Reseña de “Menuda papeleta, cómo entretenerse durante un domingo electoral” de François Bégaudeau

Crítica de la razón electoral

Votación. Urna
Foto: assemblee-nationale.fr

En los tiempos que nos ha tocado vivir, tras las elecciones europeas, el advenimiento de la nueva extrema derecha y el nacimiento y resultados del nuevo Frente Popular en Francia, el libro del filósofo y cineasta francés François Bégaudeau, donde critica y rechaza abiertamente la opción electoral, es un verdadero jarro de agua fría. Especialmente para los militantes que dedicamos tiempo, energía y parte de nuestra salud a intentar que las campañas electorales en las que participa nuestro partido obtengan los mejores resultados posibles en términos de votos. Aun así, es interesante y relevante considerar algunos de los argumentos que plantea.

Periódicamente, casi con la misma frecuencia que las convocatorias electorales, surgen voces críticas sobre el sentido profundo del voto en las elecciones. Estos debates no siempre provienen de la izquierda más libertaria; de hecho, recientemente en nuestro país, aunque con poco impacto, se popularizó la campaña #Yonovoto, impulsada por reconocidos youtubers de extrema derecha. Aunque en la última convocatoria electoral fueron engullidos por el fenómeno Alvise, este movimiento, a partir de una crítica populista libertaria, proponía un sistema mayoritario por distritos uninominales, muy parecido al francés en la práctica, y (aquí viene la trampa) la no financiación pública de los partidos políticos, considerados el origen de todos los males que aquejan a España.

MENUDA PAPELETA
Cómo entretenerse durante un domingo electoral

François Bégaudeau
Errata Naturae, 2024

El libro que tenemos entre manos es una lúcida crítica no del sistema electoral, sino del hecho de participar en él, es decir, del voto. Coincidiendo con la idea principal que expone: la democracia no debe ser únicamente votar cada cuatro años (o menos), existen algunas matizaciones o críticas que debemos plantearnos. En primer lugar, y aquí hemos de reconocer la honestidad del autor, está el cómodo lugar desde el que nos habla: “el que los demás voten es lo que permite que yo me abstenga”, afirma, reconociendo que ante una situación excepcional, como la posible llegada del fascismo al gobierno, la movilización republicana lo evitará.

Evidentemente, es muy importante, a la hora de “cambiar las cosas”, la movilización popular, la creación de estructuras de base, el apoyo mutuo y la solidaridad en nuestros barrios y pueblos. Pero, ¿es solo esto suficiente? En nuestro país, la experiencia del ciclo político que estamos cerrando, que nació el 15 de marzo de 2011, nos da respuestas agridulces. No se entiende el fenómeno de Unidas Podemos (y todo lo que vino después, gobierno progresista incluido) sin el movimiento de las acampadas. Pero, al mismo tiempo, una de las principales debilidades del nuevo sujeto político surgido de él ha sido, precisamente, la falta de democracia y estructuras territoriales de base (con la honrosa excepción de Izquierda Unida).

Otras aportaciones interesantes del libro son su reflexión sobre la imposibilidad del mandato imperativo y la separación que esto provoca entre electores y representantes. Entender el voto como un acto ciego de confianza hacia los representantes políticos que lo administrarán arbitrariamente. O, por otro lado, el sentido “mudo” del voto una vez introducido en la urna. No hay votos “críticos” o matizables ya que no existe un vínculo que una al votante y el voto.

En definitiva, podemos estar de acuerdo con la idea de que votar cada cuatro años está muy alejado de la idea de la política y de la democracia como el espacio ideal donde resolvemos los conflictos provocados por la interdependencia intrínseca a vivir en sociedad. En este sentido, para el autor, votar es otra cosa: es consumir en un mercado electoral dominado por las grandes marcas y que, como el mercado capitalista, nunca es realmente un “libre mercado”. La democracia, en este sentido, está más relacionada con la deliberación, con la creación colectiva de soluciones a problemas comunes y a la vida comunitaria.

En situaciones como las que vivimos a día de hoy, renunciar al voto es una boutade y una temeridad, pero sigue siendo igual de cierto que salir, como indica el autor, tal que vampiros, cada cuatro años de nuestros ataúdes a votar (aunque sea por el partido más de izquierdas posible), tampoco va a solucionar los graves problemas que viven nuestras sociedades. Por tanto, y es una de las ideas que ha reforzado la lectura de la obra, es necesario fortalecer la comunidad que sustenta nuestra opción política, y esto implica la creación de estructuras comunitarias de base. Porque, como bien hemos aprendido estos años, hacer una buena oferta electoral, con la mejor candidata, no es suficiente; construir una engrasada máquina de guerra electoral no es suficiente. La fuerza del partido, como la del viejo bolchevique, está en las masas, y en ellas y junto con ellas es donde hay que construir la unidad, la hegemonía y, solo así, acumular la fuerza suficiente para, un domingo futuro, votar y ganar dentro y fuera de las urnas.

(*) Responsable de estudios y programa del PCA y profesor de Ciencias Políticas