150 años

Se nos quiere hacer ver a un Machado puro, no contaminado por la gente. No, Machado, como lo fuera Miguel Hernández, es un poeta del pueblo, y no un poeta melancólico de estado
Exposición de pintura: "La última instantánea de Antonio Machado". Obras de Felipe Alcaraz. 26 de mayo - 20 de junio 2025. Sala de exposiciones del ayuntamiento de Maracena (Granada).
Exposición de pintura: "La última instantánea de Antonio Machado". Obras de Felipe Alcaraz. 26 de mayo – 20 de junio 2025. Sala de exposiciones del ayuntamiento de Maracena (Granada) | Foto: @FelipeAlcarazM

Dentro de poco, el 26 de julio, hará 150 años que naciera don Antonio Machado, poeta del pueblo (no poeta de estado, que también los hay). Lo nacieron en Sevilla, en 1875, y 63 años después moría exiliado en Collioure. Quizás moría de pena, pero sin dejar de mirar hacia atrás con esperanza: aquellos días de leyenda y felicidad amarilla. La esperanza es lo último que nos hiere.

Dicen que días después de la muerte y del entierro de don Antonio, su hermano Manuel, que anduvo por allí con un salvoconducto franquista, se llevó la última página del poeta: “Estos días azules y este sol de la infancia”. No es seguro. Lo que sí es seguro es que se llevó el bastón de don Antonio, en el que este había apoyado su dignidad los últimos años, ya enfermo, respirando mal en Madrid, en Rocafort, en Barcelona, en Port Bou… Con el rostro muy cambiado, algo decaído, pero nunca resignado. A finales del 38 le dijo al bolchevique Ehrenburg que, a pesar de lo que se decía, quizás humanamente habían ganado la guerra.

Salieron de Barcelona, que caería poco después en manos de los sublevados, el 22 de enero, un mes antes de su muerte. Y tardaron en llegar a Port Bou. Por el camino se unió gente a la tropilla familiar de don Antonio, nucleada siempre por la madre, Ana Ruiz, que en la desventura final, cerca ya de la frontera, preguntó que cuándo llegarían a Sevilla. Aparte del gran Tomás Navarro Tomás, se unieron a la marcha, Joaquín Xirau, rector de la Universidad de Barcelona, que nos dejó una crónica escrita impagable sobre aquellos días, y el asombroso Corpus Barga, que, según se cuenta, le hizo la ultima fotografía en la estación de Port Bou. O quizás la última fue una foto robada en la terraza del hotel de Collioure, donde el rostro de don Antonio Machado es decidido pero final; vestido de ropa de andar por casa, con un pañuelo en el cuello y otro, de bolsillo, entre las manos. También se ha dicho que esa foto realmente se hizo en Rocafort.

Pero no fue una sola instantánea, la de Corpus Barga (?), sino tres por lo menos. Una mirando a cámara, con la boca entreabierta y esa expresión algo transida de aquellos que respiran mal. Otra con la boca cerrada (“Don Antonio, cierre la boca por favor”), con la mirada algo desviada del obturador. Y una tercera en el momento en que empieza a reabrir la boca y retira la mirada del obturador, como quien regresa a sí mismo, con una pincelada de saliva en su labio inferior algo caído.

Durmieron a cuatro kilómetros de Port Bou, en una pequeña estación, donde les cedieron un vagón varado en vía muerta y sin calefacción. Parece que don Antonio cogió frío y empeoró. Al día siguiente el grupo de unas 40 personas empezó a desmembrarse. Don Antonio y familiares hicieron un breve viaje para refugiarse en un pueblo costero cercano. Parece que Xirau y Corpus Barga los acompañaron. La madre de don Antonio, Ana Ruiz, empezaba a empeorar, pero mantenía lo que había dicho siempre: que al menos duraría lo que viviera su hijo Antonio. Como así fue, aunque solo fueran tres días (tuvieron que sacar el cuerpo de Machado levantándolo sobre la cama donde yacía inconsciente la madre).

A la hora del almuerzo, y por las noches, Pepe y Antonio comían a horas diferentes, haciendo turno para utilizar la única camisa blanca que les quedaba después de perder la maleta. Solo un día salió Machado del hotel Bougnol Quintana, y sentado cerca de una barca en la playa le dijo a su hermano que deseaba que todo aquel lío terminara para poder vivir modestamente y dedicarle mucho tiempo a la literatura. Señaló hacia una de las casas de los pescadores, y quizás no pensaba en el poema “Retrato”, que abre Campos de Castilla, pero ahí está:

Y cuando llegue el día del último viaje,

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.

Y termino: Hoy es siempre todavía (Ángel González: hoy es ya nunca). No queremos, no podemos querer que pase inadvertida la fecha de este aniversario, no porque sufriera mucho don Antonio, sino por su radical “demofilia”, su radical amor al pueblo y su obediencia explícita a él, y por eso su coherencia radical hasta el final. Y precisamente por eso hay que hacer un esfuerzo de memoria, sobre todo ahora, en que solo se nos quiere hacer ver a un Machado puro, no contaminado por la gente. No, Machado, como lo fuera Miguel Hernández, es un poeta del pueblo, y no un poeta melancólico de estado raptado por la impostura de un grupo de ancianos del régimen del 78 o más allá. Gracias al Ayuntamiento de Maracena (Granada) por permitirnos hablar de estas cosas y mostrar la última mirada de don Antonio. Y gracias a Atrapasueños.

Hora de mi corazón:

la hora de una esperanza

y una desesperación.

Exposición de pintura: "La última instantánea de Antonio Machado". Obras de Felipe Alcaraz. 26 de mayo - 20 de junio 2025. Sala de exposiciones del ayuntamiento de Maracena (Granada).
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