El inicio de conversaciones entre los gobiernos de EE.UU. y Rusia para iniciar negociaciones que pongan fin a la guerra en Ucrania justo cuando se cumplen tres años del inicio del conflicto armado no ha podido, por anunciada por Trump, pillar a nadie por sorpresa, sin embargo los gobiernos neoliberales de la UE no salen del desconcierto.
Reclamada la negociación política por IU desde el inicio del conflicto, siendo acusados en ocasiones de utópicos o prorrusos, dijimos en varias ocasiones que una potencia nuclear como Rusia no podía perder una guerra y que el seguidismo belicista de la UE respecto a EE.UU. con el envío de millones en armamento suponía un error mayúsculo que aumentaría el peligro de una guerra regional o mundial.
Desde hace un año, como han dicho varios analistas, la guerra de la OTAN con Rusia en suelo ucraniano no está ya estancada, sino que la va ganado Rusia. Así lo señaló, por ejemplo, el analista Rafael Poch en la revista Contexto, quien dijo con claridad hace un año que “negociar una paz con concesiones territoriales será la única manera de acabar con la matanza. Cuanto más se tarde en reconocerlo, peor será”. Biden lo sabía, pero se encontraba en una huida hacia adelante que, con el envío de millones en armamento, ha supuesto alargar la guerra y enormes beneficios a las empresas armamentísticas del complejo militar-industrial norteamericano, al que siempre ha alimentado bien el partido Demócrata.
Además, estas conversaciones habían sido anunciadas por Trump en campaña electoral y su decisión estaba motivada por varias razones, pero la principal sin duda tiene que ver con China y con un reparto de las zonas de influencia de las grandes potencias a la búsqueda de una reconfiguración de un nuevo orden mundial.
China, enemigo principal de EE.UU.
Para Trump, el objetivo principal de su política exterior es su rivalidad con China, quien supone según ellos mismos una amenaza real para EE.UU. y le disputa su hegemonía y poder mundial. EE.UU. viene estableciendo alianzas en Asia con Japón, Indonesia, Filipinas o Corea del Sur para frenar la influencia de China en Asia, y el Pentágono trabaja ya en el despliegue de esfuerzos, presupuestos y efectivos para ello.
China ha sido definida por la Administración Trump como el “enemigo principal” y entiende que Rusia tiene que obtener cierto control y seguridad en su zona de influencia, que no es otra que la de sus fronteras y los antiguos países de la URSS. EE.UU. quiere que Rusia salga de Oriente Medio (y algo de esto es lo que ha hecho Rusia en Siria recientemente) y que se le garantice su zona de influencia en el continente americano. Todo esto tiene que ver con la actitud que EE.UU. está manteniendo respecto al acuerdo con Rusia para cerrar la guerra de Ucrania.
Siempre Kissinger: ¿Rusia o China?
Hemos de entender que el trasfondo de estas conversaciones para terminar la guerra se encuentra más allá de Ucrania. Trump busca el mantenimiento de su hegemonía imperial, hoy en crisis, al servicio de una nueva geopolítica de confrontación clásica y de reparto de zonas de influencia entre potencias, y de fondo, sintiéndose amenazado también en su poder mundial por las nuevas potencias emergentes aliadas en los BRICS. Por todo ello, el gobierno Trump hace este movimiento táctico con el inicio de conversaciones entre EE.UU. y Rusia, y está dispuesto a hacer esas concesiones que eran los objetivos rusos en la guerra a cambio de otras y de centrase contra su competidor hegemónico.
Para lograr el objetivo estratégico principal de derrotar a China a medio plazo, busca ahora tácticamente desmontar también la alianza histórica entre Moscú y Pekín. Lo ha dicho públicamente. Rusia puede ser su aliado en el Norte Global, China lidera el Sur Global. Eso no será tan fácil, claro, por eso Trump está dispuesto negociar con Rusia con concesiones, para distanciarlo de China. Es justo la estrategia que en los años 70 teorizó y aplicó el gran estadista Henry Kissinger que debía seguir EE.UU. para dividir a la URSS y China, sólo que él propuso el acercamiento de EE.UU. con China frente a la URSS. Que le salga luego a Trump bien o mal la jugada, es otra cosa. Un Kissinger siempre presente, por cierto, que avisó a Biden y a Trump de que la guerra de Ucrania era un error grave.
