A unas semanas de la muerte de Alberto Fujimori, desde Mundo Obrero hablamos con Aída García Naranjo, educadora, autora feminista y política de izquierdas. «Mocha», conocedora como pocas del pasado y presente peruano fue ministra de la Mujer y Desarrollo Social durante el Gobierno de Ollanta Humala y embajadora en Uruguay desde 2012 hasta 2014. Procedente del Partido Socialista, en la actualidad, trabaja activamente dentro del movimiento Nuevo Perú, liderado por Verónika Mendoza. A pesar de su cargada agenda, Aída atiende amable y puntualmente nuestra llamada, a través de la que nos acerca la actualidad peruana.
Mundo Obrero: La primera es obligada: ¿Cómo ha vivido Perú la muerte y entierro, con todo tipo de honores, de Alberto Fujimori?
Aída García: Se ha visto con mucho malestar desde amplios sectores. ¿Por qué? Porque pudiendo haber sido un acto estrictamente privado, en relación a sus familiares, se convirtió en un hecho político. La familia Fujimori lo convirtió en un mitin político, en una forma de expresión absolutamente pública a toda la población, lo cual generó, por supuesto, muchísimo malestar. Se hicieron exequias oficiales de parte del Gobierno de Dina Boluarte, cuando no es lo que corresponde a un gobierno no democrático, como fueron los de Fujimori. Eso, efectivamente, exacerbó los ánimos, porque se imponía a la población como entierro de Estado, como acto público en Palacio de Gobierno, con los honores que se le rinden a un presidente.
Se volvió a polarizar a la población, con los adeptos acudiendo al Museo de la Nación, donde se realizó el velatorio; y luego al Palacio de Gobierno, en donde se celebraron actos fúnebres oficiales que, por supuesto, hemos rechazado. Y no te hablo sólo desde una posición de la propia izquierda, el malestar se ha producido en todo ese gran movimiento nacional que es el antifujimorismo, en el que además de sectores de izquierda hay sectores de centro, liberales, antidictatoriales…
M.O.: Un rechazo que va, entonces, más allá de las posiciones de izquierda.
A.G.: En estos últimos 25 años el Perú ha vivido un proceso de antifujimorismo que se ha expresado en tres frases: “Fujimori nunca más”, “No a Keiko” y “Keiko, no”. Consignas que, incluso, se convierten en movimientos orgánicos. El ‘antifujimorismo’ fue una expresión política en Perú desde el 2000 hasta el 2024. Esos años se votaba por el mal menor, en general. Y ese «mal menor» fue un componente gigantesco del antifujimorismo. Eso ha sido muy perjudicial para la política peruana, porque no ha permitido la aparición de nuevas opciones asertivas, afirmativas, sino básicamente de rechazo a la dictadura de Fujimori.
M.O.: ¿Cómo se puede entender que se dé honores oficiales a un presidente que se pasó 15 años en la cárcel, tras ser condenado a 25?
A.G.: Es una situación inaudita, inaceptable, es un acto de provocación y expresa la alianza entre Dina Boluarte y Keiko Fujimori, con el fujimorismo en su conjunto, que hoy día es la primera fuerza minoritaria del Congreso de la República, con el partido Fuerza Popular. A ellos se ha unido una derecha conservadora, una derecha retrógrada, una derecha antiderechos, una derecha antigénero y una derecha, efectivamente que comete, digamos también, todo tipo de afectación a la democracia, a sus instrucciones, al Estado de Derecho y a la propia Constitución fujimorista.
Fujimori, efectivamente, fue condenado a 25 años de prisión. Estuvo con detención domiciliaria dos años y luego cumplió una condena solo de 16 años. Sin embargo, el malestar se genera porque es un hombre que no ha pedido perdón, no ha pagado las reparaciones y ha salido con un indulto ilegal considerado, digamos, arbitrario.
«El ‘antifujimorismo’ fue una expresión política en Perú desde el 2000 hasta el 2024. Esos años se votaba por el mal menor, en general. En ese ‘antifujimorismo’, además de sectores de izquierda había sectores de centro, liberales, antidictatoriales…»
M.O.: Porque hay que recordar que, a pesar de todos los delitos cometidos, el Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski concedió en 2017 un indulto a Fujimori, que además confirmó el Tribunal Constitucional.
