Mundo Obrero realiza un ejercicio de gerontomemoria. Para recordar aquel tiempo y aquellas circunstancias en las que la palabra se hizo música, como escribió Fernando González Lucini. Y se hizo canción y Juan José Téllez (2012) reivindicó que la canción de autor/a en España, lejos de considerarse un género independiente, es en realidad parte de la larga tradición de la canción popular española: la copla, el flamenco y otras variedades regionales, como la jota. En su momento dirigimos la atención de nuestros lectores hacia el portal de Canción de autor https://poemas.uned.es/portal-especializado/cancion-de-autor-a/que fue elaborado por Guillermo Laín Corona y Elia Romera-Figueroa y ahí se encuentran variadas aproximaciones al tema que abarcan diversas perspectivas y que van relacionando la canción de autor con referencias que muestran la complejidad de este arte: la renovación de la música popular, alternativa a la canción popular fagocitada por la industria cultural de masas y convertida en entretenimiento ligero sin lazos con las raíces folclóricas originales. Para distanciarse de los productos culturales masificados, elaborados por corporaciones sin, presuntamente, identidad, como las discográficas, se enfatizó la figura del artista individual.
Desde otro punto de análisis, se ha resaltado la relación entre la poesía social y la canción de autor/a, que mostraba un compromiso político explícito y, por ello, también fue conocida con el nombre de canción protesta.
Javier Maroto, profesor y cantautor, también aportó para las páginas de Mundo Obrero su opinión al respecto, explicando las motivaciones que le llevaron a realizar un video sobre Víctor Claudín y la canción de autor en España, partiendo de una rotunda opinión: “Considero la canción de autor como un tesoro cultural de nuestro país, al mismo nivel que el de nuestro legado literario o plástico. Preservar el legado de la canción de artistas como Krahe, Serrat, Aute o Cecilia, creo que es tarea de todo aquel que ame la cultura española”.
Cuando una cultura (emancipadora) puede liberarnos de otra (dominante) su papel principal es dar contenido y cohesión a la liberación
Nosotros señalamos la importancia de no perder la memoria de aquellos años repletos de actividad artística que construía un nuevo perfil enfrentado a la miseria cultural franquista. Todos conocemos la función social que representa la cultura, instrumento de dominación o de emancipación. Y cuando hablamos de la emancipación, siguiendo la docta opinión de Itamar Even-Zohar, autor de un brillante trabajo titulado La planificación de la Cultura y el Mercado, tenemos que evitar de inmediato una asociación ilusionante de los dos conceptos porque es frecuente que se invoque a la Cultura (con mayúscula) como instrumento de emancipación, pero debemos saber que cuando una cultura (emancipadora) puede liberarnos de otra (dominante) su papel principal no es tanto el de servir como recurso liberador sino el de dar contenido y cohesión a la liberación. Lo hemos vivido en el franquismo y se nos vuelve a plantear con el resurgir actual del fascismo en la “vieja y culta” Europa.
Esta reflexión y memoria de la canción de autor no tiene que limitarse a elaborar la lista de los “cuarenta principales” que nos cantaron canciones inolvidables sino (también) de personas que hicieron que las obras de estos esforzados activistas de la canción con mensaje comprometido llegaran hasta nosotros: Víctor Claudín escribió el primer libro sobre la canción de autor en España, presidió la Asociación para la Música Popular (un proyecto ideado por la siempre entusiasta cantautora Elisa Serna), fue uno de los dos socios de una sala mítica en Madrid en lo que a programación cultural de todo tipo se refiere, el Elígeme, y organizó varios encuentros con jóvenes cantautores en la ciudad de Toledo y con la activa participación de Kali Panoa, una asociación creada por Claudín, entre otros proyectos.
Otras referencias e interpretaciones sobre la canción de autor en España pueden encontrarse en el magnífico texto Emociones en lugar de soluciones. Música popular, intelectuales y cambio político en la España de la Transición escrito por Héctor Fouce (Universidad Complutense de Madrid) y Juan Pecourt (Universidad de Valencia).
Este artículo “propone revisar la historia cultural de un momento central en la historia reciente de España: la transición a la democracia. Los cambios políticos y socio-económicos van a redefinir la dinámica del campo de la cultura”.
“En el texto se analiza el papel de los intelectuales y la propia transformación del concepto en relación con la consolidación de la cultura de masas, lo que determina también cambios en su actividad: la cultura audiovisual va a ir ganando terreno a la cultura libresca, con gran peso de la música popular. La sustitución de los cantautores comprometidos por los jóvenes rockeros, influidos por el punk, de la nueva ola y la movida ejemplifican la transición cultural”.
“En los últimos años del franquismo la mayor parte de la acción cultural pivota en torno a la política: los intelectuales crean revistas en las que se discuten, con la profundidad que permite la censura, posibles vías de organización política que sustituyan al ya moribundo franquismo (Pecourt 2007). En el mundo de la música, el panorama está dominado por los cantautores, que se presentan a sí mismos como la voz del pueblo, con una misión de concienciación y movilización política (González Lucini 1989)”.
“Los últimos años 70 y la primera mitad de la década de los 80, con la democracia en proceso de consolidación, suponen un notable cambio de paradigma: la política deja de estar en el centro del debate, una vez superada la “tensión emocional de la predemocracia” (Casani, cit. en Gallero 1991: 9), que cede el paso al desencanto. El mundo de la música escenifica este cambio vigorosamente: el cantautor deja paso a los grupos de la Nueva Ola, fuertemente influidos por el punk que había nacido poco antes en Inglaterra y Estados Unidos. La música se convierte en metáfora y realidad del cambio que ha sufrido España (Spitz 1985)”.







