Los ciclistas del Clarion

El periódico socialista inglés «The Clarion» aprovechó el auge de la bicicleta y de las ideas socialistas para crear un club ciclista con el que distribuir su periódico
Ciclistas y socialistas del Clarion
Clarion Cycling Club antes de su marcha a Barcelona, 1936

Ahora que andamos envueltos en el fango de bulos, fakes, y posverdad; ante la tesitura de qué hacer frente a ellos, para combatirlos, para eliminar sus consecuencias, me acuerdo de un periódico socialista inglés, The Clarion, fundado en 1891 en Mánchester. Recuerdo la divisa que esgrimía como guía de principios, decía: “sus redactores no escriben para facciones sino para el pueblo, no luchan por la victoria sino por la verdad, no quieren provocar sino convencer. Donde haya injusticia se rebelarán, no habrá perdón para la cobardía, el egoísmo y la corrupción”. Un lema que encierra muchas lecciones, sobre el valor y la importancia de prensa. Porque el problema de la corrupción, también de la informativa, está en el origen. Es cierto que necesita cómplices, es decir aquellos que se vendan para contar la mentira que les piden. Pero esto, en el capitalismo actual, donde es tan difícil sobrevivir, y hace falta tanto dinero porque todo está mercantilizado, es fácil de encontrar. Miles de gentes que muchas veces no tienen, no tenemos, otro recurso que aceptar, para seguir adelante. Es el ejército de reserva que tiene el capital según dijera Marx. O, como cantaba Leonard Cohen en una plasmación perfecta de esa teoría marxista llevada a la poesía, en su tema “En mi vida secreta”: Sonrío cuando estoy furioso/hago trampas, miento/ Hago lo que tengo que hacer/para continuar adelante/Pero yo sé lo que está mal/y sé lo que es correcto/Y moriría por la verdad/en mi vida secreta. Es así, el sistema nos obliga a que la verdad sea algo que refugiamos íntimamente, derrotada en la necesidad de supervivencia. Es decir, el mal está en el origen.

La reflexión sobre este asunto tan decisivo conduce al siguiente escalón. Si primero se trata de aislar el grano de la paja, el saber dónde está la verdad en la jungla de datos en la que nos movemos cada segundo del día; después se trata de cómo difundirla, cómo hacerla llegar a la gente, para evitar la hegemonía sobre ella de la mentira, lo que antaño llamábamos alineación. Y ahí nos situamos en el terreno de la difusión de las ideas, de la propaganda. Algo central para nosotros. Y en esto, aquel periódico también dio algunos ejemplos que vale la pena recordar.

A fines de 1880, poco antes del nacimiento del The Clarion, se produjeron en Gran Bretaña dos fenómenos paralelos, que proliferaron en los núcleos urbanos afectados por la revolución industrial: el auge de la bicicleta y de las ideas socialistas. La bicicleta fue un vehículo asequible que permitió al obrero un escape de las duras condiciones en las fábricas. La bicicleta le ofrecía la posibilidad de abandonar la ciudad después del trabajo, le otorgaba el poder de desplazarse sin necesidad de un vehículo a motor, tan escasos e inaccesibles entonces. Con la bici, el obrero, sin importar su pertenencia de clase, tenía una libertad de movimiento que dependía sólo de sus propias piernas, y que hasta entonces sólo tuvo la burguesía.

Ese periódico se dio cuenta de esto y alumbró un club ciclista. La fundación de ese club tenía dos objetivos: fomentar la vida saludable entre los trabajadores, y la propaganda, la extensión de su ideario socialista. Los ciclistas aprovechaban las excursiones domingueras que realizaban a poblaciones del entorno para vender el periódico. Ese germen de Mánchester se extendió pronto al resto de Gran Bretaña, donde proliferaron nuevas células, creándose un movimiento popular deportivo obrero alrededor de los clubes Clarion de cada ciudad. Un movimiento en el seno de la clase trabajadora, que, cuando vinieron los momentos duros de nuestra Guerra Civil, dio pie a que de entre sus filas salieran héroes que acudieron para ayudarnos. Y, ahora que la temporada ciclista llega a su momento álgido, conviene conocer.

Algunos ciclistas del Clarion habían llegado a Barcelona para participar en las Olimpiadas Populares. En la delegación deportiva británica había cinco corredores de los clubs Clarion. Cuando las Olimpiadas fueron suspendidas, regresaron a su país, pero, varios volvieron alistados en las Brigadas Internacionales. Combatiendo en las filas de las Brigadas, cuatro de esos ciclistas murieron en la Guerra Civil: Roy Watts, Raymond Cox, Tom Oldershaw, y Tom Durban.

Otra epopeya de los Clarion la escribieron los ciclistas Geoff Jackson y Ted Ward. Geoff fue otro de los representantes británicos en Barcelona. Ted y Geoff organizaron, en mayo del 38, un viaje en bicicleta desde Glasgow a Barcelona. Un grupo de ciclistas franceses los acompañó por su país hasta la frontera catalana. Donde se detenían para descansar, fuera en Gran Bretaña o en Francia, organizaban actos solidarios con la República, en los que recaudaban fondos para las víctimas infantiles de la guerra. Al llegar a Barcelona entregaron el dinero conseguido a las autoridades republicanas, que lo invirtieron en hospitales infantiles y escuelas, como los británicos pidieron. Así entendían el valor de la propaganda los del Clarion.

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