Estación pirenaica

Para significar que, estando fuera, no estaba lejos, se habló siempre de la Estación Pirenaica: es decir, la resistencia, la oposición invencida a Franco, la alternativa democrática no estaba lejos, sino muy cerca, al otro lado de los Pirineos
Cartel Radio España Independiente (La Pirenaica)

Radio España Independiente, Estación Pirenaica, “La Pire”, creada acto seguido de perder la guerra la parte de los rojos, es decir, los representantes legítimos de la República, es un ejemplo impagable de esa épica casi increíble de los comunistas españoles, derrotados, pero no vencidos. Se monta de inmediato, tras la autocrítica por la falta de una estructura paralela, clandestina, en caso de perder la guerra, desde la que montar la resistencia, que, por tanto, tiene que montarse fuera: dentro no hay sitio donde esconderse y, mucho menos, generar las posibilidades para no dejar de hablar de la lucha contra el fascio.

Emite desde Moscú y después desde Bucarest, y es Ramón Mendezona su director de casi siempre, siendo Dolores la gran gestora de ese “voluntarismo” que creían necesario para que nadie rindiera las banderas todavía, ni dentro ni fuera. Y para significar que, estando fuera, no estaban lejos, se habló siempre de la Estación Pirenaica, de “La Pire”: es decir, la resistencia, la oposición invencida a Franco, la alternativa democrática no estaba lejos, sino muy cerca, simplemente al otro lado de los Pirineos, en la parte, eso sí, de la umbría.

Lo mismo que María Teresa León y Rafael Alberti, en su periplo interminable y extenso, no deshacían las maletas por si había que regresar de nuevo a España a fin de restaurar la democracia republicana, “La Pire” no dejaba nunca de estar cerca, ni cesaba, en este sentido, de leer las cartas que recibía desde España y que hablaban de lucha y de fe y de espíritu revolucionario y resistencia incansable.

Recuerdo la carta que desde Jaén escribimos tras distintas reuniones en casa de Brígida, a los pies del Castillo, cerca ya de conquistar la legalidad. La historia era impagable. Franco había dicho, en una de sus visitas, pocas, a la provincia, que qué era de eso del partido comunista, que el Partido Comunista ya había acabado y no tenía existencia alguna. Brígida y los suyos compraron varios botes y tiñeron de rojo una sábana, que una madrugada, prendida en un mástil, pusieron en las faldas del castillo, en una de las laderas por donde se cuela la carretera de entrada a la ciudad. Pronto hubo detenciones y encarcelamientos. Incluso alguno de los detenidos tenía todavía marcas de tinte rojo en las manos. Pagaron con cárcel, aislamiento y problemas económicos, pero no se rindieron. Y ahí seguían, intentando sacar aquella historia que nadie les compraba y que, en forma de carta, se hizo llegar a “la Pire”.

Historias escritas y después del 77 (cuando dejó de emitir la Estación Pirenaica) contadas públicamente que hablaban de una realidad sencilla, humilde si se quiere, pero épica, heroica a su manera, en la lucha de “El partido”, ese partido (no hacían falta adjetivos) que no aceptaba la derrota ni siquiera la espera: a las libertades, se decía, no se las espera, hay que ir a por ellas.

Esa misma voluntad indómita hizo que “La Pire”, desde sus lejanas emisiones, atacadas por ruidos retorcidos, y “gangoserías” varias, y miriadas de insectos radiofónicos que el régimen oponía, supo hacer frente al silencio y atreverse incluso a ser la alternativa a la poderosísima Radio Nacional de España. Una oposición que tenía en la voz de trueno y palomo de Pasionaria el referente incansable de rebeldía y voluntad de democracia.

A partir de aquella primera sesión de la Cortes que inició la discusión de la nueva Constitución, retransmitida, por cierto, a través de “La Pire”, la Estación Pirenaica de Radio España Independiente dejó de emitir. Se iniciaba una nueva fase, tras un largo desierto de lucha y atrevimiento.

Recuerdo el cansancio tranquilo de Ramón Mendezona una noche en Jaén. Había empezado a organizar sus apuntes y recuerdos para dejar constancia del trabajo de la Pirenaica. Sonreía apaciblemente, pero con un gesto extraño: el de aquellos que no han aprendido todavía a descansar.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.