El pasado martes 23 de septiembre se celebró en la residencia del embajador de la República Popular de China, señor Yao Jing, la recepción por el 76 aniversario de la República Popular China. En ella participaron más de mil invitados, entre los que se encontraban Enrique Santiago, secretario general del PCE y José Luis Centella, presidente del partido. La autoridad española más relevante fue la vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que dio un discurso a los allí presentes, que por su profundidad y relevancia, en relación con China, he pensado que debía ser reproducido en su integridad. Antonio Segura. Patrono y vicepresidente de Cátedra China.
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Excelentísimo embajador Yao Jing, autoridades, amigos y amigas; es un honor acompañarles en este aniversario tan significativo para el pueblo de China. Quiero hacerlo transmitiendo, en nombre del Gobierno de España, nuestra felicitación y nuestro respeto en este día de celebración. Las relaciones entre nuestros países tienen una base sólida, una base construida sobre más de medio siglo de lazos diplomático y 20 años de la firma del acuerdo estratégico integral entre China y España. Una cooperación que se ha traducido en confianza mutua en intercambios económicos, educativos y culturales y en un conocimiento cada vez más profundo entre nuestras sociedades. Si me permiten decirlo de esta manera, los casi 10.000 km que nos separan de su tierra nunca se habían sentido tan cercanos. Hoy esa relación se refleja también en la vida cotidiana en España. Más de 230.000 personas de origen chino forman parte de nuestra sociedad. Es una de las comunidades inmigrantes más numerosas en nuestro país; es la cuarta más grande de Europa. Su espíritu emprendedor está presente en cada barrio de nuestro país, en los restaurantes, en los comercios, en los negocios familiares, enriqueciendo nuestra cultura, nuestros barrios y nuestra economía.
Permítanme desde aquí mostrar mi agradecimiento a toda la comunidad china que reside en nuestro país y que contribuye a que nuestra sociedad sea mucho más próspera. Esa red humana unida al esfuerzo institucional es la mejor garantía de futuro, una relación que se construye día a día y que nos recuerda que España y China tiene mucho más en común de lo que a veces pudiera parecer.
Si miramos a la economía China nos muestra lecciones de enorme actualidad. Su país, querido embajador, es un ejemplo de que una política industrial ambiciosa, con una implicación pública, decidida y sostenida en el tiempo, cambian el destino de un país. El plan “made in China” del 25, recuerden ustedes, marcó para su país un punto de inflexión y debe servir como inspiración para el resto del mundo. Tenemos que planificar todas las políticas públicas. Ustedes apostaron por transformar la manufactura en innovación tecnológica en sectores como la robótica, como los vehículos eléctricos, o los nuevos materiales, o biofarmacéutica, y este plan nos deja tres lecciones claras.
Primero, la importancia de una planificación de una intervención pública desde las administraciones públicas, que sea fuerte y coordinada entre distintas administraciones, entre empresas, la academia, la Universidad, justamente para impulsar los sectores estratégicos.
En segundo lugar, la apuesta por la autonomía tecnológica. China se ha convertido en un espejo en el que mirarnos en el siglo XXI. Permítame que diga que la tecnología es poder; quien controla la innovación controla también la economía, la información y en gran medida la soberanía de nuestros Estados. Lo vemos hoy con las grandes tecnológicas estadounidenses que operan en condiciones como saben de monopolio, concentrando el poder, condicionando espacios digitales y gestionando, por cierto, con opacidad, los datos de nuestros ciudadanos y ciudadanas. Europa sabe que no puede depender de ese modelo, la autonomía tecnológica no es solo una cuestión económica, es también una cuestión democrática. Sin capacidad propia en sectores claves como los que hemos citado, nuestros países quedan al albur, o subordinados a decisiones que se toman fuera de nuestras soberanías.

En tercer lugar, la inversión masiva y sostenida en innovación y en la modernización industrial. Esto es la clave del presente, no ya del futuro, del presente de nuestras sociedades. China ha demostrado que la inversión pública bien dirigida no es un gasto como escuchamos muchas veces. Todo lo contrario; es la condición para el progreso tal y como calcula el propio Fondo Monetario Internacional en un informe bien reciente. Los diferentes instrumentos públicos de la política industrial en China suponen el 4,4 % del PIB, el triple de lo que se destina en la Unión Europea. No son datos, son políticas públicas que nos tienen que hacer pensar, a pesar de lo mucho que me gusten a mi los datos. Gracias a ello ha pasado de ser la fábrica de bajo coste, a convertirse en un polo global de la innovación. Esto, quiero remarcarlo, con una línea que refiere muy bien el informe Dragi; saben ustedes que señaló e indicó para Europa que solo con inversión sostenida en la digitalización en la transición verde y en la innovación, podremos garantizar autonomía, competitividad y, permítame que le diga como ministra de Trabajo, una buena vida para nuestra ciudadanía. Porque el reto sigue siendo reducir la desigualdad en nuestros países.
