La erradicación de la violencia

Reseña de «VIOLENCIA. COMPASIÓN. MEMORIA. Una reflexión personal», de Alejandro Ruíz-Huerta Carbonell.
Monumento a los abogados de Atocha en la Plaza de Antón Martín de Madrid.
Monumento a los abogados de Atocha en la Plaza de Antón Martín de Madrid.

Conocer al ser humano es conocer bien a un ser humano, es herirse o sanar por unos instantes de esa cordura que nos lleva a la violencia o a la esperanza de la paz. El resultado de este conocimiento puede ser la mirada limpia de alguien como Alejandro Ruiz-Huerta y, aun más, de su mensaje. Una mirada interior que nunca se rindió, y que halló en la revolución del pensamiento un cauce irreconciliable con la muerte de la esperanza, de la reflexión cotidiana como escudo contra el fanatismo y la incapacidad de reconciliación.

Cuando estamos despidiendo el centenario de Armando López Salinas, puedo recordar algunas de sus palabras en nuestros encuentros: “La tolerancia es, sobre todo, un gran acto de inteligencia”.

En este libro, Alejandro hace una larga y nutrida reflexión sobre algo que le da una categoría innegable: la experiencia personal y directa con actos ancestrales que el ser humano no ha conseguido ubicar en la medida justa de una convivencia pacífica. Habla de la violencia y sus consecuencias; de la compasión como signo de valentía, y de la memoria como senda inocultable por la maleza del olvido.

Violencia. Compasión. Memoria. Una reflexión particular, es un libro que procede de una realidad trágica y, al tiempo, de una utopía necesaria para la humanidad: la plena justicia social como puente sólido hacia la necesaria igualdad plena, sin violencia, con la solidaridad como pulsación vital y la memoria como modo de apreciar la verdadera realidad de la convivencia.

«VIOLENCIA. COMPASIÓN. MEMORIA. Una reflexión personal»,
Alejandro Ruíz-Huerta Carbonell.
Utopía Libros, 2025.

La reflexión sobre estas tres cuestiones, quiere llevar a un punto del camino decisivo, como apunta Reyes Mate en el prólogo: “La erradicación de la violencia”. Y desde la perspectiva comunista, para la cual Alejandro está también plenamente legitimado, supone uno de los grandes objetivos políticos y culturales, quizás entrañado más en la consecución de la paz plena.

La coincidencia de Alejandro en un punto de partida con el Albert Camus de ¡España libre!, considerando al capitalismo —al mundo, por tanto—como un estado de cosas tendentes a sostener la histórica y continua injusticia sobre las tres cuartas partes de la población, confirma la aplicación prioritaria de una violencia diversificada en ámbitos y estrategias, y de la consiguiente compasión que ha de llevar a la memoria de modo estratégico en función de los objetivos consolidados del capitalismo en cada momento y lugar. De aquí que esa mirada interna de Alejandro Ruiz-Huerta, por provenir de un gran sufrimiento, sepa cómo mirar al ser humano y a las circunstancias que han de conformar su convivencia.

Este libro, tan recomendable a toda persona que conserve algo de esperanza, contiene dos claves de gran valor para una reflexión mesurada: la contrastación de reflexiones originadas en sementeras diversas, en autores diferentes, en referentes de gran valor intelectual e histórico, y la apertura de una puerta a la luz de la heroicidad compasiva que no nos haga perder la memoria.

Los argumentos utilizados son tan políticos como plausiblemente humanistas. Es un texto casi heroico, por cuanto no se retracta de la idea revolucionaria de la lucha por la igualdad y la justicia social; al contrario: la refuerza; pero, al mismo tiempo, abre un camino ancho, largo y nutrido de argumentos para que las armas de esa lucha disten del convencionalismo conocido. Las luces encendidas de Gandhi, Mandela o Luther King, dejan un rastro preciso en las páginas que, buscando “una reflexión que haga crecer nuestro pensamiento pacífico, nuestra entraña para la paz”, llevan hasta el epílogo, que es una esclarecedora “Reflexión para la esperanza”, que, siendo personal, hay que tener muy en cuenta la conclusión de que “merece la pena…seguir trabajando desde la memoria democrática contra la violencia y por la compasión”.

Palabras e incitación a la reflexión, de un gran comunista que cedió su vida para que otras vidas dejaran de sufrir, y que, desde la publicación de La memoria incómoda: los abogados de Atocha (2002), necesitaba completar el círculo reflexivo. Palabras de tal peso que solo un libro ordenado y de narrativa transparente puede presentar sin correr el riesgo de ser confundido con otra cosa que no sea una voz irrenunciable.

(*) Escritor