Son más de trescientos diseminados a lo largo y ancho del territorio español, en función de la ubicación de sus mayores cuencas hidrográficas. Más de trescientos. Belvís del Jarama (Madrid), San Isidro de Albatera (Alicante), Vegaviana (Cáceres), Las Marinas (Almería), Miraelrío (Jaén), Cañada de Agra (Albacete), Villalba de Calatrava (Ciudad Real), Poble Nou del Delta (Tarragona), Valuengo (Badajoz), El Temple (Huesca), El Torno (Cádiz), Marismillas (Sevilla), Alberche del Caudillo (Toledo), El Bayo (Zaragoza), La Vereda (Guadalajara), Águeda (Salamanca), Villafranco del Guadalhorce (Málaga)… Y así hasta, como mínimo, trescientos. Trescientos pueblos nuevos o poblados de colonización.
La editorial La Caja Books ha concedido su I Premio de No Ficción al proyecto presentado por Marta Armingol y Laureano Debat, cuya culminación ha sido este Colonización. Historias de los pueblos sin historia, el ensayo que, bajo el sello de dicha editorial, salió en mayo de este año y cuyo propósito es cartografiar, para sacar a la luz, una parcela de la historia opacada (olvidada): la de los pueblos sin historia, o cuya historia arranca en 1939 con la creación del llamado Instituto Nacional de Colonización, dentro del Ministerio de Agricultura franquista. ¿Su propósito? Grosso modo, conseguir los niveles alimenticios básicos para la población, para lo cual (1) construirá asentamientos de la nada (pueblos nuevos) donde ubicará a buena parte de los jornaleros y braceros sin trabajo y a sus respectivas familias, y a los que cederá un lote compuesto por casa, animales, instrumentos de labranza y parcela de tierra; y (2) transformará el secano mediante la creación de regadíos para ampliar la superficie del terreno cultivable y aumentar la producción.

Colonización. Historias de los pueblos sin historia
Marta Armingol y Laureano Debat
La Caja Books, 2024.
El texto se divide en ocho capítulos de extensión dispar más un epílogo. El primero es una suerte de introducción, en tanto que el resto se detiene, cada uno, en distintos aspectos relacionados con el tema abordado. Así, “De viaje al patrimonio desconocido” se centra, por ejemplo, en el diseño urbanístico y ornamental de los pueblos, mientras que “Primeras personas” y “Colonas” hacen justicia al subtítulo del libro cediendo el protagonismo a los individuos que habitaron (y habitan) los pueblos nuevos. Aquí, sus voces (testimonio: vivencias, recuerdos, violencia) inundan páginas repletas de historias de vida marcadas por el desarraigo y la explotación, pero también, y en no pocos casos, por el agradecimiento y el orgullo. Mención aparte merece el capítulo que lleva por título “Teoría de la memoria”, pues en él aparecen varias cuestiones, creo, relevantes: de un lado, la construcción del canal de los Presos (canal del Bajo Guadalquivir) o del canal Bajo de Alberche, destinados al regadío de hectáreas y hectáreas y hectáreas de secano; del otro, el Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas, que dotó de baratísima mano de obra al régimen para la realización de obras públicas (esto es, pueblos de colonización, presas hidráulicas, canales y acequias…). En otras palabras: la historia de trabajos forzados que corre paralela a la de los pueblos de colonización, presos políticos obligados a trabajar en condiciones miserables a cambio de reducciones de condena. Pero no solo eso: también colonos recién llegados cuya labor de limpieza de la parcela concedida llena capazos de cráneos y huesos humanos. Se entiende, ¿verdad? En efecto: pueblos de colonización levantados sobre fosas y/o campos de concentración.
La labor de documentación realizada por los autores a todas luces loable: nombres, fechas y cifras (aunque no dejen de insistir justamente en la falta de documentos oficiales al respecto del fenómeno estudiado), pero también explicaciones detalladas, entrevistas y un apartado bibliográfico que es todo un regalo. Sin embargo, cuidado: este no es un libro académico, sino una especie de crónica, en muchas partes, de viaje; un texto salpicado de alguna que otra dosis de ficción y articulado mediante un lenguaje informativo que es claro y directo, sin ornamentos, pero por momentos también narrativo.
He leído Colonización meses después de haberme topado con —y devorado— la novela Paisaje nacional, de Millanes Rivas, y de haber visitado la exposición del Museo ICO de Madrid comisariada por Ana Amado y Andrés Patiño, “Pueblos de colonización. Miradas a un paisaje inventado”. ¿Casualidad? No lo sé, pero en cualquier caso brindo por este ensayo y por la constelación que parece estar conformándose en el cielo de lo que ha sido el mayor proyecto de intervención en el paisaje rural español hasta la fecha.