Precisamente conocen bien ustedes que la pasada semana el propio profesor Dragi señalaba y denunciaba la lentitud de la puesta en marcha de las inversiones públicas, que él refería en su informe. Europa ya sabe que sin una política industrial contundente y adaptada al siglo XXI no hay autonomía estratégica ni desarrollo económico. Necesitamos por tanto planificación, innovación y capacidad tecnológica para garantizar nuestro futuro. España y China tienen un gran potencial de cooperación en este terreno, creo que lo tenemos todo, lo ha dicho el embajador, en las energías limpias, en la biomedicina; es la clave, en la transición digital, en la agroalimentación tan importante para ambos países, en los que estoy convencida que podemos crecer juntos. Pero como ustedes saben la economía y geopolítica hoy van de mano, son inseparables. El mundo es más multipolar, es más incierto, y es más independiente. Y en este contexto más que nunca necesitamos alianzas sólidas y horizontales. En primer lugar en lo comercial. España y China tienen importantes vínculos comerciales, y este mismo año se han firmado nuevos protocolos para consolidar estas relaciones, desde los principios del equilibrio, la reciprocidad y la transparencia, concretamente en el intercambio de productos sanitarios y agropecuarios. Pero vivimos un tiempo complejo y es importante reforzar las relaciones entre nuestros países más allá de lo comercial. Todos ustedes aquí presentes lo saben perfectamente-Vivimos guerras, violaciones del derecho internacional, amenazas a la seguridad global y una crisis climática que está condicionando nuestro destino común No podemos olvidar que los valores de la carta de Naciones Unidas nacieron del sacrificio de los pueblos que derrotaron al eje nazi fascista y al militarismo japonés. No lo podemos olvidar. Hoy tenemos la obligación democrática de defender ese derecho internacional frente a la barbarie que vemos en Gaza y en tantas otras partes del mundo. Hoy en el Consejo de Ministros hemos aprobado el real decreto para el embargo legal de todo armamento con Israel. Somos el primer país del mundo en hacerlo efectivo. Es el primer paso para desmantelar la economía del genocidio, y decirles a las empresas que si la matanza no se detiene los intereses económicos no van a ser bienvenidos en nuestro país. Este no es el final de ningún camino, mientras siga el genocidio vamos a seguir dando pasos diarios para defender el derecho internacional, la vida y paz. La República Popular de China y España comparten ese compromiso, lo estamos viendo en Nueva York, en el 80 aniversario de la carta de Naciones Unidas. Perseverar en la paz. Recuerden ustedes cómo nació la ONU, cuál era su mandato. Por tanto perseverar en la paz, en el respeto al derecho internacional, y el respeto a la agenda 2030 como programa de emergencia de la humanidad. Este es el reto de época. Siempre digo que el futuro se construye cooperando no confrontando, cooperando. China y España defendemos un multilateralismo efectivo, acaba de decirlo el embajador. Esto es el respeto a la soberanía y a las soluciones colectivas. Ningún país por grande que sea puede afrontar solo los desafíos globales. La estabilidad global solo puede construirse con cooperación. El comercio, la seguridad internacional, la emergencia climática, o la regulación de las nuevas tecnologías requieren de diálogo sincero y cooperación estable. España quiere desempeñar un papel activo en esa construcción. Queremos que la relación con China sea un ejemplo de cómo se puede extender puentes en un tiempo en el que abundan demasiados muros.
La cultura, permítame que les diga, es también parte esencial de este vínculo. España y China compartimos tradiciones, creatividad, y un rico patrimonio que dialogan y que nos enriquece mutuamente. Por tanto el reto no solo es prosperar, el reto es algo más, es prosperar con justicia social.
Ese es el compromiso de España, caminar con China en un futuro compartido sobre la base del respeto mutuo, la cooperación y siempre la amistad. Hoy el mundo necesita menos muros y más puentes. Necesita la sabiduría de pensar a largo plazo y la voluntad de trabajar juntos. La experiencia china creo que nos puede ilustrar el camino.
Permítame terminar expresando mis mejores deseos a la República Popular de China en su 76 aniversario, y brindar por unas relaciones de amistad y colaboración que se seguirán fortaleciendo, estoy completamente segura, en los años venideros.
Muchas gracias, Campay.







