En la ya larga trayectoria creadora de Javier de Isusi (Bilbao, 1972) encontramos permanentemente dos constantes. La primera es su compromiso social, desde una perspectiva humanista, que privilegia dar voz a los explotados, los perseguidos, las marginadas… La segunda es la importancia del viaje, de ese desplazamiento, voluntario o forzoso, que modifica para siempre las miradas de quienes habitan a un lado u otro de las fronteras.
Lo vemos así incluso reflejado en el título de su primer ciclo, Los viajes de Juan Sin Tierra. En estos libros, el protagonista irá modificando su óptica eurocéntrica a medida que se encuentra con los otros, sean estos las comunidades campesinas de Chiapas, los indígenas no contactados del Amazonas o el Movimiento Sin Tierra de Brasil. Claudio Maringelli ha calificado la tarea emprendida por De Isusi como la descolonización de la aventura.
De igual manera vemos reflejado el viaje en tanto que mecanismo de supervivencia en libros como Asӯlum, un relato que muestra las vidas cruzadas de personas de diferentes orígenes y generaciones en busca de refugio y protección internacional, o Transparentes. Historias del exilio colombiano.
Incluso en su obra más reconocida hasta la fecha, La divina comedia de Oscar Wilde, por la que De Isusi recibió el Premio Nacional del Cómic de 2020, asistimos a la última escena de la vida del poeta y narrador irlandés, cuando este se ve forzado a ganar tierras francesas para escapar del escándalo que supuso en Inglaterra su condena por homosexualidad.
Sin embargo, en su última obra, Todas las mañanas, el escritor bilbaíno nos habla de otro tipo de viaje, uno que no precisa de ningún desplazamiento espacial, sino que afecta a aquello que nos define como personas. Este libro surge por encargo de Redes AFE, un programa que busca extender la modalidad del acogimiento familiar especializado, una salida alternativa al internamiento en una institución para aquellos menores con problemas de salud mental o de conducta y adaptación, normalmente derivados de traumas o malos tratos sufridos en edad temprana. La diferencia de este programa es que uno de los miembros de la familia de acogida debe tener experiencia previa en el cuidado de menores y que por su tarea va a obtener una remuneración económica.
Cuenta De Isusi que, en un principio, dudó en aceptar la propuesta, ya que se encontraba inmerso en el proceso creativo de otro proyecto, pero no pudo negarse a contribuir con su grano de arena cuando fue consciente del inmenso dolor que algunas abnegadas personas están empeñadas en mitigar. Para documentarse sobre el guion, De Isusi conoció a varias familias de acogida y compartió con ellas sus experiencias, su alegrías y también sus dudas. De estos encuentros surgieron muchas vivencias reales que ha trasladado al cómic, modificando nombres y circunstancias para asegurar el anonimato de los entrevistados.
Todas las mañanas es una ventana abierta en los hogares de dos familias, centradas en las figuras de dos menores, Axel y Cristina, y sus madres de acogida, Ana y Laia, la primera psicóloga y la segunda educadora social. A pesar de su formación profesional, vemos cómo han de enfrentarse a duras situaciones que las empujan hasta el límite de su resistencia. Una dificultad que comparten ambos menores es la incapacidad para expresar sus sentimientos, incluida la represión de un llanto que, cuando se consigue provocar, se convierte en un aliviadero de sus emociones.
Por sus páginas desfilan los momentos bellos y también las tensiones que se provocan en el seno de las familias. En el caso de Ana, ha de lidiar con las dificultades de convivencia entre el menor de acogida y sus dos hijas biológicas, el nuevo equilibrio en la relación personal con su marido o las visitas periódicas a la madre biológica del menor. Laia, por el contrario, vive sola y ha de buscar apoyo en sus amistades y en los equipos técnicos institucionales.
De Isusi no ha rehuido mostrar el duro contenido de las mochilas con que cargan estos menores (abandono, malos tratos), pero siempre desde la contención y el respeto. Como recurso técnico, ha buscado utilizar en sus acuarelas una gama de colores un tanto desvaída, con predominio del naranja y el azul, de modo que permitiera aliviar la tensión de la lectura. También la introducción de notas de humor o el paseo final por la playa de la familia de acogida de Axel introducen momentos de respiro que equilibran el peso del relato. Destaca también la ternura con la que una de las hijas biológicas de Ana dibuja en un cuaderno una especie de cuento que acaba compartiendo con Axel.
Los rostros dibujados por De Isusi mantienen su característica expresividad, mientras que los cuidados escenarios, sean urbanos o de naturaleza, acompañan el desarrollo de la historia, sin desviar la atención sobre lo más importante: la dedicación de las familias de acogida a estos menores «todas las mañanas, todas las tardes, todas las noches, las 24 horas del día, los 7 días de la semana».







