Vivimos una encrucijada histórica. La Europa que se prometía unida, democrática y en paz se desliza cada vez más hacia la lógica del enfrentamiento, el militarismo y la sumisión a los intereses geopolíticos de Washington, ajenos a los pueblos del continente. En nombre de una supuesta seguridad, los gobiernos europeos aumentan vertiginosamente sus presupuestos militares, relegando la inversión social, mientras la guerra vuelve a instalarse en suelo europeo y en las conciencias colectivas.
Frente a este escenario, urge levantar una voz clara: En defensa del Estado de Bienestar, en contra del rearme, por una seguridad común y una Europa de paz, inclusiva y verdaderamente soberana.
1. El rearme de Europa: Entre el miedo inducido y los intereses industriales
Desde que la guerra de la OTAN con Rusia en suelo ucraniano se agudizara en febrero de 2022, los países de la Unión Europea han justificado un incremento sin precedentes del gasto militar. Alemania, por ejemplo, ha aprobado un fondo especial de 100.000 millones de euros para modernizar sus fuerzas armadas. Francia, Polonia y los países bálticos siguen el mismo camino. Sin embargo, más allá del dramatismo de la situación, lo que se está consolidando es un complejo militar-industrial alimentado por el miedo, que desplaza la inversión pública desde la salud, la educación y la transición ecológica, hacia la compra de armamento.
Este rearme no es espontáneo. Está promovido por una estrategia geopolítica de confrontación promovida por el imperialismo a través de la OTAN, dejando de lado los intereses soberanos de los pueblos europeos, y anteponiendo los de una hegemonía atlántica en declive, que pretende contener el ascenso de potencias alternativas como China o Rusia, a costa de la militarización del continente.
2. El costo social del militarismo: la erosión del Estado de Bienestar
Cada euro que se destina al gasto militar es un euro que no va a hospitales, escuelas, viviendas sociales o energías renovables. En un contexto de crisis múltiple —económica, climática, social— el rearme representa un desvío de recursos escandaloso. La austeridad vuelve, pero esta vez disfrazada de “responsabilidad militar”.
La salud mental de la juventud, la crisis de los alquileres, el colapso sanitario postpandemia, la falta de recursos en la educación pública: Todo queda subordinado al imperativo de prepararse para la guerra. La guerra permanente, como lógica imperial, exige una ciudadanía empobrecida, precarizada y sometida a una narrativa del miedo.
3. La seguridad común como alternativa: la herencia de Helsinki y la Carta de París
Frente a la lógica del enemigo, la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa) propuso desde los años 70 una visión distinta: La seguridad común. Inspirada en los Acuerdos de Helsinki de 1975 y reafirmada en la Carta de París de 1990, esta doctrina sostiene que la seguridad de un país no puede construirse a costa de la inseguridad de otro. Que la paz es indivisible.
Esta visión —pisoteada en los últimos años— incluye a toda Europa, desde Lisboa a Vladivostok, y reconoce a la Federación Rusa como un actor legítimo en el entramado europeo. Reivindicar esta tradición significa apostar por la diplomacia, por la desescalada, por mecanismos de cooperación multilateral y por el desmantelamiento de bloques militares.
4. Contra el imperialismo y el doble rasero moral
La política exterior de la Unión Europea ha asumido una deriva peligrosamente alineada con los intereses de la OTAN y, por ende, con la estrategia global de los Estados Unidos. Esto no solo socava la autonomía estratégica europea, sino que la convierte en cómplice de políticas neocoloniales e intervencionistas.
Basta ver el silencio cómplice o el apoyo activo a guerras como las de Iraq, Libia o Afganistán, que han sembrado el caos en regiones enteras y generado oleadas de refugiados que luego son rechazados en nuestras fronteras. O el respaldo sin matices a Israel, incluso frente a evidencias abrumadoras de crímenes de guerra y prácticas genocidas contra el pueblo palestino.
5. Palestina: la prueba moral de Europa
La ocupación y colonización de Palestina, así como el actual genocidio en Gaza, constituyen una mancha indeleble en la conciencia de Occidente. El apoyo político, diplomático y militar a Israel, brindado por potencias europeas, revela el cinismo de quienes invocan la legalidad internacional solo cuando conviene a sus intereses.
Una Europa coherente con los principios de la Carta de las Naciones Unidas debe exigir el fin del genocidio, del apartheid, apoyar el derecho al retorno de los refugiados palestinos y reconocer de forma efectiva el Estado palestino. Todo lo demás es hipocresía.
6. Por una Europa de los pueblos, no de los mercados ni de los ejércitos
La construcción europea ha estado dominada por los mercados, las finanzas y ahora, crecientemente, por la lógica militar. Pero otra Europa es posible: una Europa social, ecológica, feminista y pacifista. Una Europa que retome el control democrático sobre sus políticas exteriores, energéticas y de defensa. Que respete la autodeterminación de los pueblos, que cumpla con el derecho internacional en Palestina y en el Sáhara Occidental.
Solo una Europa así podrá tener autoridad moral y política para contribuir a un orden internacional multipolar, justo y basado en el respeto mutuo.
Por todo ello, hoy más que nunca, es urgente levantar la voz contra el militarismo, contra la OTAN y contra quienes nos quieren condenar a elegir entre cañones o derechos sociales. Necesitamos una Europa que dé la espalda a la lógica de bloques, que rompa con la subordinación a la agenda imperialista de Washington, y que apueste por la paz, la justicia y la soberanía popular.
Los próximos 23 y 24 de junio, en Bruselas, las trabajadoras y los trabajadores nos encontraremos en el Foro Internacional por la Paz para decir con firmeza que el único kit de supervivencia posible es la defensa del Estado de Bienestar. Porque no habrá paz sin justicia social. Porque hoy más que nunca debemos hacer nuestras las palabras de Fidel al recibir el premio Lenin de la Paz en 1962: “La lucha por la paz, es decir, la lucha contra la guerra, la lucha por el desarme, significa no una actitud pasiva, sino una actitud activa en favor de la independencia y de la liberación de los pueblos”.







