La soberanía como principio innegociable
La soberanía de un pueblo no se reduce a votar cada cierto tiempo. Es la capacidad real de decidir sobre nuestro destino, sobre nuestra política exterior, economía y, muy particularmente, sobre el uso de nuestro territorio y de nuestras fuerzas armadas.
Cuando esas decisiones pueden ser eludidas o neutralizadas por potencias extranjeras, no hablamos de soberanía, sino de tutela.
Y es esa soberanía tutelada la que hoy enfrenta España.
Pertenecer a la OTAN y permitir la existencia de bases militares de Estados Unidos en Rota y Morón no es un matiz técnico ni una simple alianza defensiva: es una decisión geoestratégica que condiciona y, en muchos casos, anula la autonomía política del país.
Si el Gobierno decide vetar el comercio de armas con el régimen genocida israelí, pero al mismo tiempo el Pentágono puede usar nuestros aeródromos y puertos para enviar material bélico, la decisión tomada queda vaciada de contenido.
Eso no es soberanía: es subordinación.
España como colonia militar del imperialismo
La OTAN no es una organización neutral ni altruista. Funciona como el armazón militar y político que garantiza la proyección global de los intereses hegemónicos de Washington.
No hablamos de teorías abstractas, sino de realidades concretas:
• Bases desde las que se planifican y ejecutan operaciones bélicas.
• Acuerdos que permiten el tránsito de tropas y armas sin control parlamentario efectivo.
• Recursos y capacidades desplegados al servicio de guerras ajenas y políticas no decididas por la ciudadanía española.
Rota y Morón son hoy nodos estratégicos para el control del Mediterráneo, África y Oriente Medio.
Su presencia permanente convierte parte de nuestro territorio en plataforma para agresiones militares extranjeras, exponiendo a España a riesgos geopolíticos y represalias internacionales, sin que se obtenga beneficio colectivo alguno.
Esta situación tiene un alto coste político y social:
• Pérdida de capacidad de decisión.
• Sumisión a los dictados de potencias extranjeras.
• Impacto económico y medioambiental.
• Y, sobre todo, la degradación de nuestra democracia.
El caso del genocidio de Gaza: complicidad material y humillación democrática
El genocidio en Gaza ha revelado con crudeza la magnitud de esta falta de soberanía.
Ante la presión popular y el clamor internacional, el presidente del Gobierno anunció la decisión de imponer un embargo total al comercio de armas con el régimen genocida israelí. Esta medida, tardía e insuficiente, es necesaria y justa, y responde directamente a las demandas de la sociedad civil, expresadas en movilizaciones sociales y populares crecientes, trasladadas al Gobierno por las diputadas y diputados de Izquierda Unida, a través de su portavoz parlamentario y secretario general del PCE, Enrique Santiago, con el apoyo de otras fuerzas de la izquierda representadas en el Congreso.
Sin embargo, esta victoria democrática ha quedado inmediatamente en entredicho:
Estados Unidos podrá esquivar el embargo, utilizando las bases militares de Rota y Morón para seguir enviando armamento a Israel. Esto supone una humillación política y una agresión directa a la soberanía nacional, demuestra que incluso las decisiones legítimas de nuestro parlamento pueden ser anuladas por la logística norteamericana. Cada avión que despega de Rota cargado con material destinado a la masacre del pueblo palestino convierte a España, contra la voluntad de su pueblo, en cómplice material de crímenes de guerra. Mientras sigamos bajo el paraguas de la OTAN, ninguna decisión política en defensa de la paz será plenamente efectiva.
La falacia de la OTAN como garante de seguridad
Durante décadas se nos ha vendido la pertenencia a la OTAN como garantía de seguridad. La experiencia reciente y la historia demuestran lo contrario:
• La OTAN no protege a los pueblos, sino a los intereses geopolíticos y económicos de los Estados Unidos.
• Sus maniobras y expansiones alimentan tensiones internacionales, incrementando el riesgo de conflictos globales.
• Su política ha transformado a los países miembros en plataformas logísticas y carne de cañón para guerras que no responden a los intereses de sus pueblos.
La seguridad real no se construye con alianzas militares que implican subordinación estratégica. Se construye con política exterior independiente, diplomacia activa, inversión en bienestar social y resolución pacífica de conflictos. Permanecer en la OTAN es incompatible con la neutralidad activa y con una verdadera política de paz.
Salir de la OTAN y cerrar las bases: un proyecto de país
Recuperar la soberanía no es una utopía abstracta, sino una tarea concreta que exige decisiones valientes. Salir de la OTAN y cerrar las bases norteamericanas en nuestro territorio no es un gesto simbólico: es la condición necesaria para que nuestras leyes y decisiones políticas tengan efecto real.
Esto permitiría:
1. Garantizar la neutralidad activa de España en conflictos internacionales.
2. Evitar la complicidad en genocidios y crímenes de guerra, como el cometido en Gaza.
3. Reducir el riesgo de represalias por guerras ajenas.
4. Reorientar el gasto militar hacia sanidad, educación y justicia social.
5. Recuperar una voz propia y creíble en los foros internacionales, defendiendo la paz y la justicia.
Este proceso requiere movilización social, pedagogía política y presión constante. La soberanía no se concede: se conquista mediante la lucha popular y el compromiso colectivo.
Soberanía o sumisión
Cada vez que un avión militar estadounidense despega desde Rota o Morón cargado con armas que alimentan el genocidio en Gaza, se confirma que España no es dueña de su destino. Cada vez que una decisión democrática queda vacía porque una potencia extranjera la neutraliza, queda al desnudo nuestra falta de soberanía.
La disyuntiva es clara:
• Aceptar ser una colonia militar, cómplice de crímenes y plataforma de guerras ajenas.
• O emprender el camino de recuperar la soberanía plena, con todo el esfuerzo y valentía que implica.
No se trata de orgullo nacional. Es una cuestión de dignidad, de justicia y de soberanía. Hoy, como siempre, afirmamos con rotundidad:
OTAN NO. BASES FUERA. Por una España pacífica, soberana y solidaria con los pueblos que resisten la barbarie.







