Cuando la UE maquilla deportaciones con eficiencia: la crueldad convertida en política

La eurodiputada Estrella Galán analiza el primer informe europeo sobre la migración elaborado por la Comisión Europea.
Protesta contra Frontex, agencia de la Unión Europea para el control de fronteras exteriores del espacio Schengen | Fuente: Noborder Network / wikimedia commons / CC BY 2.0
Protesta contra Frontex, agencia de la Unión Europea para el control de fronteras exteriores del espacio Schengen | Fuente: Noborder Network / wikimedia commons / CC BY 2.0

En una tribuna publicada hoy por Democrata.es, la eurodiputada de Sumar, Estrella Galán, denuncia cómo la Unión Europea ha convertido la crueldad en modelo de gestión migratoria bajo el disfraz de “eficiencia”. Según Galán, que analiza el primer informe anual europeo sobre asilo y migración, correspondiente al periodo 2024-2025 que acaba de publicar la Comisión Europea, el uso del término “retorno” para hablar de inmigración es un eufemismo que oculta deportaciones forzadas, una brutalidad que se ha institucionalizado como parte del sistema migratorio europeo.

“¿Por qué Europa sí abre sus puertas a quienes huyen de la invasión ilegal de Ucrania y las sigue cerrando a quienes se ven obligados a buscar un sitio seguro a consecuencia de la guerra de Sudán, Mali, Siria o el genocidio en Palestina? La respuesta está en la jerarquía racial y geopolítica. Europa ha demostrado que no quiere proteger a quien sufre, sino a quien mejor encaja. Una suerte de casting donde los elegidos son preferiblemente rubios con ojos azules” plantea la europdiputada en su artículo La política migratoria de la UE: cuando la crueldad se disfraza de eficacia.

Detrás de esta política “eficiente” se encuentran intereses económicos y geopolíticos: empresas de seguridad, contratistas tecnológicos, consultoras y fabricantes de drones obtienen réditos millonarios del mercado del control fronterizo, financiado con fondos públicos. Al mismo tiempo, los recursos para la integración, como los del Fondo Social Europeo, se recortan o se reorientan hacia el gasto en muros, patrulleras y vigilancia biométrica. Galán interpreta esto como una prioridad equivocada: la UE invierte más en impedir las llegadas que en proteger a quienes huyen.

Además, denuncia que lo que se denomina política de externalización de fronteras, al subcontratar control migratorio a terceros países como Mauritania, Senegal, Túnez, Libia, y Turquía entre otros, es una política de negación que consiste en pagar para no ver. Y que lo que la Comisión Europea califica de éxito por la disminución de la llegada de inmigrantes en la Unión Europea es solamente alejar el “problema”, cuanto más lejos mejor, sea como sea, para que otros hagan el trabajo sucio e impedir que lleguen. Países extracomunitarios se convierten en “guardianes” de la fortaleza europea, y las personas que desean solicitar asilo se ven contenidas lejos de los territorios comunitarios.

Galán lamenta también la pérdida de sensibilidad: calificar de “éxito” el número creciente de deportaciones muestra una Europa cada vez más deshumanizada. La eficiencia administrativa se impone sobre los derechos humanos, y la política migratoria deja de ser una cuestión de solidaridad para transformarse en una estrategia de control.

En suma, la eurodiputada de Sumar advierte que la UE corre el riesgo de institucionalizar un régimen de violencia y exclusión, normalizando la crueldad como herramienta de gestión migratoria. Propone repensar este paradigma: en lugar de celebrar la eficacia represiva, deberíamos priorizar políticas basadas en la protección, la integración y la dignidad.

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