A.G.: Un indulto ilegal, trucho, como se le dice acá, utilizando una palabra más popular. Fujimori está considerado una persona que violó los derechos humano, está considerado como un asesino y como responsable de los asesinatos de los estudiantes y el profesor de la Cantuta, que fueron secuestrados, que fueron desaparecidos, que fueron torturados, que fueron descuartizados, que fueron quemados… Fujimori es el responsable del nefasto Grupo Colina, como se le conoce. Luego está el asesinato de Barrios Altos, en donde se asesinan a 25 personas, de ellas un niño menor de edad.
También es importante saber que no estuvo detenido solamente por esos dos casos. Nosotros tenemos un Fujimori no solamente asesino, nosotros tenemos un Fujimori ladrón. Él mismo declara: “sí, fuimos corruptos”. Fue corrupto, entregó 15 millones de dólares a Montesinos para comprar su silencio y para mandarlo al exterior. En el juicio público, que superó largamente el año transmitido en directo por televisión, se constataron 200 millones de dólares depositados en Suiza. Está considerado el presidente más corrupto del Perú en toda la historia republicana.
M.O.: Y si siguiera con vida, le habrían quedado por afrontar muchos más juicios….
A.G.: Solo se le ha podido juzgar por aquellos juicios que se incluyeron en el expediente de extradición desde Chile a Perú. Sin embargo, hay orden de nuevos juicios: el de las esterilizaciones forzadas, el juicio de Pativilca en donde se asesinan a diferentes campesinos… y otros juicios que están pendientes de ser juzgados, que nosotros demandamos que se mantengan y que se produzcan hasta que se encuentren reparaciones a las víctimas.

«Sabemos que Fujimori mandó esterilizar a las mujeres más pobres del Perú. Esto es en Anta, esto es en el Cuzco, esto es en el Ayavaca, esto es en Piura… como una forma de reducción de la pobreza»
M.O.: Uno de los más llamativos, el que comentas de las esterilizaciones masivas de mujeres. Se habla de más de 200.000 víctimas…
A.G.: Sabemos que Fujimori mandó esterilizar a las mujeres más pobres del Perú. Esto es en Anta, esto es en el Cuzco, esto es en el Ayavaca, esto es en Piura… como una forma de reducción de la pobreza. Es decir, él quería en términos de población mostrar índices menores de pobreza. Para eso se necesitara que las mujeres no dieran a luz hijos y, por supuesto, se esterilizó masivamente a las mujeres. En toda la la serranía peruana. No se hizo con la clase media, no se hizo con los sectores A y B, se hizo con los sectores de las mujeres más pobres. También se hizo con varones, se hizo vasectomía a más de 50.000 varones, ofreciendo arados, picos, palas, semillas… es decir, una forma de hacer dependientes a varones pobres que necesitaban esos instrumentos para la agricultura.
M.O.: La muerte le llega un 11 de septiembre, fecha en la que tenía uno de esos juicios…
A.G.: Efectivamente, el juicio por la masacre de Pativilca. Fujimori se tuvo que presentar a juicio. Lo hizo su abogado para rendir cuentas, porque si bien es cierto que estaba formalmente en libertad, con una libertad ilegal, estaba siendo procesado aún y el mismo día 11 era la rendición de cuentas de su propio abogado, que es el primero en anunciar su muerte. La familia Fujimori mintió de principio a fin: no quería anunciar su muerte porque no quería que este deceso apareciera el 11 de septiembre, que es el mismo día en que murió su símil, el responsable de Sendero, Abimael Guzmán. Que además muere exactamente a la misma edad de 86 años.
«Fujimori no es el que derrota el terrorismo de Sendero, son las rondas campesinas en todo el país, aliadas con las Fuerzas Armadas»
M.O.: Dos figuras que han marcado la historia reciente de Perú.
A.G.: Dos figuras que, indudablemente, son nefastas para el Perú. Fujimori es presentado como la antítesis de Abimael Guzmán, antítesis que debemos decir desde la izquierda no debiera producirse, porque Fujimori no es el que derrota el terrorismo. Son las rondas campesinas en todo el país, por supuesto aliadas con las Fuerzas Armadas, estrategia que se había definido antes del inicio de la gestión de Fujimori. Y Fujimori, por su puesto, el día de la captura no está con las Fuerzas Armadas ni con las rondas campesinas: está pescando en Iquitos.
