Hace 10 años se aprobaba en el Parlamento de Andalucía la ley trans, una normativa impulsada por Izquierda Unida junto a los propios colectivos de personas trans y que supuso un antes y un después en esta Comunidad Autónoma y una chispa que fue difundiéndose por el resto del país, consolidando derechos para este colectivo hasta la reciente aprobación de la ley estatal en la legislatura pasada.
Ley Integral para la No Discriminación por Motivos de Identidad de Género y Reconocimiento de los Derechos de las Personas Transexuales de Andalucía, es el nombre completo y oficial de esta normativa que vio la luz en 2014. Con motivo de esta efemérides, el Grupo Parlamentario Por Andalucía (compuesto por diputados y diputadas de Izquierda Unida, Podemos y Más País) organizó el pasado lunes un acto para celebrar la aprobación de dicha ley junto a la Asociación de Transexuales de Andalucía (ATA). La cámara andaluza volvió a acoger a los y las protagonistas de aquel trabajo legislativo, a representantes institucionales, sindicales y a familias que han visto cómo ha cambiado sus vidas tras la aprobación de la ley.
Decíamos que supuso un antes y un después porque fue la primera ley en Europa que despatologizaba la transexualidad (que dejaba de considerarla una enfermedad y que no obligaba a las personas trans a ser “diagnosticadas” por un psiquiatra) y que reconocía el derecho a la autodeterminación del género (garantizando el reconocimiento y el libre desarrollo de la personalidad en base al género libremente determinado). En 2014 sólo había dos regiones en el mundo que reconocían estos derechos: Argentina y Andalucía. Tras la aprobación de la ley andaluza, se fueron sucediendo otras leyes autonómicas y reformas de leyes ya existentes para “sortear” la, entonces vigente, ley estatal que obligaba a un diagnóstico de disforia de género y a un tratamiento hormonal de al menos dos años para reconocer el género de las personas trans.
En el acto participaron las ponentes de la ley en aquella legislatura: Alba Doblas por IU, Soledad Pérez por el PSOE y Esperanza Oña por el PP. Aunque pueda sonar extraño una representante popular en el acto, máxime con los retrocesos discursivos y legislativos que actualmente llevan el sello PP, hay que recordar que la ley fue aprobada por unanimidad. Y en ese hecho se hizo especial hincapié durante todo el acto, la importancia del consenso y la unanimidad para que la ley trans no fuera una ley de una mayoría parlamentaria (PSOE e IU formaban por entonces un gobierno de coalición) sino una ley del conjunto del Parlamento de Andalucía: fue un empeño de IU, del PSOE y de la propia Asociación de Transexuales de Andalucía la búsqueda del apoyo del PP sin que supusiera ningún tipo de recorte o retroceso.

También intervino en el acto Antonio Maíllo, profesor, exdiputado andaluz y actual coordinador de Izquierda Unida, deteniéndose en cómo ha cambiado la vida de los y las jóvenes trans en colegios e institutos frente al “pasado armarizado” y destacando la importancia de la Ley Trans en un contexto de plena crisis socioeconómica (austeridad impuesta por la UE, recortes, desahucios…), donde no se relegaron los derechos de las personas trans a un segundo lugar por no ser prioritarios y es que la salida de cualquier crisis también implica el reconocimiento y el avance de los derechos sociales.
Pero esta ley no hubiera sido posible sin el impulso de las propias personas trans y es ahí donde el papel de Mar Cambrollé, presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía, toma un cariz protagonista. Con sus palabras se cerró el acto, recordando que no fue un proceso fácil e incidiendo en la importancia de la participación y de la movilización mantenida para lograr los objetivos, ni los derechos caen del cielo, ni la aprobación de una ley supone el reconocimiento de sus avances de forma automática.
Mirando diez años atrás y deteniéndonos en los avances de esta década, queda claro que los derechos de las personas trans se escribieron y se escriben con acento andaluz.