Negociación sobre Ucrania en Riad
Nos parece evidente que también ha ayudado a que EE.UU. y Rusia se sienten hoy en Riad a negociar las condiciones del cierre de la guerra en Ucrania, el hecho de la retirada rusa tras la última ofensiva yihadista contra Siria, nada comprensible si no miramos a Ucrania ahora. Esta retirada militar rusa de Siria, negociando eso sí, la permanencia de sus bases militares en la costa mediterránea del país, no se explica de otra manera, dado el permanente apoyo político y militar ruso a Al Assad durante once años, que había impedido hasta entonces la toma de Damasco por el terrorismo yihadista. Algunos analistas se preguntaron entonces si Rusia no cedía la pieza de Siria en el ajedrez geoestratégico retirando su presencia y conflictividad militar, precisamente en esa zona de influencia ambicionada por EE.UU., Israel y Turquía, a cambio precisamente de lograr sus objetivos en la guerra de Ucrania con Trump. Si se acordara como parece, que Ucrania no entre en la OTAN, que era la precondición de Rusia para sentarse, y la cesión territorial del este de Ucrania, los habrá conseguido. Hace un año, el especialista Rafael Poch ya advirtió que Ucrania tenía la guerra perdida y que la única forma de parar la matanza era la cesión territorial del Dombás: “Un arreglo con Rusia que mantenga el 80% del territorio nacional ucraniano con garantías de seguridad y compromiso de neutralidad, podría considerarse perfectamente una victoria para Ucrania”. Militarmente Ucrania no iba a reconquistar esos territorios filorrusos, por otra parte no vitales para una Ucrania independiente, se argumentaba.
Desde IU y SUMAR condenamos en su día la invasión de Ucrania por Rusia, por suponer una violación del derecho internacional que entendemos debe ser respetado por todos. Pero sabemos y dijimos que la guerra no empezó ahí, sino en el 2014, tras el golpe del Maidán, promovido por la injerencia de EE.UU. y en una guerra civil provocada en el Dombás contra la población rusófila que duró ocho años. La extensión de la OTAN hacia el este con la intención estratégica de rodear a Rusia está en el origen de este conflicto armado.
Cuando se anunció la integración de Ucrania en la OTAN, Putin advirtió que era una línea roja, que no podía permitir que misiles de la OTAN se colocaran en Ucrania a 300 km de Moscú, y llamó públicamente a negociar. Pero ni EE.UU. ni Zelensky lo aceptaron. Todos querían la guerra. Ahora se negocia y acepta lo que no se aceptó entonces, que Ucrania no entre en la OTAN, no solo para bien de Rusia, sino como hemos dicho desde IU, como una condición positiva para la distensión, la paz regional y la seguridad de Europa, cuando pudo haberse hecho antes sin decenas de miles de muertos. Aquí están las causas de fondo de este conflicto y todos tienen sus responsabilidades.
La UE, subalterna de EE.UU.
Joe Biden las tiene. Pretendió sin duda desgastar militarmente a Rusia con el objetivo de incorporar a Ucrania a la OTAN, mientras incrementaba de paso los beneficios de sus empresas de armamento, y sometía a la UE una vez más al seguidismo ciego del belicismo de EE.UU. y a una posición subalterna, cuyas consecuencias negativas para sus naciones no fueron evaluadas por la Comisión Europea. Ese seguidismo vasallo de la UE llevaría a sus naciones a sufrir una tremenda crisis inflacionaria y a perder soberanía energética (tradicionalmente suministrada por Rusia) para pasar a depender del gas norteamericano. Tras una guerra siempre hay intereses económicos ocultos.
La UE, marginada ahora en las conversaciones de Riad, se ha reunido en medio del enfado y el desconcierto en Munich, París y Bruselas, para volver a cometer errores políticos de calado, cayendo en la posición absurda y contradictoria, de reclamar al tiempo a EE.UU. y Rusia un asiento en una mesa de negociación que busca cerrar una guerra, al tiempo que acuerdan nuevos envíos de miles de millones de gasto para armamento, lo cual alargará la guerra. Pedro Sánchez, sin consultar con sus socios de gobierno ni con el parlamento, ha anunciado unilateralmente el envío de 1.000 millones.
Sin embargo, debía haber sido la UE la que reclamara hace tiempo la apertura de un proceso de paz a través del diálogo y la negociación entre las partes con presencia de la ONU y la OSCE, para que desde el derecho internacional y el multilateralismo se evitara una guerra, y para apoyar una negociación que sentara las bases para el futuro de la convivencia, seguridad y estabilidad de Europa, incluyendo a Rusia, como ha reclamado Izquierda Unida.
Porque la situación en Ucrania tres años después es desoladora: un país completamente devastado en sus recursos, infraestructuras y servicios públicos, con una generación completa de jóvenes muertos, heridos o fugados del país, con ocho millones de ciudadanos desplazados y refugiados en el extranjero, con problemas de reclutamiento ya obligando a los reservistas de más de 50 años, y un frente de guerra en el este consolidado, donde Rusia tiene controlado el 20% del territorio desde hace dos años y avanza todavía llevando la iniciativa militar. Las sanciones contra Rusia, sin embargo, se han demostrado ineficaces. La economía rusa y su sistema político parecen gozar de una solidez suficiente, pero Ucrania sí hizo crack.
El “dictador” Zelensky, marioneta de Biden
Es evidente que sin la enorme colaboración financiera y militar de la UE y sobre todo de EE.UU., Ucrania no hubiera podido resistir tres años esta guerra. Tras la decisión de Trump de no enviar más armas, la situación de Zelensky es muy precaria. Es cierto que negociar una paz respecto a Ucrania sin Ucrania no es aceptable, pero sin intervención en el proceso de la OSCE y la ONU como ha reclamado IU, no habrá condiciones para una paz justa y equilibrada. Y la realpolitik indica que serán EE.UU. y Rusia los que le digan a Zelensky cuál es su papel, que no será muy grande, porque esta guerra era realmente una guerra entre poderosos, entre EE.UU. y Rusia, y Zelensky era solo el mandado de EE.UU., aunque tal vez él no lo sabía.
