La Cañada Real, protagonista de la película «Ciudad sin sueño», del director Guillermo Galoe

Es una película. No es un documental, pero tiene una protagonista relevante, la Cañada Real. Los personajes son los del barrio, un chaval gitano, de una familia de chatarreros. Comparte amistad con un magrebí. También está su galga Atómica. La familia agrupada en el abuelo, pai, jefe, unas casas sin luz (¡desde 2020!), ni agua corriente, niños y niñas jugando, fogatas nocturnas que sirven para contar cuentos, pobreza y droga y salir palante, en un mundo en cambio, donde el espacio de la marginalidad se acota y se transforma.

Bilal, el chaval marroquí, amigo de Tonino, con su familia, se va a Marsella. El padre de Tonino, Antonio “Toni” Fernández Gabarre, con su prole y la hija del abuelo, decide irse del barrio, frente a la opinión del abuelo Chule, donde se conocen todos, donde hay campo libre, rompiendo la jerarquía familiar, a un piso de protección oficial, de altura, cuya terraza da a otro bloque de terrazas como la suya, mínima, pero donde hay agua moviendo un grifo, interruptores de luz y donde hará menos frio en invierno.

Eso significa abandonar una vida, un posible desgarro familiar, pero queda el oficio de chatarrero. Y una vida que cambia.

Sobre esos elementos, se hace una película realista, con el lenguaje desdentado y argot de los personajes. Te cuenta cómo viven, o sobreviven, su horizonte vital donde parece que no hay posibilidades de cambio social que no sea la huida, a otro espacio, mientras las demoliciones y desalojos siguen su curso, o una lotería social.

El mérito del director, Guillermo Galoe, es haberse ganado la confianza de la gente del barrio, desde que puso los pies en él, en el año 2019, poder retratar a las personas que viven allí, en un momento de transición, entre un crecimiento desordenado de un capitalismo urbano que les orilla e invisibiliza (aunque la Cañada mide cerca de 14 km entre medias de Madrid, Coslada y Rivas) y un proceso de cambio urbano y vital de algunos de ellos. El corto precedente que hizo, un ejercicio con estas historias, con el mismo actor Fernández Gabarre, ‘Aunque es de noche’, obtuvo el Goya al Mejor Cortometraje en 2024.

Como espectador no ves la complejidad del rodaje, con niños, animales, y cambios de planos. Retratar la naturalidad de actuación de los personajes, un ser ellos mismos, pero al mismo tiempo, recrear un personaje, es otro de sus méritos. Llegar con el cine, a ver a esos invisibles y ellos, imbricándose en hacer películas, que el cine forme parte de sus vivencias, también.

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