La Administración de Donald Trump ha dado un paso sin precedentes en la política tecnológica de Estados Unidos al prohibir la exportación y el acceso por parte de extranjeros al modelo de inteligencia artificial Mythos, desarrollado por la empresa Anthropic. La decisión supone la primera vez que Washington bloquea internacionalmente el uso de un sistema de IA ya desplegado y utilizado por millones de personas, una medida que analistas consideran el inicio de una nueva fase de confrontación tecnológica global.
La orden obliga a Anthropic a suspender completamente el acceso a Mythos fuera de las fronteras estadounidenses, incluyendo a empleados extranjeros de la propia compañía. El veto se produce tras semanas de debate en la Casa Blanca sobre los riesgos de seguridad asociados a esta tecnología, considerada una de las más avanzadas del mundo en el ámbito de la ciberseguridad.
Mythos había generado preocupación entre organismos gubernamentales, entidades financieras y expertos en seguridad digital debido a su capacidad para detectar vulnerabilidades informáticas que habían pasado desapercibidas incluso para equipos especializados. Aunque esta capacidad podría utilizarse para reforzar sistemas defensivos, también plantea el riesgo de facilitar ataques contra infraestructuras críticas, administraciones públicas o entidades bancarias si la tecnología cae en manos malintencionadas.
La decisión marca un cambio significativo en la estrategia tecnológica de Estados Unidos. Hasta ahora, las restricciones impulsadas por Washington se habían centrado principalmente en limitar el acceso de China a semiconductores avanzados y a las tecnologías necesarias para fabricarlos. Con el veto a Mythos, la Administración Trump amplía el alcance de esas medidas y sitúa directamente a la inteligencia artificial en el centro de la seguridad nacional.
Del impulso a la desregulación al control gubernamental
La medida contrasta con la postura defendida por Trump al inicio de su segundo mandato. Durante su toma de posesión, el presidente estadounidense apostó por una política de mínima regulación para el sector tecnológico y defendió que la inteligencia artificial debía desarrollarse sin restricciones que pudieran ralentizar la innovación.
Esa visión estuvo estrechamente vinculada a la influencia de figuras procedentes de Silicon Valley, entre ellas Elon Musk y el inversor David Sacks, nombrados “empleados especiales del Gobierno”. Ambos impulsaron una agenda favorable a la desregulación tecnológica y advirtieron repetidamente de que cualquier limitación podría perjudicar la posición estadounidense frente a China en la carrera por la inteligencia artificial.
En consonancia con esa estrategia, una de las primeras decisiones de Trump fue derogar las medidas de supervisión de sistemas de IA aprobadas durante la presidencia de Joe Biden. Sin embargo, la aparición de Mythos alteró el equilibrio del debate dentro de la Administración.
El papel de la banca y los organismos de seguridad
Anthropic, empresa fundada por antiguos trabajadores de OpenAI partidarios de reforzar las garantías de seguridad en el desarrollo de la inteligencia artificial, optó inicialmente por no liberar Mythos de forma abierta. En su lugar, permitió un acceso limitado a grandes empresas tecnológicas, gobiernos y entidades financieras para evaluar posibles riesgos.
Pese a estas precauciones, responsables del sector bancario y organismos especializados en ciberseguridad comenzaron a alertar sobre las consecuencias que tendría una eventual filtración de la tecnología o la aparición de sistemas similares sin controles equivalentes. Según diversos medios estadounidenses, altos directivos de importantes entidades financieras trasladaron sus preocupaciones directamente a la Casa Blanca.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, y la jefa de gabinete presidencial, Susie Wiles, aprovecharon estas advertencias para impulsar una respuesta gubernamental más contundente. Dentro de la Administración se extendió el temor a que un gran ciberataque facilitado por inteligencia artificial pudiera desencadenar una crisis política y de seguridad de gran magnitud.
Un precedente con consecuencias globales
Antes de optar por el veto total a los extranjeros, la Casa Blanca estudió implantar un sistema de autorización previa para nuevos modelos de inteligencia artificial, similar al proceso de aprobación de medicamentos. La propuesta contemplaba que las empresas presentaran sus desarrollos al Gobierno con al menos 90 días de antelación antes de hacerlos públicos.
La iniciativa provocó una fuerte reacción en Silicon Valley, donde numerosas compañías consideraban que una supervisión previa supondría un obstáculo para la innovación y la competitividad estadounidense. Finalmente, la Administración optó por una medida aún más contundente: restringir directamente el acceso internacional a Mythos.
La decisión convierte a la inteligencia artificial en un activo estratégico comparable a los semiconductores avanzados o las tecnologías militares sensibles. Además, abre interrogantes sobre el futuro de la cooperación tecnológica internacional y sobre la posibilidad de que otros países respondan con restricciones similares, acelerando la fragmentación digital global.







