Los nuevos desafíos a los que se enfrenta la humanidad, como la emergencia climática, las enfermedades, la pobreza, la desigualdad, el hambre, el desempleo, el incumplimiento sistemático de los derechos humanos, son retos que necesitan un nuevo sistema de seguridad que ponga en el centro de sus preocupaciones la seguridad humana. La seguridad no puede definirse atendiendo únicamente a las posibilidades de conflicto entre los Estados o por las amenazas a las fronteras de un país. Armarse no es la única forma de proteger la seguridad, incluso puede ser un riesgo al provocar como reacción una carrera armamentística. El sentimiento de inseguridad de las mayorías sociales se debe más a las preocupaciones acerca de la vida cotidiana que al temor de una guerra o cataclismo. La seguridad en el empleo, la seguridad del salario, la seguridad en la salud, la educación y los servicios públicos básicos, la seguridad del medioambiente, la seguridad ciudadana y de convivencia. La seguridad requiere confianza entre países, una seguridad compartida, multilateral. No es posible garantizar seguridad solo para un país si no es mediante una supremacía armamentística. incompatible con mantener la inversiones y gastos sociales propios de un Estado social.
El sentimiento de inseguridad de las mayorías sociales se debe más a las preocupaciones acerca de la vida cotidiana que al temor de una guerra o cataclismo
La Alianza Atlántica se reunirá los días 24 y 25 de junio en la Haya para sancionar las políticas de rearme, ya no del 2% del PIB, sino previsiblemente —veremos— hasta el 5%, tal y como han propuesto el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio y el secretario general de la OTAN Mark Route, este último bastante explícito sobre los recortes sociales que esto significa por mucho que se niegue esta consecuencia por el presidente Pedro Sánchez.
Según el Instituto Internacional para la Paz de Estocolmo (SIPRI), en 2023, los 31 miembros de la OTAN gastaron 1,34 billones de dólares, lo que equivale al 55% del gasto militar mundial. Los países de la Unión Europea gastaron en 2024 aproximadamente 330.000 millones de euros en defensa. Rusia gastó prácticamente 120.000 millones de euros ese año.
Este ingente gasto contrasta por ejemplo con el reducido gasto de los mismos países en ayuda al desarrollo, uno de los más importantes mecanismos para también prevenir conflictos. La OCDE estimaba que en 2023 los países donantes a la ayuda oficial al desarrollo (AOD) —22 de los 32 países de la OTAN— destinaron 223.300 millones de dólares en Ayuda, reduciendo constantemente el compromiso de dedicar el 0,7% del PIB a la ayuda al desarrollo.
Armarse puede ser un riesgo al provocar como reacción una carrera armamentística. Hay que sembrar paz y vida, no guerras
En la última reunión del G20 a final del año 2024 la presidenta de México Claudia Sheinbaum explicó que “el gasto en armas creció casi al triple que la economía mundial en tan solo dos años; en cambio, 700 millones de familias aún viven por debajo de la línea de la pobreza. ¿Cómo es que la economía de la destrucción alcanzó un gasto de más de 2,4 billones de dólares?”. Sheinbaum propuso destinar el 1% del gasto armamentístico mundial en crear el plan de reforestación más grande de la historia. “Con ello ayudaríamos a mitigar el calentamiento global y restauraríamos el tejido social ayudando a las comunidades a salir de la pobreza. La propuesta es dejar de sembrar guerras, sembremos paz y sembremos vidas”.
La continuación de la guerra en Ucrania es el principal argumento de la UE para forzar la carrera armamentística. Una guerra evitable que se ha prolongado como manera de justificar el inmenso negocio de 800.000 millones de euros —más dinero que los 700.000 millones que la UE destinó a fondos de recuperación tras la pandemia del COVID— destinados a la industria militar, en su mayoría a la de EE.UU. o de empresas de este país en manos de grandes fondos de inversión internacionales.
En este marco la UE plantea la política de rearme como algo inevitable. La excusa es defendernos del nuevo “enemigo externo”, de una supuesta agresión de Rusia contra la Unión Europea o incluso contra países miembros de la OTAN. Un país con la cuarta parte de la población de Europa y una bajísima densidad de población, con un PIB inferior al de Italia, inmerso desde hace 3 años en una guerra con Ucrania en la que no ha sido capaz de tomar la capital de ese país, no está en condiciones de atacar a la OTAN o a la Unión Europea, ni parece que tenga motivo lógico para hacerlo.
En su última comparecencia ante el Congreso, Pedro Sánchez justificó la participación de España en el programa de rearme europeo diciendo que en el año 2014 Rajoy se comprometió ante la OTAN en elevar el gasto en defensa a hasta el 2% del PIB. Un Gobierno de izquierdas no puede estar comprometido por políticas de un anterior Gobierno de derechas que no han sido ejecutadas.
