La guerra global desatada por EE.UU. e Israel en Oriente Medio, opaca el genocidio en Palestina

Israel, mientras desataba una guerra contra Irán, cerraba nuevamente la entrada de alimentos y ayuda humanitaria necesaria para la supervivencia de la población palestina.
Población palestina desplazada | Jaber Jehad Badwan / CC BY-SA 4.0
Población palestina desplazada | Jaber Jehad Badwan / CC BY-SA 4.0

La criminal destrucción de edificios civiles, en el Líbano e Irán y el elevado número de personas civiles asesinadas, copian la política de guerra genocida llevada a cabo contra Gaza desde el 7 de octubre de 2023.

El pasado 5 de marzo, el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, recorrió la frontera con el Líbano y prometió que “muy pronto, Dahiya se verá como Khan Younis”. Se refería a que Dahiya, barrio periférico del sur de Beirut en el Líbano, sería arrasado y convertido en un solar lleno de escombros, al igual que Khan Younis, ciudad situada al sur de Gaza.

Más de un millón de personas han huido desde el sur hacia el norte del Líbano, repitiendo la danza macabra de la población de Gaza, a la que hacían huir de norte a sur y viceversa durante dos años de incesantes bombardeos.

El genocidio en Palestina continúa, oculto tras el humo del incendio de la guerra en Oriente Medio. Desde el 11 de octubre, primer día del alto el fuego, Israel ha matado a 673 personas en Gaza y ha dejado heridas a otras 1.799.

El régimen sionista, al mismo tiempo que iniciaba junto a EE.UU. una guerra traicionera contra Irán, volvía a cerrar las fronteras de Gaza, impidiendo nuevamente la entrada de alimentos y ayuda humanitaria necesaria para la supervivencia de la población palestina. La principal frontera que debería haberse abierto el 11 de octubre, el paso de Rafah a Egipto, se abrió el 2 de febrero, y solo para el paso de personas enfermas o heridas, haciéndolo además por cuentagotas. Según el acuerdo, también podían volver personas palestinas que previamente habían salido hacia Egipto por el mismo motivo. El hecho de que miles de personas quieran volver a Gaza, en una situación donde siguen los ataques a la población civil y, también, la falta de comida, de vivienda, de agua, de medicinas, es el mayor ejemplo de la heroica resistencia del pueblo palestino a abandonar su tierra. Los israelíes solo han permitido el paso de algunas decenas de personas, las cuales han sido interrogadas durante 6 ó 7 horas, vejadas, atadas, robadas y vendados los ojos, antes de permitirles volver a entrar en Gaza. Portavoces del régimen anunciaron que el paso de Rafah se reabriría nuevamente el 18 de marzo, mientras que han comenzado a entrar unos 200 camiones de ayuda humanitaria desde Israel, un tercio de lo contemplado en el acuerdo de alto el fuego, y cifra completamente insuficiente para atender las necesidades de más de 2 millones de personas.

Más terrorismo sionista sobre Cisjordania

Mientras la situación en Cisjordania sigue empeorando, la población sigue sufriendo los ataques de colonos y del ejército sionistas, ataques que dejan muertos y heridos, coches y casas destruidos, ganado robado, árboles cortados…

El coche de una familia, que el pasado 15 de marzo regresaba a su ciudad natal, Tammoun, en el norte de Cisjordania, fue tiroteado en la carretera, por fuerzas especiales del ejército sionista. En el ataque murieron los padres, Ali Khaled, de 37 años, y su esposa Waad, de 35. Dos de sus hijos, Mohammad, de 5, y Othman, de 7. Otros dos hijos que viajaban en el vehículo, Mustafa y su hermano Khaled, sobrevivieron al tiroteo, pero resultaron heridos. Mustafá declaró que los soldados lo sacaron del vehículo y lo golpearon, gritando: «¡Hemos matado perros!».

El alcalde de Tammoun, Samir Bisharat, declaró que Ali, el padre, era un trabajador de la construcción y tenía una vida regular con su familia. “Nunca tuvieron ningún problema con la ocupación ni con nadie más”. Tanto Ali como su esposa Waad, eran personas respetadas en la comunidad.

Todos los círculos que representan los enclaves ciudadanos palestinos dentro de Cisjordania, están cada vez más cercados asemejando a guetos amurallados, más que a ciudades abiertas. Es lo que ha ocurrido con Silwad, al noreste de Ramallah. El 28 de febrero, el ejército instaló una nueva puerta de hierro en la carretera que une esta ciudad con Deir Jarir. Ya había instalado otra puerta en el otro extremo de Silwad, durante el primer alto el fuego en Gaza. Ahora, la ciudad palestina se ha quedado prácticamente atrapada en una jaula.

La política de apartheid, expulsión o exterminio de los palestinos, lo expresaba muy claramente el 8 de marzo Gilad Shreiki, comandante de la Brigada Regional del Valle del Jordán del ejército israelí, al decir a los residentes de una aldea que estaban “sentados en tierras judías” y que sería mejor para ellos “salir de allí”.

(*) Responsable del PCE para Oriente Próximo

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