Análisis

Guerras comerciales de la era Trump

La potencia económica no emana de los principios del libre comercio, sino de la capacidad de EE.UU. para imponer sus normas al resto del mundo, mediante un uso constante de las relaciones de fuerza
Donald Trump firma la orden ejecutiva de imposición de aranceles el pasado 2 de abril | Foto: The White House / Dominio público
Donald Trump firma la orden ejecutiva de imposición de aranceles el pasado 2 de abril | Foto: The White House / Dominio público

El primer mandato presidencial de Trump (2017-2021) estuvo marcado por la guerra comercial con China y la imposición de altos aranceles contra otros países. Al regresar a la Casa Blanca, el republicano mostró su intención de continuar con la política de coerción a través de barreras a las importaciones. En repetidas ocasiones, el mandatario ha demostrado su afición por esta medida de presión económica con sus decisiones y una de las acciones más memorables fue la guerra económica entre EE.UU. y China, que se libró durante el primer mandato presidencial del magnate.

Años después, tras su regreso a la Casa Blanca, Trump confirmó que es un gran fan de los aranceles. Si bien todos los países del mundo se verán afectados por un gravamen base del 10% a los productos, más de 60 Estados o bloques comerciales se enfrentarán a aranceles más altos: 54% de gravamen a China, a países de los BRICS+: India (26%), Sudáfrica (30%), Indonesia (32%), excepto Brasil (10%); otros países castigados: Vietnam (46%), Angola (32%), e incluso a históricos aliados de EE.UU. —como la UE (20%), Corea del Sur (26%), Japón (24%), Taiwán (32%), Suiza (31%)—  o más pobres y vulnerables del mundo como Camboya (49%) y Laos (48%).

EE.UU. vs. China 2017-2021

—Entre los años 2018 y 2019, EE.UU. y China intercambiaron varios ataques arancelarios, tachados de ‘guerra comercial’ entre ambos países.

—Trump fue el que empezó a poner palos en la rueda a las importaciones chinas, al introducir aranceles del 25 % a mercancías del gigante asiático por valor de unos 34.000 millones de dólares, lo que provocó una medida similar por parte de Pekín. Ambos países seguían ampliando sus medidas restrictivas que, finalmente, afectaron incluso al gigante tecnológico Huawei, que en el 2019 fue incluido en la lista negra de EE.UU.

—Beijing y Washington emprendieron varios intentos de normalizar la situación y, en enero del 2020, las partes firmaron la ‘fase uno’ de un acuerdo comercial.

—No obstante, numerosos aranceles quedaban en vigor y seguían vigentes incluso durante el mandato de Joe Biden, que batió el récord de su predecesor en cuanto al número de empresas e individuos chinos incluidos en la lista negra del país.

—En lo que respecta al impacto del conflicto comercial, la empresa de investigación económica Rhodium Group informó que las inversiones extranjeras directas de China en Estados Unidos cayeron más del 80 % en el 2018, en comparación con el año anterior.

En 2025 comienza la 2ª guerra comercial de Trump contra China con su arma favorita, el ariete de los aranceles que socava los principios de la Organización Mundial de Comercio (OMC), y China los afronta mucho mejor preparada, depende mucho menos del comercio para crecer que en el pasado. En los últimos años, Pekín ha desarrollado un arsenal de instrumentos de política defensiva más allá de los aranceles.

—La Lista de entidades no confiables.

—La Ley de Relaciones Exteriores para defenderse de las “sanciones hegemónicas de Occidente”,

—La ley de control de las exportaciones para el fortalecimiento del control de las exportaciones de artículos de doble uso a los EE.UU.

EE.UU. vs. la UE 2017-2021

Trump ha señalado en reiteradas ocasiones el déficit de bienes que EE.UU. sufre en su comercio con la UE, con quien mantiene la mayor relación comercial del mundo situada en 162.000 millones de dólares el año pasado. Las exportaciones europeas están dominadas por Alemania, cuyos productos clave son vehículos, maquinaria y químicos. Trump exige que la Unión Europea aumente sus compras de petróleo y gas natural a EE.UU.

—En el 2018, EE.UU. impuso aranceles del 25 % y el 10 % a las importaciones de acero y aluminio, respectivamente, de los miembros de la UE, entre otros países. Explicó que lo hizo para defender la seguridad nacional de EE.UU.

—En respuesta, la UE introdujo aranceles de importación a productos estadounidenses por valor de 2.800 millones de euros.

—Como siguiente paso, Trump amenazó con imponer aranceles a los automóviles fabricados en la UE, pero la amenaza no se ha hecho realidad.

—En julio del 2018, la UE y Washington acordaron no intensificar su disputa arancelaria y, años después, llegaron a un compromiso de que EE.UU. suspenderá sus aranceles, mientras que Bruselas no reanudará sus medidas de represalia.

Guerras comerciales 2.0

La voluntad de continuar la política de las guerras comerciales marca también el inicio del segundo mandato de Trump. Un 43 % de todas las importaciones llegan a EE.UU. desde México (15,4 %), China (13,9 %) y Canadá (13,6 %). Goldman Sachs estima que los aranceles podrían ayudar a obtener 300.000 millones de dólares adicionales al año.

Para qué se implementan los aranceles

La disputa de los aranceles a nivel global tras el anuncio de Trump es en realidad una guerra por la acumulación de capital mediante la extracción de capital a través de la inflación.

—Para proteger los negocios estadounidenses. Según Trump, los altos aranceles estimulan la creación de puestos de trabajo y la producción doméstica. No obstante, la Reserva Federal indicó que durante el primer mandato de Trump «los aranceles no han impulsado el empleo en el sector manufacturero ni la producción».

—Se espera que, en un intento de evitar altos aranceles, las compañías extranjeras decidan abrir sus plantas en territorio estadounidense.

