“Nunca tantos ateos habían acudido a las iglesias como en los años sesenta y setenta”.
Francisco Fernández Hoyos, autor de La cárcel concordataria de Zamora: una prisión para curas en la España franquista
Allá por septiembre del 2023, a raíz del fallecimiento de Mariano Gamo, publicamos en Mundo Obrero una columna titulada “Mariano y otros cristianos ateos”, en la que recordábamos la peripecia vital del histórico sacerdote marxista y, de paso, poníamos el foco en la relevancia que tuvo el movimiento de los llamados “curas obreros”. Fue en la etapa preparatoria y de documentación de aquel artículo cuando supe de la cárcel concordataria de Zamora, esto es, una prisión que existió durante el régimen franquista, en la que se encarceló a sacerdotes y religiosos condenados por mostrar empatía y afinidad con el movimiento obrero, la lucha antifranquista o la realidad diversa de las regiones de España.
Por la cárcel para curas de Zamora pasaron un centenar de clérigos rojos entre 1968 y 1975. Eran curas obreros, entre ellos García Salve, fundador de Comisiones Obreras
Esta singular institución autorizada por Franco abrió sus puertas el 22 de julio de 1968, destacando como el único penal en el mundo específicamente diseñado para curas. Fue Alberto Gabikagogeaskoa, coadjutor de Ibárruri, el primer recluso encerrado durante aquel verano. En realidad, la concordataria era un pabellón de la cárcel provincial de Zamora, habilitado expresamente para tal función. Una pared lo separaba del resto de pabellones, donde vivían otros presos, tanto comunes como políticos. El edificio estaba situado a unos dos kilómetros a las afueras de la ciudad, por la carretera de Portugal. La prisión tenía una capacidad para más de cincuenta personas y, en total, por sus instalaciones pasaron alrededor de un centenar de curas. Muchos eran guipuzcuanos y vizcaínos, como Xabier Amuriza, posteriormente conocido como bertsolari y promotor de la lengua vasca, aunque también los había procedentes de Madrid (Mariano Gamo, cura de Nuestra Señora de Moratalaz, y el jesuita obrero y fundador del sindicato Comisiones Obreras, Francisco García Salve), Cataluña (Francisco Botey, Lluis Ma Xirinachs) y de otras regiones, como Galicia (Vicente Couco, de la parroquia de Santa Marina del Ferrol) y Asturias (Carlos García Huelga, cura obrero de Jarreda que trabajaba de minero).
Los últimos religiosos llegarían en 1972, si bien hasta 1975 la concordataria continuó en plena actividad, aunque en unas condiciones bastante penosas pues era un recinto pequeño donde no se podía hacer deporte ni había biblioteca, con unos inviernos heladores. Una de las víctimas, el exsacerdote Juan Mari Zulaika, ha recordado «sufrimos juicios sumarísimos y torturas en las comisarías», todo ello con la intención de aislar a los»curas rojos»del resto de presos políticos para «reprimirnos con igual o mayor saña». Esa cárcel especial se materializó «retorciendo las bases del Concordato con el Vaticano», que «se plegó al dictador una vez más». La denominación de “concordataria”hace referencia al Concordato entre Estado y Vaticano que se firmó en 1951, en pleno franquismo, pero que continúa esencialmente vigente para mantener en pie los privilegios de la Iglesia Católica en un Estado aconfesional… Hablamos por tanto de un episodio que se remonta a la Guerra Civil y que permitió el encarcelamiento como presos políticos a sacerdotes privados del derecho a oficiar misa, se les juzgó y condenó a penas de entre 10 y 12 años de cárcel por secundar huelgas obreras, repartir panfletos o ceder sus parroquias para reuniones clandestinas.
El magnífico trabajo, La cárcel concordataria de Zamora: una prisión para curas en la España franquista, de Francisco Fernández Hoyos, se abre con el siguiente párrafo: “La escena tiene algo de surrealista: un grupo de sacerdotes celebra la eucaristía en una prisión en la que todos cumplen condena. Uno de ellos, el sacristán, guarda un poco del vino de la misa para más tarde premiar con él a los que ganen un campeonato de dominó. ¿Quiénes eran estos curas? ¿Por qué les habían privado de libertad? Paradójicamente, el régimen de Franco, que tanto poder había concedido a la Iglesia, acabó sus días persiguiendo sacerdotes. Los más díscolos fueron a parar a un penal, la cárcel concordataria de Zamora, reservada especialmente para el clero. Ni siquiera países oficialmente ateos como los del bloque comunista, anticlericales por definición, llegaron a tanto”.








