La cultura del bulo y el avance de la xenofobia en Euskadi

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No al odio irracional
Manifestación antirracista | Fuente: Olmo Calvo

En un contexto en que cogen fuerza las ideas racistas y xenófobas, también en Euskadi el racismo ha pasado de latente a explícito: ya no sorprende ver pegatinas, pintadas o escuchar continuamente discursos que criminalizan a migrantes en espacios públicos. Con frecuencia, se escuchan conversaciones sobre el riesgo que supone para “la gente local” coexistir con otras poblaciones, siendo especialmente criminalizada la magrebí. Un ejemplo de este halo de violencia que ha llegado ya al plano físico son los grupos mal llamados “patrullas vecinales”, que buscan hostigar a jóvenes magrebíes bajo el pretexto de buscar seguridad para los barrios.

Mediante las mentiras y bulos, se extiende la xenofobia, la deshumanización del otro, el odio al diferente, del pobre contra el más pobre. Esta táctica lo que busca es desviar el odio contra el sistema criminal capitalista, para enfocarlo en aquellos que ejercen de chivo expiatorio de todos los males.

En una cultura de la inmediatez no se contrasta la información, no se duda de la veracidad del emisor y lo que encaja con nuestros prejuicios y alimenta nuestro odio se da como válido sin ir más allá. Sin embargo, podemos recurrir fácilmente a los datos para contrastar los bulos: la población vasca siempre ha tenido un componente inmigrante y nunca ha sido homogénea y, de hecho, en la actualidad solo el 12,4% de la población vasca es migrante.

Otro bulo que ha calado en el imaginario colectivo es que las personas migrantes “vienen a delinquir y a coger ayudas”. Se obvia el hecho de que para percibir la mayoría de las ayudas dentro de la Comunidad Autónoma Vasca es necesario estar empadronado y con un mínimo de estancia, algo que cada vez es más difícil de conseguir teniendo en cuenta la problemática de la vivienda o que en muchas zonas no existe un padrón social para aquellas que están en situación de calle.

También está demostrado mediante datos que las personas migrantes aportan más al erario público de lo que reciben en contraprestación: la posición imperialista de España respecto a otros países ha llevado a que se utilice a la población que llega para poder crecer o mantener cierto nivel de bienestar con perspectiva occidental, a cosa de la explotación de éstos.

Los trámites burocráticos y la falta de regulación para poder acceder a recursos, la dificultad para conseguir contratos de trabajo o viviendas dignas, provoca que muchas de las migrantes tengan que vivir en situación de calle, lo que muchas veces conlleva esa exclusión social de la que es difícil salir; especialmente si se encuentran en situación irregular. Otras, están dispuestos a entregar la vida en trabajos precarios, bajo condiciones de extrema precariedad, viendo cómo se vulneran todos sus derechos, como consecuencia del avance imperialista que les ha alejado de sus países y comunidades.

Mientras tanto, siguen llegando inmigrantes que huyen de las guerras y de la miseria, que dejan atrás a familiares, seres queridos y proyectos jugándose la vida debajo de un camión o en una patera. ¿Quién abandonaría su hogar si tuviera posibilidad de desarrollar una vida digna en su país? En la ruta del Mediterráneo han desaparecido cerca de 31.000 personas en los últimos 10 años, migrantes que llegan a nuestro territorio con ganas y esperanza de tener un futuro mejor, para ellos y sus familias, con proyectos de vida y con ganas de aportar a la sociedad vasca; otros pueden llevar aquí dos o tres generaciones, pero cuesta reconocerlos como “locales”.

Frente al odio y a la mentira, recordamos que Euskadi se construyó con aportes de gente diversa, desde exiliados políticos hasta trabajadoras migrantes. Hoy, como ayer, la respuesta es solidaridad y movilización. Por ello, no podemos permitir que se sigan difundiendo este tipo de mensajes cargados de odio y de violencia hacia nuestros vecinos, independientemente de sus orígenes y debemos de seguir plantando cara al fascismo y a la xenofobia que alimenta y se alimenta de estos discursos.

Porque el enemigo sigue siendo el mismo, las empresas del Ibex 35, el sistema que expolia los recursos y, en definitiva, el sistema capitalista; no quienes vienen en patera debido en muchos casos a la pobreza que genera la burguesía occidental y también de sus países de origen. Como comunistas, decimos una vez más, alto y claro que la clase obrera es una sola, nativa o extranjera.

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