El gobierno de Joe Biden ha dado un paso controvertido en el conflicto ucraniano al autorizar el uso de misiles de largo alcance por parte del ejército ucraniano. La decisión, revelada por el New York Times el 17 de noviembre, permite a Ucrania utilizar los Army Tactical Missile Systems (ATACMS), con un alcance de hasta 300 kilómetros, lo que podría cambiar significativamente el equilibrio en el frente de batalla. Estos misiles, hasta ahora restringidos por Estados Unidos debido a su potencial para alcanzar territorio ruso, han sido solicitados por Kiev durante meses para atacar posiciones estratégicas del ejército ruso en regiones como Kursk.
La decisión del presidente Biden responde a la creciente cooperación militar entre Rusia y Corea del Norte, que ha enviado alrededor de 10.000 soldados a apoyar a Moscú en la región de Kursk. Sin embargo, expertos y analistas han advertido que el uso de misiles de largo alcance por parte de Ucrania podría provocar una escalada peligrosa en el conflicto. El Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Estados Unidos, estima que los ATACMS permitirían atacar más de 200 instalaciones militares rusas, un movimiento que podría ser interpretado por Moscú como una agresión directa de la OTAN.
Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, fue tajante en su reacción: «El uso de misiles de largo alcance en territorio ruso es una provocación que agrava la situación y echa gasolina al fuego». La respuesta rusa, según advierten analistas, podría ir más allá de un aumento de las hostilidades en el campo de batalla e involucrar ataques directos a infraestructuras críticas de los países que apoyan a Ucrania, aumentando el riesgo de una extensión del conflicto más allá de sus fronteras actuales.
La autorización de misiles de largo alcance rompe un tabú entre los aliados occidentales de Ucrania. Hasta ahora, países como Alemania y Francia se han negado a proporcionar armamento con capacidad para atacar profundamente en territorio ruso, precisamente para evitar una posible respuesta desproporcionada por parte de Moscú. Alemania, que ha sido el segundo mayor proveedor de ayuda militar a Ucrania, ha rechazado repetidamente suministrar los misiles Taurus solicitados por Kiev, argumentando el riesgo de escalada.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha sido cauto en sus declaraciones, señalando que estos nuevos misiles «hablarán por sí mismos», pero la reticencia de sus aliados europeos sugiere un temor compartido: el de una posible reacción en cadena que desencadene una guerra abierta entre Rusia y los países de la OTAN.
Incluso en Estados Unidos, la decisión de Biden ha generado debate. John Hardy, investigador de la Foundation for Defense of Democracies, reconoce que permitir a Ucrania atacar objetivos de alta prioridad en Rusia podría mejorar la posición de Kiev en eventuales negociaciones. Sin embargo, advierte que el riesgo de represalias rusas podría superar cualquier ventaja táctica, poniendo en jaque la seguridad de los países occidentales involucrados en el apoyo a Ucrania.
El riesgo de una escalada nuclear
El presidente ruso, Vladímir Putin, ha aludido en repetidas ocasiones a la posibilidad de un conflicto nuclear si percibe que la integridad territorial de Rusia está bajo amenaza directa. Aunque estas amenazas han sido desestimadas por algunos como mera retórica, la autorización de misiles de largo alcance por parte de Estados Unidos podría interpretarse como una señal de que Occidente está dispuesto a cruzar líneas previamente marcadas, aumentando el riesgo de un conflicto más amplio y destructivo.
En un contexto de tensiones crecientes, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca añade un elemento de incertidumbre. Trump, conocido por su enfoque aislacionista y sus críticas a la implicación de Estados Unidos en conflictos extranjeros, podría revertir la política de Biden, reduciendo el apoyo militar a Ucrania o condicionándolo a la fabricación de armamento en países aliados. Esta posibilidad genera dudas sobre la continuidad de la estrategia estadounidense y plantea interrogantes sobre el futuro del conflicto.
El cambio de postura de Estados Unidos podría influir en otros aliados, como Reino Unido, que ya ha suministrado misiles Storm Shadow y SCALP a Ucrania. Sin embargo, la resistencia de países como Alemania subraya una preocupación compartida por la escalada del conflicto y la posibilidad de que una confrontación directa con Rusia involucre a toda la OTAN. Mientras algunos ven en la decisión de Biden una respuesta necesaria para equilibrar el apoyo militar de Corea del Norte a Rusia, otros temen que este paso arriesgado pueda desencadenar una espiral de violencia incontrolable.
En este delicado equilibrio, la comunidad internacional observa con preocupación si la autorización de misiles de largo alcance será el detonante de una nueva fase de la guerra, con consecuencias nefastas para la clase trabajadora.







