ha surgido cuando ha sido la propia competencia empresarial la que ha llevado a los juzgados ese discurso oportunista que llega a ser considerado incluso fraudulento.
Lo que ha sucedido es que la eléctrica Iberdrola ha denunciado a la petrolera Repsol por competencia desleal por greenwashing, es decir, lavado de imagen verde realizado por las empresas.
En la querella, a lo largo de 107 páginas, la eléctrica detalla el modus operandi de la petrolera y le reprocha que se presente como “líder en la transición energética y que protege el medio ambiente” cuando “el 99,4 % de sus ingresos” proceden “de la producción y comercialización de energía no renovable”.
Llama la atención que este conflicto se esté dirimiendo en los juzgados y no en los órganos de regulación de la publicidad. También muestra la fundamentación de la denuncia que estaban clamando desde hace años los movimientos ecologistas, la diferencia es que no es lo mismo ir a los juzgados con los recursos y abogados de una organización ecologista que hacerlo con los recursos y abogados de Iberdrola.
El hecho también demuestra toda la hipocresía, negocio y farsa que hay en torno al discurso ecologista.
Muchas petroleras y gasistas anuncian supuestos planes de recorte de emisiones de efecto invernadero, pero en la práctica siguen ampliando la extracción y comercialización de hidrocarburos. El último informe sobre litigación climática elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y el Centro Sabin de la Universidad de Columbia (Nueva York) hace un repaso de las reclamaciones por lavado verde de imagen ante organismos regulatorios, como una campaña que tumbó la autoridad de la competencia italiana de un combustible diésel promocionado por la petrolera Eni.
Uno de los entes regulatorios más activos en este tipo de casos ha sido la Advertising Standards Authority del Reino Unido, que recientemente ha vetado varias campañas, también de combustibles supuestamente verdes de Shell, Petronas y de la propia Repsol.
La lucha contra el ecopostureo no se circunscribe solo a las compañías de combustibles fósiles. Un tribunal de Ámsterdam ha sentenciado contra la aerolínea holandesa KLM y la ha condenado por engañar a sus clientes con vagas afirmaciones medioambientales que no se ajustaban a la realidad.
La textil alemana Zalando tuvo que retirar de su página web varias menciones a sostenibilidad después de que la UE las tildase de “engañosas”.
En Dinamarca, varias ONG,s han demandado a una cooperativa agrícola, líder en la producción de carne de cerdo, por engañar a los consumidores al afirmar que su producción de carne tiene beneficios para la lucha contra el cambio climático.
Y por supuesto los bancos. Greenpeace denunció que el Banco Santander financia proyectos cárnicos en Brasil que contribuyen a la deforestación.
Otro informe de Stand.earth culpa también al Santander y además al BBVA de financiar la extracción de petróleo y gas en la Amazonia peruana.
En Australia, el banco HSBC ha recibido quejas ante el ente regulador de la publicidad por continuar invirtiendo en combustibles fósiles a pesar de publicitar una campaña de protección de la Gran Barrera de Coral.
Y en Europa se han presentado varias reclamaciones contra compañías de agua embotellada por presentar sus envases como 100 % reciclados.
Estamos, una vez más, ante esa capacidad del capitalismo de sacar beneficio de todo, incluso a costa de la mentira. Las mismas grandes empresas que se hicieron ricas contaminando el planeta, ahora logran seguir haciéndolo diciendo que lo están protegiendo.








