De aquellos lodos, estos polvos

Mazón abandona por imposición de un PP que se prepara para las próximas elecciones.
Personas pertenecientes a la Asociación de Víctimas de la DANA, se manifiestan en las cercanías del Congreso de los Diputados el pasado 17 de noviembre durante la comparecencia de Carlos Marzón en la Comisión de Investigación | Fuente: Olmo Calvo
Personas pertenecientes a la Asociación de Víctimas de la DANA, se manifiestan en las cercanías del Congreso de los Diputados el pasado 17 de noviembre durante la comparecencia de Carlos Marzón en la Comisión de Investigación | Fuente: Olmo Calvo

El pasado 29 de octubre se cumplió un año de la DANA que dejó a numerosas poblaciones de l’Horta Sud, la Ribera Alta, la Ribera Baixa, la Foia de Bunyol, la Plana d’Utiel-Requena, el Camp de Túria y l’Horta Nord devastadas y en estado de shock. Doce meses después de aquel día fatídico, el dolor sigue pesando sobre las zonas afectadas, acompañado por la amarga certeza de que sus municipios ya no volverán a ser los mismos. Y, en mayor o menor medida, tampoco sus vidas. Es cierto que no todas las heridas duelen igual: quienes perdieron a sus seres queridos cargan un sufrimiento irreparable, pero toda la ciudadanía (cada familia, cada barrio) perdió algo, emocional y materialmente.

A la negligente gestión de la emergencia por parte del PP aquel día, se suma la deficiente respuesta de recuperación de algunos gobiernos municipales en las zonas más castigadas. Un año después, la normalidad continúa siendo una promesa lejana, casi un espejismo. Y esa espera interminable desgasta, exaspera y agota a una ciudadanía que ha tenido que asumir que el entorno que siempre consideró seguro quizá nunca lo fue tanto como creía.

El primer aniversario de la tragedia ha reavivado el dolor, la rabia y el agotamiento de miles de personas. Y, con ello, ha vuelto a alzarse la voz contra un president de la Generalitat que ha pasado un año esquivando su responsabilidad a base de excusas y falsedades. La que se percibe como una gestión negligente e insensible por parte del Gobierno valenciano ha encendido una respuesta social como pocas veces se ha visto en el País Valencià. En este tiempo, entidades sociales, sindicatos y fuerzas políticas hemos sabido tejer alianzas sólidas que han sostenido la movilización y han mantenido en el centro a las víctimas y sus familias, que continúan reclamando verdad, justicia y reparación.

¡Mazón, dimisión!

La indignación popular ha resonado con especial fuerza en este primer aniversario. Ha sido precisamente la dignidad inquebrantable de las familias de las víctimas mortales, unida a la presión social, la que ha hecho posible la dimisión de Carlos Mazón, respaldado durante todo un año por los aplausos del Partido Popular y de Vox. Ambos partidos han repetido su ya conocido manual: negar, desviar responsabilidades y deshumanizar a las víctimas. Una estrategia tristemente habitual cuando la mala gestión desemboca en dolor y devastación.

Después de un año de movilizaciones persistentes y de las desgarradoras palabras de las familias de las víctimas en el funeral de Estado, Carlos Mazón anunció su dimisión el 3 de noviembre. Una comparecencia tan vacía de dignidad como fue su llegada y su permanencia en el poder.

El cerco judicial al entorno de Mazón y al propio expresident ha despejado cualquier duda sobre su responsabilidad política y las posibles consecuencias penales derivadas de su actuación.

Horizonte electoral

Carlos Mazón abandona la presidencia con la misma indignidad con la que llegó y se sostuvo en el cargo. Su dimisión no responde a un gesto de responsabilidad, sino a la imposición interna de un Partido Popular que actúa guiado por el cálculo electoral y no por principios ni democráticos ni dignos. El PP no lo aparta por ética ni justicia, sino para intentar preservar el control del gobierno valenciano en un escenario político que ya no se parece al de mayo de 2023.

Consciente de que unas elecciones pondrían en riesgo su continuidad, el PP prefiere sustituir al presidente y mantener el pacto con Vox antes que devolver la palabra a la ciudadanía

Consciente de que unas elecciones pondrían en riesgo su continuidad, el PP prefiere sustituir al presidente antes que devolver la palabra a la ciudadanía. La única salida verdaderamente democrática habría sido convocar comicios, pero la dirección popular opta por blindar su posición y mantener intacto su pacto con Vox.

Esa alianza, en la que ambos partidos parecen sentirse cómodos, ha supuesto un retroceso evidente en derechos sociales, educativos, feministas, lingüísticos, sanitarios, culturales y medioambientales. La nueva investidura no corregirá este rumbo: servirá para reafirmar acuerdos y consolidar un proyecto político que ha deteriorado las políticas públicas y debilitado los avances logrados durante los anteriores ocho años.

La nueva investidura servirá para reafirmar sus acuerdos y mantener el poder, mientras Vox continúa imponiendo su agenda reaccionaria con el beneplácito del PP, que encuentra en ella la coartada perfecta para su política antisocial.

Los acuerdos entre el PP y Vox para la nueva investidura son tan lesivos para los intereses del pueblo valenciano que prefieren mantenerlos ocultos, lejos de cualquier escrutinio democrático

Con toda probabilidad, será Pérez Llorca, mano derecha de Mazón, quien acabe ocupando la presidencia de la Generalitat Valenciana. Que esta transición se produzca en medio de una opacidad deliberada respecto a los acuerdos entre el PP y Vox para la nueva investidura no es, desde luego, casual. Pretenden hacernos creer que tales pactos no son necesarios antes de la investidura. Resulta inverosímil. La auténtica razón es mucho más cruda: los acuerdos son tan lesivos para los intereses del pueblo valenciano que prefieren mantenerlos ocultos, lejos de cualquier escrutinio democrático.

El problema no es únicamente Mazón; el problema es un Partido Popular que nunca ha entendido la gestión pública como un ejercicio de servicio al bien común

Este relevo, que intentan presentar como una renovación beneficiosa, no es sino un intento torpe de recomponer una credibilidad que ya han perdido por completo. Confían en que el cambio de rostro suavice la evidencia de una incapacidad que aflora cada vez que surge una situación que exige solvencia, liderazgo y planificación. Porque el problema no es únicamente Mazón; el problema es un Partido Popular que nunca ha entendido la gestión pública como un ejercicio de servicio al bien común, sino como un espacio para la improvisación, el clientelismo y la subordinación a intereses que nada tienen que ver con los de la ciudadanía.

La DANA volvió a poner de relieve esa falta de preparación y empatía institucional, pero no es un caso aislado: la historia del PP está plagada de episodios en los que su irresponsabilidad ha tenido consecuencias dramáticas. Desde el accidente del metro en València hasta la tragedia del Yak-42, desde el siniestro ferroviario en Galicia hasta la nefasta gestión de las resonancias magnéticas en Andalucía o la descoordinación en los incendios de este verano. En todos estos episodios se repite un patrón que resulta ya imposible de disimular: la ausencia de rigor, la falta de vocación de servicio público y una preocupante indiferencia hacia el sufrimiento de la gente.

Cambiar de presidente no va a alterar esa lógica. El problema es mayor y continúa teniendo un nombre muy claro: Partido Popular, y Vox, que es más de lo mismo.

(*) Coordinadora General d’EUPV

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