Alemania y las elecciones federales: el 23F vuelve la derecha

La victoria democristiana de la CDU se da por segura, así como el segundo puesto de la extrema-derecha de AfD. Solo falta saber qué coalición gobernará y qué será de la izquierda
Friedrich Merz | Foto: Steffen Prößdorf (Wikimedia Commons).
Friedrich Merz | Foto: Steffen Prößdorf (Wikimedia Commons)

Que Friedrich Merz, candidato de los democristianos de CDU, va a ser el próximo canciller de Alemania, nadie lo duda. El partido de Merkel, Kohl y Adenauer volverá al poder cuatro años después de que el SPD renaciera y Scholz le arrebatara la victoria a Laschet. La CDU lidera las encuestas con el 30-35% y una ventaja de más de 10 puntos sobre el segundo partido, la ultraderecha de AfD que, ya sin careta, defiende abiertamente posiciones neonazis y se acerca al 20% en las encuestas.

Por detrás, los dos partidos grandes del actual gobierno de coalición “semáforo”. Los socialdemócratas, de nuevo con Olaf Scholz como candidato, luchan por superar el 15%, su peor resultado desde 1887. Los Verdes, con el actual ministro de Economía y Clima Robert Habeck como candidato, podrían revalidar su 14% de votos de 2021 en el mejor de los casos y tras una legislatura en la que han traicionado todos sus principios fundacionales y se han escorado hacia la derecha. De hecho, si se pregunta qué coalición de Gobierno puede haber tras el 23F, no sería de extrañar que sea una coalición negra-verde (CDU-Verdes). El propio líder de la CDU, Merz, ha dicho que no le importaría seguir teniendo a Habeck como ministro de Economía en su gabinete.

En los vagones de cola todo es incertidumbre. Por un lado, el socio menor de Gobierno, los liberales del FDP, cae por debajo de la temida barrera del 5% tras forzar durante meses que la coalición reventara. No pinta mucho mejor para todo lo que en 2021 fue el espacio de la izquierda, Die Linke. A finales de 2023 Sahra Wageknecht y varios diputados más de Die Linke fundaron BSW (Alianza Sahra Wagenknecht en sus siglas alemanas), un proyecto de “izquierda conservadora” (en palabras de su líder), que ha cosechado muy buenos resultados electorales en las elecciones europeas, de Turingia, Sajonia y Brandeburgo. Sin embargo, las encuestas la asoman también a la barrera del 5%, algo que hace meses se daba por hecho que superarían. Su programa antimigración y anclado en la nostalgia de “los buenos viejos tiempos” de la Alemania industrial parece que se va agotando a medida que entran en los parlamentos y se dan de la mano, sin problemas, con la CDU. Eso, y un partido vacío de militantes hace que se le esté haciendo larga la campaña electoral.

Die Linke no se encuentra mejor. La escisión y las peleas internas han hecho mella. Tras el entusiasmo de su último congreso federal en octubre de 2024, en el que se eligió a Jan van Aken e Ines Schwerdtner como líderes, a los pocos días en Berlín estallaba el siguiente cisma, esta vez del lado reformista y pro-Israel, acusando al partido de “antisemitismo”. Crisis tras crisis, Die Linke se mueve en las encuestas entre el 3-4% y se encomienda a los mandatos directos. En Alemania existe un sistema combinado de proporcionalidad absoluta (número de escaños en función del porcentaje siempre que se supere el 5%) y de casi 300 circunscripciones que se eligen por voto directo y cuyos vencedores tienen que entrar en los grupos parlamentarios de sus correspondientes partidos. La forma de romper la barrera del 5% es conseguir tres mandatos directos, como le pasó a Die Linke en 2021 con su 4,9% y tres mandatos directos (dos en Berlín, uno en Leipzig). Así, Die Linke se ha encomendado a la “Mission Silberlocke” (“misión edad de oro”), para que el eterno Gregor Gysi en Berlín-Treptow-Köpenick, el expresidente de Turingia Bodo Ramelow en Erfurt y el veterano Dietmar Bartsch en Rostock entren en el Bundestag. Este objetivo es irreal. Bartsch no ha ganado nunca su mandato en Rostock y Ramelow va a tener que pelearlo. Por eso la mirada se vuelve a Sajonia, para que Pellmann vuelva de nuevo a salvar al partido desde Leipzig II, donde en las elecciones regionales de Sajonia en septiembre Die Linke también consiguió mandatos directos con Nam Duy Nguyen y Jule Nagel. Con menos probabilidades Ines Schwerdtner en Berlín-Lichtenberg y casi nulas Maximilian Schirmer en Berlín-Pankow y Ferat Kocak en Berlín-Neukölln.

Se vive en Die Linke una sensación ambivalente. En el último año el partido ha crecido un 20% de militantes aproximadamente (de 50.000 a 60.000 miembros grosso modo), especialmente en las zonas urbanas, y se respira una nueva energía que no compagina con lo que dicen las encuestas. No es descabellado que el partido más a la izquierda en el próximo Bundestag sea el SPD y que Die Linke se quede fuera (BSW coquetea con la derecha y no entra en la ecuación, y Los Verdes abandonaron la izquierda hace tiempo). Esto sería un drama en la sede central de la Karl-Liebknecht-Haus en Berlín no solo para el partido, sino también para la supervivencia de la Fundación Rosa Luxemburgo, cuyos fondos dependen de los resultados electorales de Die Linke.

Las consecuencias de una travesía por el desierto son incalculables. Si la nueva militancia aguanta el embate, Die Linke tendrá un futuro y será cuestión de tiempo volver a ganar espacio en una sociedad alemana que, más allá de cada partido y sus resultados, se ha derechizado por la vía rápida. Si una debacle electoral conlleva a que miles de militantes se den de baja y las estructuras se vacían, podríamos estar ante una posible disolución del partido. Es por eso, por lo que internamente ahora el partido se prepara para todos los escenarios posibles.

(*) IU Berlín – Die Linke Steglitz-Zehlendorf.

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