El abismo del olvido

Un cómic devastador y desasosegante… que no te deja indiferente; que nos habla de la necesidad de recuperar la memoria de los miles de víctimas del franquismo
Libro "El abismo del olvido"
EL ABISMO DEL OLVIDO
Paco Roca (dibujo y guion) / Rodrigo Terrasa (guion y epílogo), 298 páginas.
Astiberri, 2023.

Paco Roca (València, 1969) estudió en la Escuela de Arte Superior de Diseño de Valencia. Aunque su trabajo se centra en los cómics, compagina su tiempo con la ilustración, las charlas y talleres. En el terreno de los cómics, su obra se ha traducido en una docena de países. Entre su bibliografía publicada por Astiberri destacan: El juego lúgubre; El faro; Arrugas; Las calles de arena; El invierno del dibujante; Memorias de un dibujante en pijama; Los surcos del azar; La casa; La encrucijada; El tesoro del cisne negro; Regreso al edén y El abismo del olvido, su último cómic. Sus cómics han sido galardonados dentro y fuera de España con, entre otros, el premio nacional del cómic 2008 y el Goya al Mejor Guion Adaptado en 2011, ambos por Arrugas; el Excellence Award de Japón, el Inkpot Award en la comic-con de San Diego en 2019 o el Eisner 2020 a la Mejor Obra Extranjera. Paco Roca ha recibido la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2021 del Ministerio de Cultura del Gobierno de España y en mayo de 2023 le concedieron el Premio al Mérito Cultural Ciutat de València. Paco Roca es uno de nuestros mejores autores, posee una gran experiencia y es un auténtico especialista en el cómic memorialista.

Rodrigo Terrasa (València, 1978) es periodista del Diario El Mundo desde hace 22 años. Su afición por el baloncesto hizo que su primer trabajo como periodista fuera en el diario deportivo Superdeporte, desde el cual hizo el salto en 2001 a la Delegación de El Mundo en València. Ha firmado crónicas deportivas, entrevistas, información política y reportajes. En 2007 empezó a trabajar en la edición digital del periódico y en 2015 se trasladó a la redacción central a Madrid. En la actualidad es reportero de Papel, la revista diaria de El Mundo. En 2021 publicó su primer libro, La ciudad de la euforia (Libros del K.O.), una crónica periodística sobre los años de corrupción en la Comunidad Valenciana.

El cómic se compone de 16 capítulos, y arranca de una manera muy creativa y acertada, dejando muy claro desde el primer momento la dureza de esta historia y la indignación que provoca. Sus protagonistas principales son José Celda Beneyto, preso franquista fusilado el 14 de septiembre de 1940, 532 días después de finalizada la Guerra Civil; Manuela, su mujer y madre de Pepica; Leoncio Badía, preso republicano obligado a “enterrar a los suyos” y Pepica Celda, hija de José Celda.

José Celda Beneyto era un afiliado a Izquierda Republicana, detenido por la acusación del Morret, personaje siniestro, falangista, delator y responsable de la muerte y prisión de innumerables vecinos y vecinas. Le acusan de la detención y asesinato de varios vecinos, de tratar de detener al propio Morret y de la quema de una iglesia. Delitos en los cuales era imposible su participación puesto que cuando se produjeron estaba a 100 kms del lugar de los hechos. Se le condena en un juicio farsa, con acusaciones del fiscal producto del deseo de venganza no de justicia,  y en el que no le dejan presentar testigos que demuestren la imposibilidad de participación en los delitos de los que se le acusa.

Leoncio Badía, el enterrador, era una persona republicana por convicción. De niño estudia con los curas y destaca por su inteligencia y amor por la lectura y la cultura, sobre todo de la Grecia clásica. Se hace maestro y en sus horas libres da clases gratuitas a los niños que no pueden ir a la escuela por tener que trabajar, convencido de que a través de la cultura se conseguirá la emancipación social y económica. Es detenido por sus ideales y encarcelado. Por la mediación del cura que le inculcó el amor a la lectura y la cultura, es puesto en libertad, pero se le niega toda posibilidad de trabajar por estar en la “lista negra” de los patronos. Desesperado, recurre al alcalde franquista, quién le dice: “¿quieres trabajo rojito? Pues a enterrar a los tuyos”, una cruel venganza hacia una persona tan sensible y buena. Mientras fue el enterrador ingenia una serie de argucias, aún a costa de su propia vida, para ayudar a los familiares de los fusilados para que puedan despedirse de ellos, procurarles un entierro lo más digno posible, documentar en pequeñas libretas las personas enterradas en cada una de las fosas y su posición en las mismas, e incluso recoger pequeños objetos de los fusilados (objetos personales, mechones de pelo y pequeños recortes de su ropa…), para entregárselos a sus familiares para que puedan tener algún objeto personal de su padre o esposo, así como colocar a lado de cada uno de los fusilados una pequeña botella de vidrio con un papelito en su interior con el nombre de la persona, para que en el futuro pudiesen ser reconocidos por sus familiares y pudiesen tener un entierro digno. El perfil de Leoncio es muy común en Paco Roca, representa un ejemplo de humanismo, honestidad y también de heroísmo, es un héroe derrotado que no obstante no se rinde nunca y que sigue manteniendo su dignidad.