M.O.: Volviendo a los juicios, este mismo año se ha aprobado una ley en el Congreso peruano que permite la prescripción de los delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos antes de 2002.
A.G.: Este Congreso, que tiene una minoría parlamentaria fujimorista y que tiene una alianza de Gobierno absolutamente conservadora, ha aprobado una ley que en el Perú se conoce como la ley de impunidad, ley que están rechazando todos los organismos internacionales y, por supuesto, los peruanos que trabajamos en las diferentes áreas políticas y derechos humanos. Esto permite a las personas que están presas a exculparlos de sus delitos hasta el periodo del 2002. Pone en libertad a todos los socios de Fujimori y a todas las personas responsables de crímenes de la dictadura. Y, por supuesto, deja sin justicia a miles de personas.
M.O.: De ese nefasto fujimorismo ¿qué queda hoy en el Perú?
A.G.: El legado de Fujimori se ha venido sistemáticamente reduciendo. Es por eso que Keiko Fujimori en las elecciones del 2011, del 2016 y del 2021 ha sido derrotada por lo que yo llamo la fuerza del antifujimorismo, que ha ido, como hemos dicho, más allá de la izquierda y que ha incorporado a otros sectores democráticos antidictaduras. La última votación que Keiko obtiene es del 13%. Esa votación del 13% que compite contra el profesor Pedro Castillo Serrones, que obtiene un poco más del 18%. Son los que pasan a la segunda vuelta, y al pasar a la segunda vuelta hay un alineamiento de las fuerzas de la derecha y de las fuerzas de izquierda democrática, populares, progresistas, antidictadura y antifujimoristas. Esto lleva a un triunfo de Pedro Casillo sobre Keiko Fujimori y ella es derrotada. Derrotada con un 49%, un margen de triunfo reducido, eso sí.
«Sigue habiendo un fujimorismo, pero reducido, porque la derecha no quiere ir con Keiko a la cuarta derrota presidencial y construye candidatos alternativos»
En un momento dado, Keiko se viste de Harvard. Cuando decimos ella se viste de Harvard, queremos decir que ella busca diferenciarse del albertismo, entendiendo que no solamente se habían cometido errores, sino que se habían cometido delitos. Esto la lleva en 2021 como candidata, con una cifra superior al 10%. Es decir, no estamos ante un fujimorismo que se fortalece, estamos ante un fujimorismo que se debilita. Y el balance que hace la derecha y el fujimorismo, ya debilitado, es que el haber pasado del fujimorismo original al fujimorismo de Harvard es lo que la lleva a la derrota y, por lo tanto, ella tiene que restablecer su regulación con los seguidores de Alberto Fujimori, lo que llamamos albertismo. Es por ello que se amista con su padre y su padre se afilia a su partido. La estrategia consiste en que, fallecido el padre, ella herede esa fuerza que en 2021 la castigó y que no le otorgó el voto que sí tuvo antes Alberto Fujimori.
Por lo tanto, sigue habiendo un fujimorismo, pero reducido, porque la derecha no quiere ir con Keiko a la cuarta derrota presidencial y construye candidatos alternativos.
M.O.: Tampoco se puede obviar que Alberto Fujimori ganó entre 1990 y 2000 tres elecciones presidenciales seguidas . ¿Dónde radicaba su éxito?
A.G.: Hay que entenderlo desde varios aspectos. Yo he señalado que el rol de las rondas campesinas fue fundamental para la derrota del terrorismo, pero, en resumen, el terrorismo es derrotado durante el periodo y el mandato de Fujimori al frente también de las Fuerzas Armadas. Luego está el tema de las privatizaciones. Los fondos de la privatización fueron gigantescos, porque Fujimori liquida la totalidad de la riqueza y propiedad del Estado peruano. Cuando produce la privatización, esto le da ingentes recursos como para hacer lo que sería la obligación de todos los presidentes: colegios, cosas médicas, carreteras, infraestructura en general para producir reactivación económica y mejoras en el conjunto de necesidades que tenía el país.
