Compañeras del Ocho de Marzo

Pienso siempre en las mujeres que nos han precedido en la larga lucha por la igualdad, en las primeras feministas, en las republicanas que alumbraron con su compromiso y su palabra nuevos derechos y nuevas formas de ser y de estar en el mundo
Foto: José Camó

Cuando, como cada año, salimos a la calle para conmemorar el Ocho de Marzo, recordando que es el Día Internacional de lucha por los derechos de las mujeres y haciendo balance de los logros cumplidos y las conquistas pendientes, yo pienso siempre en las mujeres que nos han precedido en la larga lucha por la igualdad, en las primeras feministas, en las republicanas que alumbraron con su compromiso y su palabra nuevos derechos y nuevas formas de ser y de estar en el mundo; de las mujeres que, como muchas de nuestras madres, no hablaban de feminismo, pero nos dieron la oportunidad de volar con unas alas que ellas nos ayudaron a tejer con su cariño y su complicidad; pienso también en las mujeres de nuestra misma generación, pero que, por algunos años de diferencia, llegaron antes que nosotras y nos abrieron caminos y eran algo así nuestras hermanas mayores, a unas las teníamos al lado y eran confidentes y amigas; de otras, solo teníamos referencias porque eran actrices, cantantes, escritoras… pero también formaban parte de nuestro universo de adolescentes o jóvenes que soñábamos con cambiar el mundo. Recuerdo a Emma Cohen contando su experiencia en el Mayo del 68 francés, la novela Nada de Carmen Laforet que nos familiarizó con la calle Aribau, antes de conocer Barcelona, porque era la calle en la que vivió Andrea o las novelas de Monserrat Roig que tanto nos ayudaron a entender la contradicción de género, antes de leer a Simone de Beauvoir, a Betty Friedam o a Alejandra Kollonatai; nos alegraba ver a Massiel, después de Eurovisión y de “La, la, la” recitando poemas de Bertolt Brecht y cantábamos “La muralla” con Ana Belén, “Yo te nombro, libertad”, con Nacha Guevara y tantas canciones de Ana María Drack, de Rosa León o de María del Mar Bonet, que fueron la banda sonora de nuestra vida.

Entre las que considerábamos hermanas mayores y cercanas estaban las que empezaron sus estudios en la Universidad unos años antes que nosotras, las que se iban en verano a Irlanda o a Inglaterra para trabajar de au-pair o para estudiar un curso de inglés y las que nos pasaban los primeros textos del Partido y nos animaban a participar en las primeras movilizaciones a las que asistimos. Con ellas empecé a dar los primeros pasos en el camino de la igualdad, con la asociación feminista Ocho de marzo en Jaén hace cuarenta y cinco años, en la HOAC y en el PCE, donde encontré a muchas de esas mujeres, estudiantes algunas todavía, profesionales otras, empleadas, obreras, con experiencia de lucha política y sindical, curtidas en el trabajo a doble o triple jornada, tan responsables y entusiastas como animosas y entregadas.

Tengo la fortuna de haber conocido a mujeres maravillosas a lo largo de todos estos años de compromiso político: las compañeras del Área de la Mujer de Izquierda Unida, las que ocupan cargos públicos e incorporan la igualdad en todas sus propuestas, las que debatimos después de varias décadas si el Ocho de Marzo es el Día de la Mujer Trabajadora o el Día de las Mujeres, las que escriben manifiestos, aparecen en los medios de comunicación y organizan jornadas de formación y debate. Me gusta pensar que somos muchas —las de la generación anterior, las hermanas mayores, las compañeras de varias décadas y las jóvenes que se incorporan al compromiso político y a la lucha por la igualdad— y, con ellas y por ellas, voy cada año a la manifestación del Ocho de Marzo.

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