Josefa Celda, Pepica, a sus 81 años no ha perdido la esperanza de recuperar los restos de su padre, recuperar su dignidad y para que puedan descansar en paz en compañía de su madre, por expreso deseo de ella. Se trata de una persona con una tenacidad y constancia encomiables, de manera que no deja nunca de luchar por recuperar a su padre y, llevada por esa convicción se enfrenta a las autoridades, instituciones, trabas burocráticas e incluso vecinos que no entienden que quiera “desenterrar el pasado”. A través de su lucha vemos el desinterés de la derecha por recuperar a los fusilados enterrados en fosas comunes y en cunetas, en los cientos de lugares de la memoria repartidos por nuestra geografía. Cuando siendo una niña va a visitar a su padre para despedirse de él antes de ser fusilado, le promete a su tía que no llorará; y desde ese momento, según su propio testimonio, no volverá a llorar nunca más. Es la última persona que recibe una subvención en aplicación de la Ley de Memoria Histórica de 2007 de José Luis Rodríguez Zapatero, antes de que el Gobierno de Mariano Rajoy retire todas las ayudas económicas para desenterrar a las victimas republicanas del franquismo.

Otro personaje, menos relevante en la narración, pero muy significativo y que aporta mucho en esta historia es Manuela, la mujer de José Celda y madre de Pepica. Encarcelada durante dos años por coser uniformes para el Ejército republicano, a la que vistieron de viuda para comunicarle que iban a fusilar a su marido al día siguiente, pero que no la dejaron despedirse de él. Tres meses después de que fusilaran a su marido le llegó una carta oficial con su indulto. Siempre le decía a sus hijas: “recordarlos siempre”. Tanto Pepica como Manuela representan la humillación hacia las víctimas republicanas y sus familias, y son las guardianas de la memoria y la dignidad de los muertos, a las que el franquismo quiso borrar de la historia.

Destacaría también el protagonismo en ésta historia de Paterna, su cárcel, su cementerio y el Terrer, el campo de tiro del cuartel de Artillería, en el que se encuentra el paredón dónde  fusilaban a los presos, en el que asesinaron a 2200 personas, teniendo por ello el triste record de ser el lugar de todo el estado donde más personas se fusilaron una vez acabada la Guerra Civil. Hoy ese sitio se ha convertido en un lugar donde los jóvenes acuden a hacer botellón, un lugar sucio y abandonado, que se refleja muy bien en una viñeta donde podemos ver el abandono y suciedad del lugar, conviviendo con una corona con la bandera republicana. En el cementerio de Paterna existen 135 fosas comunes, y es en la fosa número 126, en la que localizaron 144 víctimas de la represión franquista, fusilados los días 27 y 29 de agosto, y 11, 12 y 14 de septiembre de 1940, y en la que se recuperaron los cadáveres de los protagonistas de ésta historia.

Estos lugares, muy próximos entre sí,  están magníficamente descritos por Paco Roca a través de sus viñetas. Podemos ver un plano general del lugar, dónde vemos el pueblo, su cementerio y el Terrer. De su cementerio vemos las tumbas tradicionales, pero a través de las viñetas de Paco vemos las fosas comunes dónde están enterrados los republicanos, el espacio que ocupan, y una representación de su tamaño y del número de personas enterradas en ellas. Viendo todo eso sentimos escalofríos y nos ayudan a entender la magnitud de la tragedia. Impresionante el trabajo de Paco para acercarnos y describirnos lo que allí pasó.

Vemos el sufrimiento de los familiares de los republicanos, a los que no solamente se les negaba poder enterrar a sus muertos, sino que tampoco podían visitarlos ni depositar unas flores. Sólo se les permitía visitarlos el Día de Todos los Santos; al contrario que los muertos del bando golpista, que son recuperados, enterrados dignamente y se les construyen monumentos para preservar su memoria. Sin embargo, los fusilados republicanos no son reconocidos, ni recuperados, ni se les rinden homenajes. Es la memoria, que persiste en los corazones de sus familias las que hacen que permanezcan vivos. Paco nos describe que cuando esas personas son recordadas, cobran vida; cómo por ejemplo cuando dan comienzo los trabajos arqueológicos de exhumación y, que al hacer un pequeño agujero en la fosa, los allí enterrados cobran vida para escaparse de la tumba y reunirse entre ellos. Lo podemos ver en una bellísima viñeta a doble página. A lo largo de todo el texto se suceden frases como: ¡El olvido es el abismo que separa la vida de la muerte!, ¡El olvido es la muerte!, ¡Sacadlos de ahí!, ¡Sólo mientras nos recuerdan existimos!, frases que resumen muy bien la intención de este cómic.

