El fabricante de electrodomésticos BSH ha anunciado este lunes el cierre de su planta en la localidad navarra de Esquíroz, una factoría en la que trabajan unos 660 trabajadores, unos 500 en producción y el resto en oficinas.
Buena parte de los empleados se han enterado de la noticia bien por la prensa bien por el correo electrónico que ha enviado la multinacional, que hasta ahora fabricaba frigoríficos y lavavajillas compactos en la planta navarra. Como han adelantado desde la dirección empresarial, la intención es cerrar toda la actividad “en un plazo de seis meses”. Será entonces, en junio, cuando tiene previsto negociar el ERE para el despido de su plantilla, compuesta por 655 personas.
Para justificar el cierre, BSH asegura que la fábrica de Esquíroz ha dejado de ser “competitiva” en la producción de electrodomésticos “a pesar de las numerosas medidas de mejora realizada”.
Además de esta fábrica, BSH dispone en Navarra de un centro de almacenaje en Villatuerta y de un centro de servicios corporativos de IT en Huarte. Cabe recordar que el centro de Villatuerta, en la zona de Tierra-Estella, ya sufrió hace ahora diez años el desmantelamiento de su planta de producción, lo que hizo desaparecer un centenar de puestos de trabajo. Antes, en 2004, fue otra planta navarra de BSH, la situada en Etxarri Aranatz, la que cerró, finiquitando por entonces 159 empleos.
A pesar de la importancia de la noticia y del impacto que ha producido en el mundo laboral navarro, este anuncio no ha sido del todo sorpresivo, ya que en los últimos meses el comité de empresa de BSH Esquíroz venía advirtiendo de la grave situación que estaba padeciendo la planta desde hace ya más de una de década, ante la pérdida paulatina de inversiones, de planes industriales y de carga de trabajo.
Aunque la dirección justificaba esta bajada de producción en el descenso de la demanda en el mercado, los sindicatos han señalado en varias ocasiones que esta situación se veía acrecentada por la decisión de deslocalizar parte del producto a otros centros. Más concretamente a las plantas que la multinacional tiene en Polonia o Turquía, donde las condiciones laborales y los salarios son mucho más favorables para el gran capital que representa esta compañía.
De hecho, según han dado a conocer los sindicatos, la plantilla se encuentra actualmente con ERTE hasta el 31 de enero del 2025, ante una supuesta caída de demanda de lavavajillas en el mercado mundial.
El grupo alemán BSH es uno de los principales fabricantes de electrodomésticos del mundo y cuenta con más de 60.000 personas empleadas y 38 plantas de fabricación. Entre sus marcas se encuentran Bosch, Siemens y Gaggenau, además de la española Balay. En 2023, su facturación ascendió a 14.890 millones de euros. En España, emplea a 4.210 personas y tiene cinco plantas, localizadas en Cantabria, Navarra y Aragón, donde actualmente tiene su sede central.
Viene ahora un tiempo de negociaciones no solo para salvar los puestos de trabajo sino también para intentar lograr la continuidad a la empresa en tierras navarras. Así lo han destacado tanto el Gobierno Foral como algunos de los sindicatos del comité de empresa, que comienzan ahora asambleas y reuniones para aprobar los próximos pasos a seguir en defensa de los puestos de trabajo.
A la espera de un análisis más profundo, desde el PCE-EPK en Navarra han querido mostrar todo su “apoyo y solidaridad” a los y las trabajadora de BSH Esquíroz, denunciando que, una vez más, el gran capital, auspiciado por las políticas ultraliberales de la Unión Europea, utiliza la deslocalización para aumentar sus beneficios a costa de la clase trabajadora, que por una parte ve cómo desaparecen fábricas y por otra cómo tiene que aguantar condiciones labores precarias allí donde se llevan la producción industrial.
Frente a este modelo, desde el Partido Comunista urgen a crear un plan industrial impulsado por el sector público que garantice la soberanía productiva, la creación de empleo de calidad y la toma de decisiones desde órganos democráticos cercanos.







