La manifestación contra la especulación inmobiliaria saldrá a las 11:30h desde la Plaza de la Merced de la capital

El 9 de noviembre, Málaga se para

Málaga para Vivir sale a las calles de Málaga el próximo sábado, 9 de noviembre, para reeditar una manifestación masiva de denuncia de los alquileres abusivos, la destrucción del territorio y la precariedad laboral
Málaga para vivir, no para sobrevivir

«También hay malagueños que pueden pagar los pisos sin hipotecas, no todos son pobres». Esta contestación por parte de la concejala de Urbanismo del Ayuntamiento de Málaga, Carmen Casero, a la interpelación sobre la situación de la vivienda que hizo la portavoz de Con Málaga, Toni Morillas, es, probablemente, uno de los ejemplos más útiles para entender lo alejadísimo que está el Partido Popular de la realidad que viven, día a día, decenas de miles de malagueñas y malagueños.

Esa distancia con la ciudadanía es compartida también por Moreno Bonilla, un presidente de la Junta de Andalucía al que la confrontación con el Gobierno central le lleva a no aplicar una ley de vivienda que, si bien no es la solución a todos los males, sí podría, al menos, aliviar la situación que viven miles de familias.

Pero no solo puede ponerse el foco en un Partido Popular que casi parece disfrutar del presente distópico que sus políticas han creado. También cabe señalar a la ministra socialista de Vivienda, Isabel Rodríguez, que tiene como gran estrategia política pedir «solidaridad a los propietarios para bajar el precio de los alquileres».

Así las cosas, con estos mimbres, ¿qué podría salir mal?. Pues básicamente lo mismo que lleva saliendo mal desde que el bipartidismo entendió que la vivienda no es un derecho sino un bien de mercado con el que se puede especular y sacar beneficio. O mejor dicho: un bien de mercado del que unos pocos sacan un gran beneficio. Que no nos hablen de la Constitución quienes escogen los artículos que han de cumplirse y los que no y que siempre dejan en el segundo grupo los artículos 47 y 128.

Los datos de la situación de la vivienda son sencillamente apabullantes: un precio medio de la vivienda en alquiler que se sitúa en los 14,2 €/m2, el número de viviendas de uso turístico alcanzando las más de 44.000 en la provincia, un porcentaje de salario dedicado a la vivienda que supera el 40% y un largo etcétera de cifras y porcentajes que pueden encontrarse en cualquier análisis que ya se ha publicado. Pero más descorazonadores que los datos son los casos concretos, esos que tienen que ver con el día a día, con la realidad que se vive en las clases populares de esta ciudad. Casos concretos que ponen sobre la mesa que cada vez son más las estudiantes que no pueden acceder a la universidad porque es imposible encontrar, no ya una vivienda, sino una habitación. O aquellas docentes o sanitarias que tampoco pueden validar su plaza porque, aun habiéndola conseguido, la imposibilidad de acceso a la vivienda les obliga a renunciar a ella. O quienes viven en un estrés continuo ante la incertidumbre que da no saber si el mes que viene sufrirán una subida tan disparatada en su alquiler que su salud mental se quiebra, cuando no la física. De casos concretos también hay un largo etcétera.

En definitiva, Málaga vive en un paraíso neoliberal que no solo afecta a la subida del precio del alquiler sino que, además, obliga a su clase trabajadora a lidiar con esto mientras ve cómo la precariedad laboral la come por dentro y cómo se destruye su territorio. Málaga lleva años convertida en una ciudad escaparate que expulsa a las vecinas en un claro ejercicio de sustitución social como hemos visto en El Perchel y, en breve, veremos en Lagunillas, barrios históricos de esta ciudad donde las excavadoras comienzan a derruir lo que antes era barrio, lo que antes era vivienda residencial, lo que antes era el hogar de las familias.

Málaga se ha convertido en un territorio prácticamente inhabitable, con multitud de megaproyectos urbanísticos como los del Monte San Antón o Churriana, donde si seguimos mirando rascacielos dejaremos de ver el bosque y donde la sequía cada vez es más acuciante y se piden restricciones a las familias mientras se riegan campos de golf y la turistificación despilfarra miles y miles de litros de agua. Málaga pierde su identidad a pasos agigantados. Málaga está dejando de ser Málaga.

Pero este paraíso liberal solo lo es para unos pocos y la ciudadanía de Málaga no solo lo sabe, sino que se organiza. Lo sabe porque el monocultivo del turismo lleva a gran parte de la población a la precariedad que exige un modelo productivo centrado en la temporalidad con una tasa del 57% y en la pérdida de poder adquisitivo (un 12% de 2008 a 2022) que la erige en la séptima provincia de España con la renta media por persona más baja, al no alcanzar siquiera los 11.000€.

Todos estos datos, todas estas experiencias concretas fueron lo que provocó que el pasado 29J salieran a la calle más de 25.000 personas reclamando una Málaga para vivir y no para sobrevivir. Una movilización histórica que atendía al modelo de ciudad y que ha sido el germen de un movimiento maduro, responsable y con futuro como es el que hoy encarna Málaga para Vivir y que viene trabajando en lo que volverá a ser, a buen seguro, otra manifestación histórica el próximo 9N.

—Un movimiento maduro porque bebe de un trabajo a fuego lento desde hace más de un año.

—Un movimiento responsable porque es consciente de que la fuerza que pueda tener dependerá de la implicación de la ciudadanía, de las vecinas y vecinos. De esa reflexión han nacido las cuatro asambleas de barrio (Ciudad Jardín, La Luz, Huelin y El Palo) y las dos universitarias (Campus de Teatinos y Campus de El Ejido) que se han celebrado con una asistencia más que satisfactoria y en las que las protagonistas han sido las vecinas y las estudiantes.

—Un movimiento con futuro porque no solo tiene voluntad de crecer sino que sabe que la movilización del 9N es solo el principio.

Y aquí cabe volver a hacerse la misma pregunta que antes: con estos mimbres, ¿qué podría salir mal? Pues básicamente nada, porque Málaga llevaba mucho tiempo demandando ese espacio de organización colectiva capaz de tejer comunidad, de imaginar un futuro distinto y con la convicción de salir a la calle a conquistarlo. Sabemos que será difícil, largo, duro, agotador, pero también sabemos que tenemos energía más que suficiente, que juntas será más sencillo alcanzarlo y que Málaga lo necesita.

Dicho lo dicho, apúntense en la agenda el 9 de noviembre porque miles de malagueñas y malagueños saldremos a la calle para volver a parar nuestra ciudad. Esto acaba de empezar.

(*) Responsable del Área Ideológica del PCE Málaga

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