En el mes de junio se cumplieron 90 años de la fundación del Partido Comunista de Euskadi, constituido en Bilbao, en un congreso clandestino, pues los comunistas, perseguidos por la represión de la revuelta de octubre del 34, no podían realizar sus actos en la legalidad. Sería muy extenso contar la historia de un partido que supo estar siempre al lado de su pueblo de la lucha por las libertades y el socialismo, en cada encrucijada de la historia, por eso me remitiré a trazar algunas pinceladas de ese hecho fundacional.
El comunismo vasco tuvo un peso importante en la primera formación de un partido comunista en España. En la fundación del Partido Comunista de España fue clave la figura de Facundo Perezagua, amigo de Pablo Iglesias y fundador con él del PSOE. Nacido en Castilla en 1860, obrero metalúrgico en una fábrica de armas de Toledo, llegó a Bizkaia para trabajar en la industria, donde desarrolló una intensa actividad sindical y militante, liderando la huelga general de Bizkaia de 1890, fundando las agrupaciones socialistas de Somorrostro, Ortuella, Bilbao, ciudad en la que será elegido concejal. La valoración de la revolución rusa activó un sector llamado «tercerista”, por sus simpatías hacia la III Internacional, liderado por Perezagua, que abandonó el PSOE para fundar en 1921 el Partido Comunista Obrero Español. Un año antes, un grupo de jóvenes se desgajó de las juventudes socialistas para dar origen al primer partido comunista español, que, por la juventud de sus miembros, fue llamado el Partido de los 100 niños. Esos dos grupos comunistas se unieron para fundar el Partido Comunista de España. Esa primera rama del comunismo genera en Euskadi una organización obrerista, ligada exclusivamente a la zona minera y a la industria de la margen izquierda de Bilbao. A ella se incorpora Dolores Ibárruri, y el que luego será diputado, Leandro Carro.
Tras ese momento fundacional, con la consolidación de la revolución rusa, y a través de la influencia de la Internacional Comunista, a partir de 1925 se acentúa una sensibilidad en el movimiento comunista hacia la cuestión de las nacionalidades, guiada sobre el derecho de autodeterminación. En España coincide con la etapa de José Díaz en la dirección del PCE. Bajo esas ideas se desarrolla un perfil más vasquista en la llamada agrupación vasco-navarra, que atrae a sus filas a otro tipo de militantes, que aúnan la lucha obrera con la nacional. Y así llegan Jesús Larrañaga, Juan Astigarrabía, Urondo, Lizarraga, Arriolabengoa, o los hermanos Zapirain. El cambio que esto supone en la relación de los comunistas con la sociedad lo retrata mejor que nada una homilía emitida por un cura de San Sebastián, y recogida en una hoja de prensa: “Amados feligreses, vivimos un momento de preocupación, no sólo en el aspecto social, sino por los embates del laicismo, por el avance del anticristianismo que se extiende ya por nuestra sociedad guipuzcoana, por la sociedad vasca en general. Antes, para oír hablar de socialismo había que poner un apellido delante; Fernández, Gómez, Zamora; pero hoy el comunismo lo están propagando y llevando por todos los ambientes apellidos como Larrañaga, Astigarrabía, Zapirain, Arriolabengoa, Urondo”. A esta gente que entra en el Partido de manera directa e individualizada, se suma la llegada de un colectivo que habían fundado en Madrid Cesar Falcón y su compañera Irene Lewy, la IRYA, Izquierda Revolucionaria y Antiimperialista, nacida al calor del ideal republicano y que en Euskadi aportó al Partido Comunista líderes de la talla de Cristóbal Errandonea y Ramón Ormazábal.
El empuje de esas nuevas ideas más las cualidades de esos nuevos dirigentes, engarzan al Partido con la sociedad vasca. Es el primero en las luchas sindicales y sociales. En un momento en el que todavía se opera en sindicatos no unificados, los comunistas tienen, por ejemplo, la presidencia de las Federaciones Locales de Sociedades Obreras de San Sebastián, que ocupan Larrañaga y Astigarrabía, sucesivamente, o del sindicato de pescadores y marineros “La Unión”, que dirige Astigarrabía en el momento de mayor conflictividad cuando promueven una huelga general, en cuya represión la Guardia Civil asesina a nueve trabajadores. Astigarrabía dirá de sí mismo, con mucha sorna, que lo eligieron para el cargo en “La Unión”, porque era un especialista en huelgas. Aunque era también un reputado marino, formado en el buque escuela de la Marina, “Nautilus”, en el que estuvo embarcado dos años, en los que navegó por todos los mares del mundo.
Será precisamente Astigarrabía el elegido como primer secretario general del Partido Comunista de Euskadi; y quien sería después el único ministro comunista, de obras públicas, en el Gobierno Vasco del Lendakari Aguirre, durante la Guerra Civil. Hay quien dice que ese primer secretario hubiera sido Sebastián Zapirain de no haber estado preso, pero estaba detenido, como tantos militantes por su participación en la huelga general de octubre de 1934.








