«Cuentan que tras la bala
Se oyó una voz
Era Dios que gritaba
«Revolución»»
(Víctor Jara en «Camilo Torres»)
Nada, que no me libro de escribir asuntos “capillitas”, ¿pero quién puede dejar de recordar a Camilo Torres Restrepo cuando sus restos han sido encontrados e identificados? El revolucionario murió a los 37 años de edad, en combate al lado del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia. Los militares ocultaron su cadáver en un lugar concreto separado de las demás fosas y no ha sido revelado en todo este tiempo. Torres fue dado por desaparecido el 15 de febrero de 1966, hace sesenta años. Recientemente su cuerpo ha sido hallado por un equipo de antropólogos forenses. Los restos serán inhumados en el campus de Bogotá de la Universidad Nacional, donde Torres cofundó la primera facultad de Sociología de América Latina.
Supongo que como tanta gente de un entonces que podríamos datar hacía 1978, mi primer acercamiento a la figura del cura revolucionario fue a través de la canción de Victor Jara, llamada así, “Camilo Torres”, de 1969: “Donde cayó Camilo/Nació una cruz/Pero no de madera/Sino de luz”. De esta manera tan elocuente queda asentado que el guerrillero con sotana fue uno de los pioneros de la Teología de la Liberación, la corriente de pensamiento dentro de la Iglesia católica que se expandió en América Latina entre los años cincuenta y sesenta, siendo su núcleo de acción principal la lucha contra las condiciones de pobreza.
Casualmente, y de guerrilla a guerrilla, en la anterior columna: “Di Stéfano en Venezuela” tratábamos las circunstancias políticas de aquel país el 24 de agosto de 1963, cuando el futbolista fue secuestrado durante 56 horas por integrantes de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) por motivos políticos y propagandísticos en su lucha contra la dictadura de Rómulo Bentancourt. En el tema que nos ocupa ahora, trata de la figura del sacerdote católico, sociólogo y guerrillero colombiano Camilo Torres (1929/66), miembro del ELN desde 1965, adoptando el alias de “Argemiro”: el “cura guerriller”. Su credo, a los ojos extraviados del momento que vivimos, pocas dudas ofrece: “es necesario entonces quitarles el poder a las minorías privilegiadas para dárselo a las mayorías pobres” y añadía, “la Revolución no solamente es permitida sino obligatoria para los cristianos que vean en ella la única manera eficaz y amplia de realizar el amor para todos”. En el caso hipotético que algún seminarista del Opus o de los neocatecumenales (Kikos) leyera esto precisaría de un desfribilador…
El ELN había surgido en 1964, influido por el triunfo de la Revolución Cubana. La entrada de Camilo Torres, un popular sacerdote católico con inclinaciones socialistas, le habían revestido de un aura movilizadora que atrajo a centenares de nuevos guerrilleros.»Camilo ha pasado a la historia y no puede ser borrado, ni usado para fines contrarios a su vida», ha indicado el ELN en un comunicado tras ser confirmados los restos de Torres, para a continuación reiterar que este «acontecimiento de tal dimensión histórica» no sea «desfigurado ni utilizado para sacar provecho político alguno».
Camilo Torres Restrepo: sacerdote, sociólogo, hijo, hermano, amigo, compañero, agitador, organizador, investigador, dirigente político y, sobre todo, Guerrillero integral. Cuando murió durante una emboscada contra un grupo de militares, solo llevaba cuatro meses como miembro del grupo pero lo hizo con la enorme ascendencia que le granjearon sus años previos como activista, en una ruptura respecto a su infancia en el seno de una familia adinerada de Bogotá. Ello no le impidió apreciar un sistema político que perpetuaba la podredumbre política y el olvido, una “normalidad corrupta”, como la definiría García Márquez, donde los partidos tradicionales se perpetuaban en el reparto del poder.
El trabajo que realizó Camilo Torres durante su vida es tan importante como el legado que conllevan los movimientos sociales después de 60 años. En él se resalta la capacidad, intermediación y participación que tuvo para la fundación de colectivos dinámicos. Asi, desarrolló trabajos de investigación y de acción social en universidades, iglesias y barrios populares y obreros de Bogotá, a la búsqueda de justicia sin comillas. Su vida y su lucha es resumida por muchos y muchas como la del revolucionario que pregonó y reivindicó el Amor Eficaz.








