El francés Vincent Boulet, además de vicepresidente del Partido de la Izquierda Europea es responsable de la Sección Internacional del Partido Comunista Francés. En mayo de 2025 fue el encargado de abrir la conferencia internacional “La paz, nuestro bien común” organizada por su partido en París. También participó en la Fiesta del PCE en septiembre de 2025. Con él hablamos de paz, de guerras, de la OTAN, de Europa, del fortalecimiento de extrema derecha, de los retos y trabajo de la izquierda y de alternativas.
Parece que vivimos en una distopía en la que la historia la escriben personas como Trump, Netanyahu, Milei… que destruyen el derecho internacional, los derechos humanos y sociales, la ONU y todo lo que se interpone en su camino. ¿Cómo es posible que en el siglo XXI sean los bárbaros quienes escriben la historia? ¿Cómo hemos llegado a esta situación?
Para combatirlo, hay que situar el auge de la extrema derecha en su contexto: el de la fragmentación de la globalización capitalista, el de la exacerbación de las tensiones imperialistas internacionales y el de la sucesión de fracasos del movimiento obrero a nivel internacional. ¿Qué elección hacen hoy las clases dominantes? Para mantener su dominio y salir de la crisis del capitalismo, una parte significativa de ellas busca una solución autoritaria y ultraliberal a la crisis, así como herramientas políticas para restablecer o reestabilizar su dominio. En determinadas circunstancias, esto puede desembocar en una guerra. Podemos remitirnos a los escritos de Lenin al respecto. Es cierto que las condiciones no son las mismas que en 1914: la Primera Guerra Mundial estalló en un contexto de crecimiento del capitalismo y de competencia exacerbada por los frutos y las salidas de ese crecimiento. Ahora nos encontramos en una fase de crisis estructural del capitalismo y de crisis de legitimidad del poder. Pero la guerra también puede ser la salida de esta fase de crisis del capitalismo. En este contexto, las fuerzas del capital que más avivan las llamas de la guerra se encuentran en la fracción radicalizada de este. La extrema derecha encuentra aquí su papel de clase: el de restablecer el dominio de las clases dirigentes.
La extrema derecha gana terreno en los parlamentos y gobiernos europeos. ¿Cómo interpreta el Partido de la Izquierda Europea la situación política, social y económica?
La crisis europea, y más concretamente la crisis de la construcción capitalista de la Unión Europea, ha entrado en una nueva fase. Incluso una parte de las clases dirigentes europeas ven el callejón sin salida: el Gobierno alemán ha eliminado el freno al endeudamiento, por razones equivocadas, por el rearme, pero esto le obliga a distanciarse de lo que la burguesía alemana ha defendido con mayor fanatismo durante treinta años. Incluso el Gobierno francés, concretamente, actúa al margen del marco de la UE al lanzar la «coalición de voluntarios» para la guerra. Cabe preguntarse si, a medio plazo, la UE no está llegando al final de su función histórica para un conjunto de burguesías europeas. Ya se puede observar esta tendencia en las políticas centrífugas y divergentes adoptadas en Francia, Alemania, Italia, Polonia y España. Todas estas actuaciones se llevan a cabo sin tener en cuenta los intereses populares, con la excepción del Gobierno español en lo que respecta al gasto militar. El discurso de la presidenta de la Comisión Europea del pasado 10 de septiembre fue revelador: todo para la economía de guerra, nada para las medidas sociales o ecológicas. Los muy débiles objetivos sociales de la UE, que en cualquier caso están subordinados a sus objetivos de austeridad, se descartan en favor de la carrera armamentística. En este contexto, la extrema derecha encuentra un doble papel en la fase actual de la crisis europea: servir de receptor de la ira popular, que desvía y engaña, e impulsar la instauración de una economía de guerra.
¿Por qué la extrema derecha resulta tan atractiva para los jóvenes? ¿Hemos olvidado la historia del siglo XX o no la hemos aprendido bien? ¿O acaso no nos la han contado bien?
Por supuesto, es legítimo denunciar el papel de los medios de comunicación propiedad de multimillonarios de extrema derecha y de las empresas de revisionismo histórico. Equiparar el comunismo, la resistencia y el movimiento obrero, por un lado, con el fascismo y el nazismo, por otro, equiparar a quienes construyeron Maidanek con quienes lo liberaron, equivale a rehabilitar el fascismo.
Pero no se puede combatir eficazmente a la extrema derecha con argumentos históricos. La extrema derecha actual no es una reproducción exacta del fascismo histórico. La lucha contra la extrema derecha es una cuestión de lucha de clases, es decir, de reconstruir la conciencia de clase entre la juventud y la clase trabajadora. En primer lugar, esto implica trabajar para reabrir una perspectiva de esperanza, progreso y paz.
