Transición Justa, se escucha y se repite de forma continua en una comarca del noroeste de España, otrora la calefacción de España.
«Transición» y «justicia» son dos palabras hoy desgastadas por el uso y el abuso institucional. Etimológicamente, transición remite al paso de un estado a otro. Justicia, a dar a cada cual lo que le corresponde. Sin embargo, nada en lo vivido por la clase trabajadora berciana en las últimas décadas se corresponde con ese tan cacareado concepto de “Transición Justa”.
Carlos Gardel cantaba que “veinte años no es nada”, pero para El Bierzo estas 2 décadas han sido mucho. Han sido cierres, despidos, reconversiones, emigración, abandono institucional y mucha propaganda. Años suficientes para situarnos en perspectiva.
Situémonos en la España de hace 20 años. Aquella del boom inmobiliario, de la Champions League de la economía de Zapatero. En ese entonces, en esta comarca el paro juvenil superaba en 50% en muchos pueblos mineros. Por entonces se llamaba reconversión al proceso de cierre paulatino del sector termoeléctrico sin alternativas.
En 2006, las empresas mineras del carbón con actividad en las comarcas de El Bierzo y Laciana daban empleo a 2.458 trabajadores. Y eso sin contar a quienes trabajaban en sectores auxiliares —camioneros, talleres, suministros, etc.—, ni en las centrales térmicas de Compostilla II y Anllares, ni en la economía circular que giraba en torno al sector. No se puede olvidar que por cada puesto directo en el sector se generaban 3 de forma indirecta y 5 inducida, solo así podemos comprender la magnitud de la catástrofe que parece sacada de una escena de guerra. Y no, la comarca no ha vivido ninguna, aunque a juzgar por el número de ruinas, los índices de paro y emigración, pudiera parecerlo.
Los años van pasando y si en 2008 contábamos con 135.000 habitantes, hoy no superamos los 118.000. Si por entonces teníamos 41.000 afiliados/as a la Seguridad Social, hoy, mientras en el conjunto del país se baten cifras record, nosotros no superamos los 35.000. La desindustrialización ha ido de la mano del envejecimiento y la emigración. Las cifras son frías, las vidas rotas queman por la injusticia.
El 16 de noviembre del 2018 los mineros del pozo Salgueiro en Torre del Bierzo cruzaron la bocamina por última vez. El sector se cerró. Las promesas se abrieron a cielo abierto. Las térmicas se dinamitaron. Las imágenes de las explosiones de las torres de refrigeración son una metáfora de nuestra comarca. Ni una sola fábrica se ha construido desde entonces. Por el camino, otro minero, junto a otros 4 lacianiegos quedaron por el camino, en otro proyecto extractivista. Se sigue sacando carbón, se sigue cayendo en el extractivismo. Sea de aquí o de fuera, el objetivo es y era terminar con los derechos laborales.
Y mientras tanto, ¿qué se ha hecho? Exceptuando LM Windpower (una fábrica de palas eólicas), el proyecto de “Transición Justa” que más personal emplea son las obras de restauración de escombreras por parte de TRAGSA que debía haberse exigido a las empresas. Terminada la obra, terminará el empleo, un recuerdo de las construcciones de los Planes Miner. Unos planes que con sus promesas incumplidas y sus proyectos sin sentido, siguen presentes. Proyectos como COMONOR o Ibermon, relacionados con el metal o las renovables, fracasaron. Otros, como Forestalia o las grandes eólicas, llegaron recientemente bajo la bandera verde pero sin planificación, sin retorno económico ni control social. Se privatizó el viento. El territorio se entrega, pero no hay puestos de trabajo, ni empresas locales, ni cadena de valor. Sólo desmontes, cables y beneficios para unos pocos.
Ni siquiera las empresas que llegaron como supuestas salvadoras aguantaron. LM Wind Power, uno de los grandes referentes industriales de la comarca, ha destruido 484 empleos en los últimos años, un 40% de su plantilla, que llegó a superar el millar. Otras como Tevitec, fábrica de vidrios, conocida por las nulas condiciones laborales y la persecución sindical recibe fondos públicos mientras factura 250 millones de euros anuales.
Desde el Partido Comunista de España llevamos tiempo alertando de este proceso. Pero no nos hemos quedado ahí. Hemos sido el partido de la protesta y de la propuesta. Especialmente la de un sector público industrial que actúe de tractor. En zonas con una rentabilidad baja para el capital, este no invierte. La iniciativa privada ha fracasado en la reindustrialización de El Bierzo. Necesitamos poner las SEPI a trabajar.
Necesitamos un sector público industrial fuerte, tractor, que recupere capacidades productivas y planifique, y que deje lugar a la participación social. Defendemos no cualquier industrialización, sino una reindustrialización orientada a satisfacer necesidades sociales, que garantice la sostenibilidad, el respeto al medio ambiente, la igualdad de género y cree empleo digno, no orientada a maximizar beneficios y cerrar. Una transición que apueste por la soberanía energética, alimentaria y tecnológica. Una transición que se construya con la participación de la clase trabajadora y los territorios, y no contra ellos.
No es utopía. Es planificación democrática de la economía. Es de justicia, y supondría transitar hacia el futuro.