«Después de 30 años de ese proceso neoliberal que impone el fujimorismo, hemos tenido 300.000 muertos de covid y, hoy día, tenemos 300.000 familias afectadas con dengue»
Efectivamente, Fujimori entró con un programa económico ultraliberal y antiinflacionista que se vendió como un auténtico éxito.
Perú es un país pobre, en donde hasta ahora tenemos brecha de infraestructura en las escuelas, en la educación, en la salud… Tenemos que recordar que, después de 30 años de ese proceso neoliberal que impone el fujimorismo, hemos tenido 300.000 muertos de covid y, hoy día, tenemos 300.000 familias afectadas con dengue.
A Fujimori, esa inversión de la privatización le da ingentes recursos. Indudablemente nos saca de la hiperinflación en la que nos había dejado Alan García, que es una de las hiperinflaciones más significativas que el mundo occidental conoce en toda su historia.
También hay que tener en cuenta que esa década fue importante en términos económicos por el alto precio de nuestros metales y minerales. El Perú tiene un modelo ultraextractivista y nunca el precio de las exportaciones había sido tan alto. Y al haber privatizado todos los hidrocarburos, todas las minas, esto genera una reactivación en las familias más poderosas de la economía peruana que viven de la agricultura y de los hidrocarburos, se les conoce como los dueños del Perú hace muchísimos años. De ahí viene la alianza de Alberto Fujimori con los sectores de derecha.
M.O.: Unas políticas extremas que supo, además, vender al ciudadano de a pié…
A.G.: Hay que apuntar también el componente clientelista del fujimorismo: la extensión de las ollas comunes de los mercados, las entregas de alimentos, las dádivas que se convierten en generalizadas.. Y también el hecho de que es un presidente que recorre hacia el último rincón del país. Todo esto generó una clientela electoral, una ciudadanía que estuvo convencida de lo que decían los medios de comunicación, porque recordemos que los medios fueron comprados con grandes cantidades. Y esto está documentado en los juicios. A la prensa nacional se le llamó la prensa geisha porque acompañaba a Fujimori en cualquier movimiento que hacía en el último rincón del país.
Había una publicidad acorde, habían canciones acordes a su campaña, había una maquinaria publicitaria que exacerbaba la entrega de una posta médica que era obligación del Estado. La entrega de un colegio que era obligación del Estado… Esa visita a la última comunidad del Perú que, efectivamente, no la hicieron otros presidentes y que mostraba a un Fujimori más cercano a la población. En sus memorias, incluso, se llegó a definir como una persona que simpatizaba con izquierda. Y por supuesto que Fujimori venía de sectores empobrecidos. No venía de la clase alta, no venía de la oligarquía, no venía de la burguesía… Acá al japonés se le valora como una persona trabajadora, porque recordemos que los japoneses y los chinos vienen a reemplazar a los esclavos y por lo tanto fueron una mano de obra del pueblo. Y a Fujimori se le veía como cercano al pueblo.
Además, tampoco venía de las Fuerzas Armadas, sino que era un profesor de la Universidad Agraria, que estaba vinculada al trabajo del campo. De hecho, su campaña es en un tractor y no en un Rolls-Royce o un Mercedes. Esos factores son los que conforman ese fujimorismo popular, esa derecha populista frente a la derecha lobista que Perú estaba acostumbrada a ver.
M.O.: Para ir acabando, y mirando ya a ese «postfujimorismo» y a las elecciones presidenciales de 2026, ¿qué movimientos se están dando en la izquierda peruana?
A.G.: Como en Europa, en el Perú avanza un movimiento conservador, ultraconservador y de ultraderecha. No es quien tiene la mayoría en el Congreso, es quien tiene la mayoría en la economía, la que tiene la simpatía de las Fuerzas Armadas y las fuerzas policiales, el que tiene el control mayoritario de los medios de comunicación. Es decir, hay factores de confrontación, de absoluta desigualdad en esta contienda electoral que será en menos de dos años. En el caso de la izquierda, podemos decir que en estos años está teniendo una trayectoria significativa de avance frente a lo que es el fujimorismo y frente a esas fuerzas conservadoras.