El Consejo de Ministros aprobó 10.000 millones de euros para gasto en defensa. Sumar e Izquierda Unida nos opusimos. Pedimos que ese gasto se debata y se vote en el Congreso
El Consejo de Ministros ha aprobado 10.000 millones de euros para gasto en defensa, con la oposición de la coalición Sumar y de Izquierda Unida, que también hemos pedido que ese gasto debe debatirse y votarse en el Congreso. Sánchez afirmo en el Congreso que ese gasto saldrá de “ahorros” en el pago de intereses por la reducción de deuda del Estado y de cantidades sobrantes que deberían haberse aplicado a programas de recuperación tras la crisis del COVID, insistiendo en que no va a tocarse ni un solo euro de lo previsto para gasto social o gasto medio ambiental. El Partido Comunista de España rechaza estos argumentos porque un solo euro invertido en el rearme es un euro que no se va a utilizar en gastos sociales imprescindibles y cuantiosos, como son los necesarios para poner en marcha un programa público que garantice el acceso al derecho a la vivienda.
El complejo militar-industrial de EE.UU. es el principal suministrador de la OTAN y único conglomerado industrial en condiciones de producir armamento por tan astronómica cifra. El PSOE anuncia que el 85% del gasto militar de España se ejecutará en industrias que se encuentran en territorio español. Aunque eso fuera cierto, industrias militares como Santa Bárbara hace tiempo que pasaron a ser propiedad de accionistas estadounidenses y la mayoría de las empresas que intervienen en la carrera de armamentos pertenecen a grandes fondos de inversión o a capital transnacional, por lo que los beneficios de este inmenso negocio no se van a quedar en nuestro país. Tampoco es cierto que este plan vaya a mejorar el crecimiento económico, aunque fuera cierto que el 87% del gasto va a ser consumido por empresas localizadas en España, a fecha de hoy no es creíble porque no hay capacidad productiva en la industria militar de nuestro país. En todo caso, la industria armamentística no genera importantes cifras de empleo atendiendo al gasto económico que consume.
Uniendo la movilización popular con la intervención institucional podemos hacer frente a la política de rearme y el discurso belicista
La posición del Partido Comunista de España y de Izquierda Unida en contra del rearme coincide con la mantenida con cada vez más organizaciones de izquierda en Europa. Es posible hacerlo fracasar si combinamos la movilización social y popular en contra de la carrera de armamentos y el discurso belicista, con una intervención institucional que dificulte la aprobación de este plan de 800 mil millones de euros. El plan se ha presentado apresuradamente y ni siquiera hay una propuesta creíble que a fecha de hoy suscite un gran acuerdo en la Unión Europea.
La sacrosanta regla de gasto neoliberal que no permite incrementar el gasto social y mejorar la vida de la gente, sí puede ser ahora anulada en beneficio de la industria militar
La propuesta actual se compone de dos pilares. El primero es la suspensión de las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, para gastar un 1,5% más del PIB en defensa durante los próximos cuatro años. La sacrosanta regla de gasto neoliberal que no puede eludirse para incrementar el gasto social y mejorar la vida de la gente, sí puede ser ahora anulada en beneficio de la industria militar transnacional. Según las estimaciones de la UE, si existiera un gran acuerdo se podrían usar por esta vía 650 mil millones de euros, que deberían gastar los países de recursos propios, endeudándose. El resto del plan de rearme debería llegar del nuevo instrumento para proporcionar 150 mil millones de préstamos a los Estados miembros para comprar armas, préstamos que deberán registrarse como deuda y déficit.
Esta propuesta solo satisface hoy a 16 estados miembros de 27, y tiene la oposición de Francia, Italia, España y los Países Bajos, que rechazan incurrir en ese volumen de endeudamiento. También es muy difícil alcanzar el objetivo establecido por la Comisión de 650 mil millones de aumento del gasto en defensa en cuatro años y que ese gasto se haga en empresas europeas como propone la UE. Esta coyuntura nos da algo de tiempo para poner en marcha una amplia campaña de sensibilización y movilización de las sociedades europeas contra el rearme. No basta con aprobar presupuestos que incrementen el gasto militar, sino que la carrera de armamentos exige que ese gasto se lleve a cabo, por lo que evitar el rearme también es impedir la ejecución del presupuesto aprobado a tal fin.
La clase trabajadora europea debe ser consciente de los peligros de la escalada belicista y de la necesidad de frenar el rearme y trabajar por la paz, implicándose en el impulso y promoción de un movimiento pacifista que fue muy fuerte hace años, pero que en los últimos años se encuentra debilitado. Concienciando a las mayorías sociales de que la mejor política de defensa es la negociación y el diálogo como forma de resolución de los conflictos armados a través del derecho internacional con la ONU y la OSCE como garantes. Por eso rechazamos la OTAN, una de las organizaciones más peligrosas de la humanidad cuya existencia hoy no tiene ningún sentido y es un peligro para la paz.







