La república es urgente, la república es importante

Cartel segunda marcha republicana junio 2025

Este curso político está atravesado, como tantos otros, por multitud de luchas que afectan a la clase trabajadora, es decir, a las grandes mayorías poblacionales que habitamos los territorios de todo el Estado, las que seguimos tratando de dignificar nuestras vidas con derechos tan básicos y tan constitucionales como son la vivienda, la igualdad, el trabajo, la participación, la sanidad y la educación, entre otros.

En esa clase trabajadora hay muchos perfiles sociológicos: las que no llegamos a fin de mes, las que invertimos la mayor parte de nuestro salario en el alquiler, las que trabajamos horas no pagadas, las que vivimos al día y no podemos proyectar un futuro porque nos movemos en la incertidumbre y la precariedad, las que viven en la inseguridad de la irregularidad administrativa, las invisibilizadas y las situadas forzosamente en los márgenes de un centro construido únicamente por y para la minoría burguesa, blanca, occidentalizada, hegemónica.

Los discursos y las políticas bélicas de esta era (política, histórica, económica, social y cultural) establecen el marco material y simbólico en el que estamos situados, marcan la agenda política configurando el mapa geopolítico internacional que, con la llegada de Trump al gobierno de Estados Unidos, ha precipitado la reestructuración geopolítica en grandes bloques antagónicos entre Europa y EE.UU., anclados en las relaciones comerciales y financieras, en esta interpretación trumpista, neoliberal, de las relaciones internacionales y diplomáticas como relaciones comerciales y empresariales.

Recientemente Ursula von der Leyen, actual presidenta de la Comisión Europea, instaba a los Estados miembros de la UE a rearmarse (800.000 millones de euros), a invertir mayores fondos en defensa, a elevar el gasto militar. La ultraderecha, el fascismo, no hace más que aumentar en el terreno de la desigualdad social, en la ausencia de Estados fuertes, sociales, que sostengan las vidas de nuestra clase. A su vez, asistimos a esta sociedad del espectáculo, en la que Palestina es una suerte de escenario y nos hemos convertido en las observadoras del genocidio en tiempo real, Gaza pronto será un resort en el que Musk y sus colegas llevarán una pulserita.

Mientras, la Casa de Borbón, institución instaurada por el fascismo, y el jefe del Estado Felipe VI, que es el más alto representante de España, sigue recibiendo condecoraciones en el ámbito académico y, por ende, reconocimiento social, en universidades sostenidas con fondos públicos. La Universidad Carlos III de Madrid entregó la Medalla de Honor en febrero del presente año a Felipe de Borbón y en la Universidad de Alcalá fue investido recientemente Doctor Honoris Causa, entre otras.

En la serie de televisión “Su Majestad”, la ficción dirigida por Borja Cobeaga y Diego San José, vemos una sátira que es sólo la punta del iceberg de la realidad borbónica. Sabemos que hacer sátira de la familia real sigue siendo, a día de hoy, introducirse en aguas pantanosas. En Tik Tok e Instagram, la heredera al trono Leonor de Borbón, se posiciona como una modelo, un referente para las nuevas generaciones, en esta proyección de continuidad del trono en nuestros territorios, en este lavado de cara de una institución obsoleta.

Pero, como venimos diciendo, en nuestro modelo de Estado no cabe el sostenimiento de esta familia que hereda por vínculos de consanguinidad la jefatura del Estado, monarquía y democracia son incompatibles, la República es el modelo de Estado que queremos. La república, lejos de ser una rémora del pasado, es una cuestión de presente y de futuro: es urgente y es importante.

En la situación política y social actual nos encontramos la desafección, la desesperanza e incluso el rechazo a la república o la consideración de que no es una prioridad, hasta en nuestras filas. No han entendido aún que no es una causa perdida, que podemos tener la capacidad de traer la República, la Tercera, como modelo de Estado a nuestro presente.

El PCE somos un partido capaz de articular, de establecer alianzas, de organizar a nuestra clase, de facilitar los procesos necesarios y de dar los pasos para ello, pero, para la consecución de este objetivo debemos dejar de conceptualizarnos como un partido minoritario y como un partido en dinámicas internas parlamentaristas.

En la calle y en las instituciones la república ha de construirse. Debemos entender que esto nos va a trascender, que tenemos que hablar entre nosotros/as y con otros/as, que, para que la República como modelo de Estado sea un hecho debemos conversar y crear alianzas con fuerzas que no estén exactamente en nuestro espectro ideológico. Pero esto no es una concesión, defenderemos la república que queremos, es una convocatoria por la democracia.

Tenemos un contexto internacional, como refería en el principio, que nos apremia a organizarnos y a no depositar la toma de decisiones en coronas, ni en sotanas, ni en trajes con los botones a la derecha. Más bien, requerimos de manos que sostienen vidas, manos que cuidan, manos que trabajan dentro y fuera del hogar, comunistas de toda la vida, que tienen presente de dónde vienen y hacia dónde van, que dejan fuera los egos y ponen de nuevo en valor lo colectivo, que es nuestra seña de identidad.

Tras más de diez años de reinado de Felipe VI, el movimiento republicano unitario y plural que nunca ha dejado de interlocutar y actuar y que sigue trabajando cotidianamente por la República trae una fuerza renovada. Ya lo demostró el pasado 16 de junio en las calles de Madrid, en una convocatoria a la que acudieron treinta mil personas de todos los territorios del Estado, la Marcha Republicana. Y este año, después del Encuentro de Cargos Públicos por la República del 22 de marzo y las convocatorias, acciones y movilizaciones, del Abril Republicano, ahora tenemos por delante una importante movilización estatal, el domingo 15 de junio la segunda Marcha Republicana. 

Seguimos trabajando por la república, es decir, por la democracia y contra el fascismo: “En el infierno de terror fascista, que ahoga en sangre las libertades populares, dispuestos a luchar hasta el último cartucho, dispuestos a defender las libertades populares, marchamos decididos a no terminar la lucha hasta batir el enemigo (…) Todos los sacrificios imaginables antes que consentir que triunfen las fuerzas que representan un pasado de opresión, un pasado de tiranía, todos contra la reacción, todos contra el fascismo, un solo frente, una sola unión, hombro con hombro, unidos todos (…)” (Dolores Ibárruri, 1936).

(*) Rut A. Mijarra, miembro de la secretaría de República del PCE