Una vez hecho el diagnóstico, pasemos a la acción. ¿Cómo se las arregla la izquierda europea para corregir la deriva actual? ¿Cómo puede actuar la izquierda para sacar a la gente, en particular a los jóvenes, del desencanto y la abstención? En Alemania, Die Linke nos dio una grata sorpresa. ¿Cómo devolver la esperanza a los ciudadanos?
El ejemplo de Die Linke es muy interesante. Demuestra la necesidad de que la izquierda vuelva a situar la cuestión social en el centro de su orientación política: ¿qué puede aportar concretamente la izquierda a la cuestión de los alquileres, los servicios públicos, los salarios, las pensiones y la protección social? Así es como se presenta, como un baluarte concreto contra la extrema derecha. El ejemplo de Die Linke muestra que, al hacer hincapié en las demandas sociales, la izquierda es capaz de recuperar influencia social. Las encuestas sobre las prioridades de la clase trabajadora son claras: el poder adquisitivo y la vivienda son las principales preocupaciones. La izquierda debe trabajar propuestas creíbles para reconstruir un discurso portador de esperanza y cambio sobre un contenido transformador. No me refiero aquí a un programa muy detallado, necesario pero insuficiente. Sabemos que se puede tener el mejor programa posible y seguir sin ser escuchado. La cuestión es poner de relieve las demandas transformadoras, demostrando que es posible abrir brechas en la sociedad liberal capitalista.
¿Qué está pasando en Francia? En un año, Macron ha nombrado tres gobiernos que han fracasado. Ninguno con la izquierda. ¿Está entregando el control del país a la extrema derecha de Marine Le Pen, que obtuvo el 41,5 % de los votos en la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales de 2022? Le Pen duplicó entonces el número de sus diputados y declaró que «nuestra victoria solo se había pospuesto», reclamando elecciones anticipadas. Usted escribió recientemente que solo la izquierda podía impedirlo. ¿Cómo?
La izquierda en Francia se enfrenta a una gran contradicción. Las movilizaciones sociales son frecuentes y fuertes. Podemos pensar en el movimiento contra la reforma de las pensiones en 2023. Pero, políticamente, solo representa alrededor del 30 % de los votos, incluso con las coaliciones electorales de la NUPES en 2022 y del Nuevo Frente Popular en 2024. Las convergencias en la izquierda son necesarias e indispensables. Pero el verdadero reto para la izquierda es volver a ser mayoritaria política y socialmente en la sociedad francesa. Sin embargo, la extrema derecha tiene más peso político por sí sola que toda la izquierda reunida.
La izquierda debe responder a dos preguntas:
1/ El contenido político, para una transformación social y democrática real del país. Esto se basa en tres elementos: una política para el trabajo (es decir, salarios, pensiones, protección social), una política para la República democrática y social (es decir, una reforma democrática de las instituciones, la igualdad entre los territorios fragmentados por las políticas liberales) y una política independiente para la paz en Europa y a nivel internacional.
2/ Un método. Las combinaciones institucionales han llegado al final de su recorrido. Mañana pueden celebrarse elecciones legislativas o incluso presidenciales. Pero ¿será eso suficiente para cambiar la vida? Sin duda, no. Tenemos un punto de apoyo: la unidad sindical y el movimiento social. Apoyándonos en el movimiento social será posible reavivar la esperanza en el país.
Tenemos una guerra en Europa, la de Ucrania, que ha sido impulsada por Estados Unidos y que parece que Estados Unidos va a detener. ¿Qué está haciendo la Unión Europea en este conflicto? Europa se está militarizando. En las últimas dos décadas, ha triplicado su gasto en defensa. Y este se ha disparado desde 2023 y tras la guerra en Ucrania. Desde Alemania hasta Finlandia. ¿Nos estamos preparando para una guerra? Y si es así, ¿contra quién?
La invasión a gran escala de Ucrania es una violación directa del derecho internacional por parte del poder capitalista ruso. No ha estallado en un cielo sereno. La expansión de la OTAN hacia el Este había sido denunciada incluso por teóricos de la Guerra Fría como George Kennan como un grave peligro para la seguridad europea.
Algunos líderes europeos, con Emmanuel Macron a la cabeza, quieren la guerra contra Rusia, entre otras razones para hacer olvidar la crisis a la que se enfrentan en sus países. La carrera por el rearme beneficia a los mercaderes de armas, a los capitalistas de la industria armamentística. El escándalo de corrupción que rodea a la NSPA (Agencia de Adquisición y Apoyo de la OTAN), proveedor de servicios de la Alianza Atlántica encargado de la compra de material militar para los 32 países miembros de la OTAN, es revelador. La industria militar estadounidense se beneficia plenamente de ello.
Es urgente romper el vínculo de vasallaje con los Estados Unidos y con su brazo armado, la OTAN. La salida y la disolución de la OTAN son necesarias para la seguridad de los pueblos europeos. Las iniciativas políticas para retomar el espíritu de Helsinki, en aras de la seguridad colectiva de Europa, son posibles y urgentes.







