El pasado 12 de mayo se celebraron las elecciones al Parlament de Catalunya después de que Pere Aragonés lo disolviera anticipadamente al no conseguir sacar adelante los Presupuestos para 2024. La participación del 57,97%, (6,7 puntos por encima de las elecciones de 2021 que se realizaron en contexto de pandemia), indica que los niveles vuelven a situarse en los años previos al procés, cuando oscilaban entre el 50% y el 60%.
Los resultados de las elecciones marcan el inicio de lo que se está llamando el postprocés, el retorno al escenario político previo al 2012, resituándose los ejes nacional y de clase, con prioridad del eje izquierda-derecha como marco del debate político. Así, y aupado mayormente por el hastío del procés y la voluntad “de pasar página”, el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) revalidó nuevamente ser la fuerza más votada, pero esta vez con 42 escaños (tenía 33).
Por otro lado, el gran perdedor de la noche electoral, fue ERC, que desde 2021 tenía la presidencia de la Generalitat, con el simbolismo de volver a tener un President después de más de 80 años. Han pasado de 33 a 20 escaños, quedando nuevamente por debajo de Junts (los herederos de la antigua Convergencia Democrática de Catalunya), que se han situado como segunda fuerza con 35 escaños (tenían 32). Perdiendo 200.000 votos, han pasado de quedar primeros en 248 municipios en 2021, a hacerlo en sólo 43. Una caída provocada por varios factores, a destacar una pésima gestión, sumado a la falta de determinación para solucionar los problemas reales de la sociedad catalana (una década de guerra de banderas ha provocado una gran dejación en todos los sectores sociales) lo que habría sido la única salida para superar la fragilidad de un gobierno en minoría.
En el espacio de la izquierda alternativa, la candidatura de Comuns-Sumar ha conseguido 6 escaños, con un leve descenso, perdiendo 2 diputados respecto a las anteriores elecciones. Aunque en la foto actual nos puede parecer “que se han salvado los muebles”, una panorámica nos hace ver cómo el espacio está en un descenso sostenido desde hace años, con el simbolismo añadido de haber perdido el diputado por Tarragona (antes fueron Girona y Lleida), como consecuencia de la fragilidad de un proyecto que requiere de una profunda reflexión, necesaria para volver a relanzarse como espacio de izquierdas, popular, plural y territorialmente arraigado.
Mientras, la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), ha pasado de 9 a 4 escaños, perdiendo más de la mitad de su electorado. Un resultado derivado de su compleja situación interna, también como síntoma del fin del procés.
En el ámbito de las derechas, vemos cómo el Partido Popular nuevamente ha recuperado su papel preponderante, consiguiendo 15 diputados (tenían 3), y reabsorbiendo los restos de Ciudadanos. Así, nuevamente, se certifica el cambio de ciclo político en el eje nacional, con la desaparición de la escena política el partido Ciudadanos, que con un irrisorio 0,72% de votos perdió los últimos 6 escaños que mantenía.
Desaparece, no sin dejar secuelas, ya que vemos como la consolidación y derechización de ese espacio político ha servido para que se nutriese la extrema derecha. Así, vemos cómo aún con la subida del PP, VOX ha mantenido los 11 diputados que ya tenía en las elecciones anteriores. Hay que destacar negativamente, la aparición de un nuevo partido de extrema derecha independentista e islamófoba, Aliança Catalana, que ha entrado en el Parlament con dos escaños (uno por Girona y otro por Lleida).
Aunque a simple vista este escenario situaría una posible mayoría de progreso, si se juntasen los escaños del PSC, ERC y Comuns (que llegarían a los 68 escaños necesarios para la mayoría absoluta), las peculiaridades derivadas de los resultados del pasado 12 de mayo puede que den lugar a otros pactos que pudieran parecer más confusos a simple vista como podría ser un gobierno en solitario del PSC con apoyos puntuales o una posible “sociovergencia”, el no tan improbable acuerdo entre el PSC y Junts.
O incluso, no deberíamos descartar una repetición electoral. En todo caso, el escenario está abierto, y a partir del 10 de junio, constitución del nuevo Parlament, se irá dibujando el escenario que tendremos por delante.







