Concluye la XIII Asamblea Federal de Izquierda Unida con la elección de Antonio Maíllo como coordinador federal, apoyado por un 78% de los miembros de la nueva coordinadora. Maíllo había vencido en las primarias celebradas durante la semana anterior, imponiéndose a las otras tres candidaturas con un 53,4% de los votos totales. Para los pocos que no le conozcan ya, en este número de Mundo Obrero se recoge una de las primeras entrevistas que ha concedido a un medio de comunicación tras la asamblea, lo que ya es una señal de lo en serio que se toma su militancia comunista.
Sin embargo, lo que realmente es destacable de todo el proceso asambleario ha sido la capacidad que ha tenido Izquierda Unida de demostrar que es una organización viva que cuenta con una militancia activa. Durante meses se han sucedido las asambleas para el debate de documentos, la campaña de cuatro candidatos, las primarias online y presenciales, contando estas últimas con decenas de interventores de cada una de las candidaturas que se han repartido por todo el territorio. Sin duda, quien ha ganado en este proceso ha sido el conjunto de la organización.
Aunque los titulares y las imágenes de portada las han ocupado las cabezas visibles de cada una de las listas, el centro de la discusión política lo han protagonizado los documentos a debate, siendo apoyado mayoritariamente el de “La izquierda que estuvo, está y estará”, en el que se referenciaba el actual coordinador federal. Nadie puede decir que no ha habido debate en esta asamblea, ni que se han dejado en el tintero algunas de las principales preocupaciones de la militancia de Izquierda Unida.
Si hubiera que destacar algunas de ellas serían, por un lado, la apuesta por el papel protagonista de Izquierda Unida en la construcción de un frente amplio capaz de disputar el voto de izquierdas en nuestro país y, por otro lado, la necesidad de hacer de IU un verdadero movimiento político social alejado de dinámicas partidistas o presidencialistas, así como de la tentación a la nostalgia melancólica que mira al pasado sin capacidad de pensar en clave de futuro.
La XIII Asamblea Federal concluye con un mensaje de fortaleza y de alegría de una organización que reclama que ha llegado su momento, avalada por los 8.350 militantes que han expresado su voto a alguna de sus candidaturas y con un candidato que reivindica la mejor tradición de Izquierda Unida.
En su discurso final, Antonio Maíllo tuvo la capacidad de tejer un hilo rojo desde Gerardo Iglesias a Alberto Garzón, pasando por Julio Anguita, Gaspar Llamazares y Cayo Lara. Simbólicamente expresa el cierre de un círculo y la apertura un nuevo ciclo en el que nada está escrito, más allá de la voluntad optimista expresada por el conjunto de la militancia.
En este empeño, ni un minuto de respiro. La carretera y manta que Maíllo ha defendido como el mejor método de trabajo para Izquierda Unida, ya está en marcha. Las elecciones europeas suponen una prueba de fuego no solo para la izquierda de nuestro país, sino para el conjunto de la democracia a nivel europeo. Como siempre, todos los pulsos en hora, desde el coordinador hasta el último militante de base, para conseguir los mejores resultados.