Ha llamado mucho la atención lo duro que ha sido estos días Trump con el presidente de Ucrania al que ha llamado dictador, cuando se supone que para la OTAN y occidente el autócrata y el dictador era Putin, y ese ha sido el mensaje estos tres años. Nadie dice en la prensa occidental que Zelensky tiene el mandato vencido y no convoca elecciones por la guerra, pero IU ha recordado que al inicio del conflicto armado los sindicatos y hasta once partidos de izquierda, incluido el Partido Socialista y el Partido Comunista, fueron prohibidos por el gobierno ucraniano, así como ciertos medios de comunicación opositores. Zelensky ha encarcelado y asesinado a dirigentes de la oposición, hoy presos políticos. La libertad de esos presos, la de prensa, así como la recuperación el pluralismo y la democracia es un reclamo que también ha reclamado IU y que debería reclamar la democrática UE, que está invitando a Ucrania a integrarse.
No al aumento del presupuesto militar
Trump, cuestionando una alianza con la UE de décadas, ha exigido a sus socios europeos de la OTAN un aumento mínimo del presupuesto militar del 2% del PIB, y ha llegado a reclamar hasta el 5%. España está ahora en el 1,2%. Trump considera que hasta ahora EE.UU. no solo ha sido el paraguas nuclear de la UE sino que además ha sido el responsable de la seguridad en Europa, y que la UE no contribuye como es debido a los presupuestos de la OTAN. Ha amenazado con retirar su aporte a la OTAN si la UE no aumenta significativamente su contribución. Este chantaje ha reabierto el debate respecto a la necesidad o no de un ejército europeo, y respecto a la seguridad europea en casos de conflicto.
OTAN NO, Bases Fuera
En IU creemos que la izquierda y los movimientos por la Paz en Europa debemos aprovechar este conflicto de Trump con la UE neoliberal respecto a defensa y seguridad, y aprovechar sus contradicciones en la relación euroatlántica, para seguir planteando con fuerza la salida de nuestros países de la OTAN y el cierre de las bases militares norteamericanas en Europa. Es evidente que sólo nos han conducido a una pérdida de soberanía en defensa y política exterior, y a más guerras, inestabilidad e inseguridad. Y antes de Ucrania ya fue la guerra de Yugoslavia. No debe haber más.
Otra batalla importante que tenemos por delante es impedir el aumento de los presupuestos militares en Europa, y claro, en nuestro país, donde Sánchez ya ha demostrado que cuando EE.UU. le aprieta, cede. Una cosa es estar en el gobierno, y otra aceptar posiciones políticas que van contra nuestros principios. Será difícil, pero debemos movilizar a la sociedad española contra el aumento del presupuesto militar, y esa es una batalla que está a la vuelta de la esquina.
Conferencia Internacional por la Paz
Entre nuestras tareas, la organización de la Conferencia Internacional por la Paz a celebrar en junio en paralelo a la Cumbre de la OTAN que se celebrará en Holanda, será muy importante. En ella ya estamos involucrados IU y el PCE junto a decenas de organizaciones sociales y políticas de izquierda, organizaciones pacifistas y centros de estudios por la Paz, ONGD y movimientos sociales trabajando para que sea un éxito.
Debe ser una parte importante de nuestro trabajo en los próximos años dedicar esfuerzos colectivos en todos los territorios a la organización de un potente movimiento pacifista en nuestro país, que tradicionalmente había sido muy fuerte y que habiendo protagonizado importantes movilizaciones populares contra las guerras en el pasado, se encuentra más debilitado en los últimos años.
Pacto Trump-Zelensky para explotar las tierras raras
Casi con toda seguridad, se firmará también un “acuerdo” entre Trump y Zelensky para la explotación conjunta de los recursos naturales de las tierras raras de Ucrania pagando este país un precio muy alto: el 50% de los beneficios que se obtengan de la extracción de gas natural, petróleo y los minerales estratégicos que se encuentren serán para EE.UU.
Se trata de una propuesta mafiosa para hacer caja que Ucrania no puede rechazar. Una imposición de Trump para no dejar más tirado todavía al presidente de Ucrania, que sabe que sin la ayuda militar de EE.UU. tiene la guerra perdida. Su futuro, incluso personal, está en manos de Trump, y está contra la pared. EE.UU. aprovecha la negociación para dar un “pelotazo” energético de dimensiones siderales sobre decenas de miles de muertos en la guerra. Para Trump, la imposición de ese 50% sería “por la ayuda militar recibida”. Una cesión de soberanía impresentable si es firmado por Zelensky. Un expolio de recursos naturales neocolonial por parte de EE.UU., aplicando la diplomacia del revólver de Trump, en expresión acuñada por el analista y amigo Youssef Louah.
Todavía queda proceso negociador y se negociará sin alto el fuego, mientras la guerra continúa, pero se abre con esta negociación una vía de esperanza para el cierre del conflicto.