Verónika Mendoza llegó en tercer lugar a las elecciones del 2016, es decir, el orden de esa votación fue Pedro Pablo Kuczynski, Keiko Fujimori y Verónica Mendoza. En 2021 quedó como la segunda fuerza de la izquierda, tras Pedro Castillo, quien finalmente ganaría las elecciones presidenciales. En ese momento se daba un escenario de alta fragmentación, no solamente en las fuerzas políticas de la izquierda, sino del conjunto de los sectores de centro y de la derecha.
M.O.: Se vivió entonces, en 2022, la destitución de Pedro Castillo, todo un shock y un reto para los partidos de izquierda.
A.G.: Desde la destitución, la izquierda en general ha defendido tres grandes consignas: adelanto de elecciones, fuera Dina Boluarte y que se vayan todos. También es verdad que, sin embargo, hay un sector de la izquierda en la estrategia de reposición del presidente Castillo. Yo creo que esa consigna era inviable. También piensan así otras fuerzas de la izquierda. Es inviable luchar por la reposición porque la derecha no va a poner en libertad a Pedro Castillo en este periodo. Ni siquiera ha empezado el juicio y está encarcelado.
«Buscamos un frente electoral mayor en donde el movimiento Nuevo Perú no vaya solo a la contienda electoral, sino en alianza con otros partidos, con organizaciones regionales a las que se le está impidiendo competir y con movimientos sociales»
Entonces estamos ante una izquierda dividida en diferentes sectores y con dos tácticas diferenciadas: una de adelanto a elecciones y otra de restitución del expresidente. Esto, efectivamente, ha dificultado una unidad mayor. Sin embargo, se avanza a niveles de coordinación entre diferentes fuerzas políticas.
Por un lado, nosotros estamos en estos momentos buscando la constitución de una coalición democrática muy amplia que enfrente a la coalición autoritaria que hoy día gobierna. Y por otra parte, buscamos un frente electoral mayor en donde el movimiento Nuevo Perú no vaya solo a la contienda electoral, sino en alianza con otros partidos, con organizaciones regionales a las que se le está impidiendo competir y con movimientos sociales.
Es una tarea de gran envergadura que no está rematada, que está más bien en un proceso y en una fase pujante, importante, significativa, porque varias fuerzas de izquierda han logrado inscribirse. Por ejemplo, el Partido Comunista del Perú ‘Patria Roja’ ha logrado inscribirse a través del Partido de los Trabajadores y Emprendedores que reúne a trabajadores municipales, a trabajadores estatales, a informales, lo que acá se le llama trabajadores por cuenta propia o autoempleados. Y, por supuesto, hay un sector que votó por Pedro Castillo de manera significativa con los que también hay que hacer alianzas importantes.
Esta alianza para nosotros no solamente es entre partidos inscritos (hasta ahora, ya hay 38 partidos inscritos para las elecciones de 2026), sino con movimientos regionales y sociales. El tiempo es corto porque las alianzas en el Perú se cierran el 15 de julio de 2025. El fujimorismo, a la cabeza de la Comisión de Constitución, ha logrado ese cierre de plazos para tener claro cuál es la totalidad de partidos políticos inscritos y quiénes serán sus candidatos para buscar y liquidarlos uno a uno: como acá se dice, pasarlos por el molino de carne y matarlos a periodicazos.
M.O.: A pesar de todo esto, ¿podemos ser optimistas con este nuevo proceso de alianzas populares previsto para 2026?
A.G.: Hay que tener en cuenta que hay un sector que jamás volverá a votar por las clases dominantes que estuvieron en el pasado. No podemos ignorar que Pedro Castillo representó un antes y un después de la política peruana: se obtuvieron 8.800.000 votos en total, algo sin precedentes en la historia nacional. Como decimos en el Perú, estamos dispuestos siempre a ser de los que creen, de los que afirman, de los que tienen fe y, por supuesto, a ganar, a dar la batalla siempre y a poner por delante esos triunfos que durante muchísimos años hemos tenido, también derrotando a la dictadura desde el 2000 hasta el 2021.
M.O.: Muchas gracias, Aida, y esperamos noticias de todos esos movimientos populares.
A.G.: Un abrazo y recordar, para despedirme, una frase de uno de nuestros más grandes historiadores, Jorge Basadre: el Perú es un problema, pero el Perú también es una posibilidad.