—Los aranceles son una manera de generar ingresos adicionales para el presupuesto estatal y reducir el déficit público.

—Mantener bajas las tasas de interés de la deuda estadounidense para que el dólar se utilice con fines transaccionales y no para thésaurisation monetaria [1], a fin de preservar su papel como fuente de liquidez global.

—Revertir la desindustrialización (reasignación sectorial del capital y los trabajadores).

—Es un método de presión para que los países afectados emprendan las acciones deseadas por Washington, como, por ejemplo, reforzar el control de las fronteras o detener el flujo de inmigrantes y drogas a EE.UU.

—Para hacer frente a las iniciativas de desdolarización y la creación de una nueva moneda que sustituya al dólar por parte de las naciones de los BRICS, Trump amenazó con imponer aranceles del 100 % a las transacciones comerciales que los países emergentes del bloque realicen con Washington.

—Imponer aranceles del 25% a cualquier país que compre petróleo o gas de Venezuela, medida que entró en vigor el 2 de abril.

En una puesta en escena sin precedentes en la Casa Blanca, el presidente norteamericano mostró una lista con las tarifas que aplicará a todos los productos de cada país: un arancel universal del 10% —que será efectivo desde el 5 de abril, al que se suman gravámenes adicionales para determinados territorios que entrarían en vigor el 9 de abril. En el caso de la UE aplicará un 20%; en el de China, un 34% (que se suma al 20% con el que ya contaba); y en el de Japón, un 24%.

—El primero objetivo es reforzar la soberanía de la cadena de suministro estadounidense para eliminar la influencia que otros países tienen sobre ella. Esto puede conseguir perseguirse con plan colateral de contingencia, insinuando así la preocupación por una guerra de gran envergadura. Los dos adversarios más probables son China e Irán, y un conflicto caliente con cualquiera de los dos sumiría a la economía mundial en el caos. Por tanto, es posible que Trump quiera dar prioridad a la deslocalización para que EE.UU. minimice preventivamente las consecuencias.

—El segundo objetivo se refiere a que EE.UU. incite a todos los países a renegociar sus lazos bilaterales, durante lo cual EE.UU. podría ofrecer reducir los aranceles a cambio de ciertas concesiones. Éstas podrían consistir en distanciarse de China y sustituirla gradualmente por EE.UU. como principal socio comercial. También podrían ofrecerse otros incentivos, como compartir tecnología y acuerdos militares. El objetivo sería debilitar a China reduciendo su comercio exterior.

—El tercer objetivo es dar forma al orden mundial emergente, para lo cual EE.UU. acelera sacudiendo la economía mundial. Obtener la soberanía de la cadena de suministro y reemplazar a China como el principal socio comercial para tantos países como sea posible incrementaría la influencia global de EE.UU., se daría en el contexto de su rivalidad sistémica con China

Efectos adversos en EE.UU. por la coerción de los aranceles

Un estudio publicado en marzo de 2023 de la USITC (Comisión de Comercio Internacional de EE.UU.) sobre el primer mandato de Trump estimaba que “los precios aumentaron aproximadamente un 1 % por cada incremento del 1 % en los aranceles”, los importadores estadounidenses asumieron casi la totalidad del costo de estos aranceles, lo que significa que los estadounidenses como consumidores finales pagaron el costo de los aranceles a través de la inflación.

El 4 de abril, el presidente de la Reserva Federal estadounidense, Jerome Powell, advirtió que los aranceles masivos incrementaron el riesgo de desempleo y probablemente generarán una mayor inflación y una desaceleración del crecimiento, durante la conferencia anual de 2025 de la SABEW (Society for Advancing Business Editing and Writing) en Arlington.

—La imposición de estas tasas obliga a las compañías de EE.UU. a hacer frente a un aumento de los costes de las materias primas importadas desde bienes de consumo básicos hasta productos industriales clave, como maquinaria y componentes tecnológicos.

—La apertura de plantas en EE.UU. lleva mucho tiempo y requiere muchos años antes de producir resultado positivo.

—Algunas compañías deciden trasladar su producción no a territorio estadounidense, como espera Trump, sino a otros países, libres de altos aranceles, como Camboya y Vietnam.

La doctrina Miran

El plan de Trump para disrumpir la globalización y reestructurar el sistema comercial mundial se inscribe en una lógica mercantilista, en la que la potencia de un Estado se define por su capacidad para aumentar sus exportaciones e imponer sus reglas a otros países. Al igual que el mercantilismo histórico del siglo XVIII, este neomercantilismo [2] impulsado por un Estado fuerte no está en absoluto reñido con la defensa de los intereses y beneficios privados 1. Busca utilizar y valorar las grandes empresas privadas como principales vectores de la potencia del Estado y de la nación. La potencia económica no emana de los principios del libre comercio, sino de la capacidad de EE.UU. para imponer sus normas al resto del mundo, mediante un uso constante de las relaciones de fuerza (hard power) y la simbiosis estrecha entre el aparato estatal y la estrategia de las grandes empresas.

La política comercial proteccionista de Trump está aplicando meticulosamente la Doctrina Miran: “A User’s Guide to Restructuring the Global Trading System”en la que el componente monetario consta de dos elementos:

a)Mantener e incluso reforzar el dólar como moneda de reserva mundial.

b) Desarrollar el papel de las criptomonedas, las stablecoins, es decir, criptomonedas que a diferencia del bitcoin, pueden tener un valor estable respaldado por el valor de las monedas de reserva.


Notas:

[1] Acaparamiento del dinero sin que fructifique en el circuito económico

[2] Orain, Arnaud (2025): “Le monde confisqué. Essai sur le capitalisme de la finitude (XVIe-XXIe siècle)”. Ed. Flammarion, París

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