La muerte del Presidente de la República Islámica de Irán, Ebrahim Raisi, y del ministro de Asuntos Exteriores de su Gobierno, Hossein Amir Abdolhaian al precipitarse el helicóptero en el que viajaban sobre una zona abrupta y boscosa del noroeste del país iranio, a mediodía del domingo 19 de mayo, parece cargada de repercusiones geopolíticas. Y ello debido a que Irán figura entre los Estados del Cercano y Medio Oriente con mayor ascendiente geopolítico y militar en la zona, incendiada hoy por la guerra contra Palestina que protagoniza el Ejército de Israel en Gaza y Cisjordania.
Las autoridades iraníes no han detallado las causas de lo ocurrido. La aeronave en la que Ebrahim Rais, su ministro de Exteriores, su séquito y guardaespaldas viajaban entre Aserbayán e Irán era de modelo Bell 212, de fabricación canadiense y capacidad para 14 personas, entre tripulación y pasajeros. Procedía de Asarbayán, Estado vecino de Irán, donde Ebrahim Raisi acababa de inaugurar la presa hidroeléctrica de Quiz Qalasi sobre el río Aras junto con su homólogo azerí, el presidente de la República Ilham Aliev, en una zona fronteriza entre ambos países y cercana al mar Caspio.
Resulta significativo el hecho de que otros dos helicópteros iraníes de la misma clase, en los que viajaban dos ministros que acompañaron a Raisi a la inauguración de la presa, regresaran sin dificultad a Teherán y que tan solo fuera el del presidente de la República el que se abatiera sobre el suelo, con la muerte de sus ocho ocupantes. Informaciones iniciales destacaron que los grupos de rescate desplegados en la zona montañosa de Varzeqan, a unos 2.500 metros de altitud, donde sobrevino la caída de la nave, establecieron contacto telefónico con personas que viajaban el interior del helicóptero, hallado después completamente calcinado y sin supervivientes.
Ambos hechos despiertan ciertos recelos en medios y analistas políticos ya que sospechan que lo sucedido pudiera tratarse de un atentado de inducción interna o bien de algún Estado extranjero interesado en eliminar a Raisi. El Gobierno de Teherán mantiene contención al respecto y el Guía Supremo, Alí Jamenei, de 85 años, hizo un llamamiento a la calma antes de lamentar la muerte de Raisi, paisano y protegido político suyo, nacido en la ciudad nororiental Mashad hace 63 años. Raisi, que fue fiscal de Teherán, destacó como acusador de varios miles de opositores políticos y sindicales iraníes y como emisor de penas de muerte –se cifran en torno a 5.000– contra ellos durante las grandes purgas desplegadas en la década de 1980-1990, señaladamente en 1985 y 1988.
Asimismo, Raisi se singularizó durante la represión de las protestas populares desencadenadas tras la muerte en comisaría, en septiembre de 2022, de la joven kurda Masha Amini, detenida por la policía de costumbres sorollah, por llevar mal puesto el velo. En los disturbios consecutivos a lo largo del país, unas 600 personas murieron a manos de las fuerzas de policía y varios miles más fueron detenidos. Los juicios de algunos de los manifestantes se saldaron con la muerte de una decena de ellos por ahorcamiento. La desafección social y popular hacia el régimen registró un incremento sin precedentes.
Hipótesis: ¿magnicidio?
De confirmarse que la muerte de Raisi se trató de un atentado, las hipótesis más consistentes dirigen hacia Israel la inducción de lo sucedido. El grado de infiltración de sus servicios de inteligencia en Asarbayán y, sobre todo, en Irán es muy profundo, como denunció el ex presidente Ahmadineyad y se demostró en los asesinatos de varios científicos nucleares persas, al igual que en el ataque israelí con drones, operados desde el interior de Irán a mediados de abril, contra una base militar cuyo sistema de protección antiaérea daba cobertura a un centro nuclear iraní en las cercanías de la ciudad de Ispfahán. El ataque israelí, al que Teherán restó importancia, sobrevino tras el envío de 300 drones de Irán contra Israel en respuesta al bombardeo israelí del consulado persa en Damasco el 1 de abril, en el que murieron varios altos oficiales de la República Islámica de Irán.
De acuerdo con esta hipótesis, la supuesta aniquilación del presidente iraní Ebrahim Raisi guardaría relación con el asesinato en el aeropuerto de Bagdad, en enero de 2020, mediante un dron, del general Qassem Soleimaní, responsable supremo de las milicias Al Qods y de las fuerzas regulares e irregulares desplegadas por Irán en Líbano, Siria, Irak, con lazos estrechos con Hezbolláh libanés, y nexos con la organización político-militar islamista Hamas, que gobernaba en Gaza desde su victoria electoral en 2006. Soleimaní era considerado como potencial sucesor militar del anciano Guía Supremo de la República Islámica, Alí Jamenei, de 85 años, responsable de las Fuerzas Armadas y Guardia Revolucionaria, y Ebrahim Raisi, potencial heredero político suyo como presidente de la República.
La desaparición de ambos crea un vacío sucesorio en torno al Guía Supremo Sayed Alí Jamenei, cuya sucesión cercenaría, con la presumible lucha de facciones por hacerse con su legado de poder. Sería pues el momento en el que Israel, alertado por el posible acceso de Irán al arma nuclear como anunciara recientemente un exdiputado persa, podría aprovechar para desencadenar a partir de ahora una guerra regional.
Tal posibilidad, según analistas cualificados, arrasaría las expectativas de Joe Biden de ganar la reelección presidencial en Estados Unidos. Y ello habida cuenta de los efectos y conmociones geopolíticas que arrostraría esa extensión regional de la guerra en los precios del petróleo tras el presumible cierre por Irán del Estrecho de Ormuz, que controla, más las reacciones de los países vecinos como Arabia Saudí y Turquía; y, sobre todo, los riesgos de desestabilización de la zona que tanto Moscú como Pekín temerían en la hipotética iniciativa bélica de Israel, que considerarían negativamente como altamente explosiva. Tal ampliación regional de la hipotética guerra convertiría en casi imposible la victoria electoral de Biden y allanaría el acceso a la Casa Blanca de los republicanos y de Donald Trump, hoy mucho más en sintonía con Benjamín Nethanyahu, abiertamente enfrentado al presidente Biden.
En clave interna, la fragmentación de corrientes políticas desde dentro del régimen se acentúa paulatinamente, lo cual propicia el surgimiento de hipótesis similares a arreglos de cuentas entre las fuerzas intrarregimentales en liza, dado el rampante grado de corrupción entre algunos de los sectores enfrentados.
Empero, tanto en Israel como en Irán existen fuerzas dentro de sus respectivos regímenes contrarias a la confrontación militar directa, pese a los crecientes y mutuos cruces de discursos hostiles y amenazas.
Con todo, no se descarta que la caída del helicóptero presidencial haya podido ser debida a un fallo técnico, por errores de mantenimiento, hipótesis que los analistas geopolíticos consideran cada vez más improbable. En cualquier caso, la desaparición de Soleimani, por asesinato, y la de Raisi, por cualquier otra causa, debilita la estabilidad política e institucional de la República Islámica de Irán y acentúa su vulnerabilidad ante su principal adversario estatal en la zona.
Las autoridades iraníes tienen 50 días para convocar nuevas elecciones a la Presidencia de la República que, interinamente, ha asumido hasta entonces el vicepresidente Mahamad Mojber. La figura del primer ministro fue suprimida hace años en Irán dentro de una fronda política en el seno del régimen.