Nos cuenta como todo empieza por el trabajo realizado por el historiador Vicent Gabarda, que trabajando en una tesis doctoral sobre la economía local se da cuenta de que en el Registro Civil hay solo 3 tomos de nacimientos entre los años 39 al 65 y 26 tomos de defunciones. Estudiando ésta enorme diferencia comprueba que el 90% de las defunciones registradas lo fueron por sentencia de muerte.

Paco Roca también nos describe los excesos cometidos en la zona republicana, producto de la acción de algunos grupos que eliminaban a todo aquel que se considerara opositor a la transformación social, pudiendo llevar adelante este tipo de actuaciones por la desorganización y falta de autoridad que se da al principio del golpe de estado franquista, pero que a medida que va pasando el tiempo y se recompone la autoridad republicana, este tipo de actuaciones desaparecen. Justo lo contrario que en las zonas sublevadas, en las que la represión se sostuvo mucho tiempo después de acabada la Guerra Civil, como herramienta de limpieza ideológica y borrado de todo lo que había significado la República, e incluso como cada localidad debía de aportar su cuota de sangre por la “barbarie roja”.

Todo lo que en este cómic se cuenta ocurrió realmente y está profusamente documentado, tanto por testimonios orales obtenidos, como por la investigación de la documentación disponible en los archivos históricos.Los autores de éste trabajo no maquillan los hechos y en sus páginas podemos ver por ejemplo el dramatismo de la espera de las mujeres a que traigan a sus maridos o hijos a fusilar; o como a la mujer de Pepe, cuando sale de la cárcel no la dejan ir a poner unas flores en la fosa donde está su marido, o lo increíbles que son las escenas de como reciben a los fusilados, los trasladan y dan sepultura, no vistas por mí hasta la fecha. La emoción de la escena en la que Leoncio deja entrar a las madres y viudas de los fusilados para que se puedan despedir de sus familiares asesinados es impactante. Vemos los estratos de las sacas de la fosa común, cómo se llenan fosas con los fusilados, pero inmediatamente se construyen nuevas para volverlas a llenar, y así sin parar, es espeluznante. Las viñetas en las que se describe la ayuda que Leoncio presta a las pobres viudas es dramática, puesto que la mayoría son muy jóvenes y acuden al cementerio llevando de la mano a sus hijas pequeñas. Es un tipo de descripción que te emociona.

Vemos cómo el olvido y el paso del tiempo hacen que sobre muchas de las fosas comunes queden tapadas por carreteras, autopistas, viviendas, centros comerciales, o cómo se describe en una impactante viñeta, queden ocultas debajo de un McDonald´s.

Mención aparte merece la utilización por parte de los autores de pasajes de la Ilíada de Homero, utilizando para ello las inquietudes intelectuales de Leoncio, buen conocedor de todo lo relacionado con la cultura clásica griega. Es admirable el cambio de registro que en esta parte de la historia hace Paco Roca, con un dibujo y color muy diferentes, mostrando con ello un gran dominio técnico y, que en este caso nos sirve para narrarnos la importancia que tiene enterrar debidamente a los muertos y superar con ello nuestro propio duelo y salvar el alma del difunto.

El dibujo y el color son inconfundibles, marca de la casa de Paco Roca, un dibujo de trazo fino y limpio, perteneciente a la línea clara, con muchos y variados recursos narrativos y en el que el color cuenta como un recurso más, utilizado por ejemplo para potenciar los momentos más emocionantes o dramáticos de la historia.  De todo lo que ha publicado hasta ahora Paco, este es su trabajo más duro y lleno de desesperanza, en el que sus autores sienten la necesidad de visualizar los miles de víctimas que descansan en fosas comunes, muchos de ellos todavía sin desenterrar; y que también sirve para hacerlos justicia y poner en valor el muchas veces incómodo e incomprendido esfuerzo de muchas personas que como Pepica han dedicado y dedican su vida a que todos esos muertos permanezcan en nuestra memoria. La edición de Astiberri es extraordinaria,  brillante, una edición preciosa, muy cuidada, en cartoné y en formato apaisado, igual que la de Regreso al Edén.

Un cómic devastador y desasosegante, que se lee con congoja, pero que no te deja indiferente; que nos habla de la necesidad de recuperar la memoria de los miles de víctimas del franquismo que siguen enterrados en nuestras cunetas, y que sirve para contarnos esa parte de nuestra historia y de sus víctimas, que nos miran directamente y nos obligan a reconocerlos y tomar conciencia de su necesidad de justicia y reparación; pero que a la vez provoca tantos rechazos en una parte de nuestra clase política , heredera directa de quienes no tuvieron reparo en asesinar y intentar hacer borrar la memoria de sus víctimas. El lado más amable de esta historia nos lo ofrecen Elisa y Manuel, los arqueólogos, con los que aprendemos algunas nociones básicas de arqueología.

Un cómic de imprescindible lectura y que no puede faltar en nuestra biblioteca.

Fuente: https://errepublikaplaza.wordpress.com/2024/02/05/el-abismo-del-olvido/

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