El regreso de los brujos

La moda de la vuelta a la religión en nuestro país es parte de la batalla cultural derechista. Eso de la “espiritualidad” es la religión más adaptada al momento actual del sistema.

Es la mayoría evangélica la que llevó a Reagan al poder y hoy sostiene a Trump (junto a otras opciones reaccionarias en América, como la participación del Opus Dei). Y mira que es un pecador impenitente.

La moda de la vuelta a la religión en nuestro país es parte de la batalla cultural derechista. Como vamos desvelando algunas claves de esta estrategia, destacamos en este momento que, tras su capacidad de marcar la agenda política y social con sus temas favoritos, la derecha hace pasar lo que es una tendencia minoritaria como si fuera un sentido común mayoritario. Ahora se empeñan en hacer España y Europa cristianas, no musulmanas. Para ello acuden a las esencias europeas, que se supone que es el cristianismo o tradición judeo-cristiana (Trump ya ha hecho referencia a la pérdida de esencias de Europa). Pero si algo ha atravesado la historia de Europa no es el cristianismo, sino el Humanismo, la Ciencia y el Derecho, como elementos comunes. Proclamar la España cristiana, o Europa cristiana, es eliminar de la Historia a Grecia, Roma, el Renacimiento, la Ilustración, los movimientos obreros y de liberación… La vía totalitaria excluye cualquier ilusión de libertad e igualdad humanas.

La prensa convencional contribuye con un mecanismo por el que hace aparecer algunos fenómenos nuevos como tendencias, como una moda. De esto se trata, de la creación de modas. Señalar que la derecha utiliza la técnica de creación de modas, no significa que necesariamente estas modas sean pasajeras.

Por ahora dejamos a un lado las búsquedas de cuotas de mercado por parte de expresiones como la de Rosalía, La Oreja de van Gogh, u otros apéndices del montón. Bueno, y que Hakuna no es Pink Floyd. Cuando los escucho, pienso en el daño que ha hecho aquello de “qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor”.

¿Qué podemos decir respecto a “vuelta a la religión” derechista? Los datos en España [1] nos dicen que el 51% de la población no es religiosa. España no es cristiana, lo cual es un dato de la máxima importancia en esta lucha.

Mientras que el 46% se confiesa católica, sólo el 17% es católico practicante, lo que viene reflejando cierta permanencia del catolicismo aprendido, pero no practicado, y muy poca implicación con su Iglesia.

Por su parte, el 8% confiesa su fe en otra religión, un aumento debido a la inmigración latina evangélica o africana musulmana.

Como novedoso y destacable, en un país que fue obligatoriamente católico durante 40 años y con una educación en manos de monjas y curas, es que el 42% nos declaramos ateos, agnósticas o indiferentes ante las religiones.

Desde la muerte del dictador y genocida, se ha venido produciendo un alejamiento de la Iglesia, la que nos educaba en el nacional-catolicismo y vigilaba y censuraba a toda la sociedad. Pero el mínimo alcanzado hasta ahora por el sentimiento religioso hay que explicarlo con otros datos.

En 1974, en Italia se celebró un referéndum sobre el derecho al divorcio, que fue respaldado masivamente por la población, a pesar del peso de la Iglesia, de años de adoctrinamiento fascista o del predominio de aquella Democracia Cristiana.

En varios artículos que Pasolini dedicó a aquel triunfo laico [2], se preguntaba cómo su país se había secularizado y había sorprendido a todo el poder realmente existente. Porque evidentemente no había sido el marxismo ateo el que se había impuesto a cualquier otra ideología. Detecta que es un proceso que acompaña al desarrollismo económico que estaba transformando Italia, y a su correlato convulsivo: el consumismo.

El consumismo, como etapa actual del capitalismo, provoca un cambio antropológico: la individualización de la vida, contra la empatía y la solidaridad de clase; un hedonismo convencional, centrado en el placer de consumir, de hacerse ver, de querer estar en el centro del mundo; un sano (debemos decirlo) “no te metas en mi vida”; y algo que hoy es una realidad absoluta, el mercado como referencia vital y moral. En el proceso de educación, el elemento que más socializa es el mercado, no la Iglesia, el barrio o la familia.

Desde luego, podemos decir que el mismo proceso secularizador hemos vivido en España, retrasado por la persistencia del nacional-catolicismo. Pero su debilidad es que no es un proceso promovido por un laicismo mayoritario. Así, se es descreído respecto a las religiones instituidas, pero abrazando supersticiones, deísmos, panteísmos,…. “llámalo Dios, llámalo energía”, como diría Fermín, el personaje de La que se avecina.

Analizar la religión desde el laicismo significa respetar la creencia personal y centrarse en los efectos sociales y políticos de las religiones. Así, es necesario contemplar cómo un catolicismo ya minoritario, se centra en la construcción de una élite que domine la sociedad: Opus Dei, Legionarios de Cristo, CEU-Asociación de Propagandistas Católicos, el Yunque. O del impulso ultraconservador de las Iglesias Evangélicas [3].

Pero ha llegado una nueva religión a la ciudad. Informal, con un dogma variable, muy vinculada a la cultura del “yoismo”. Tiene un prestigio que ya no tienen las religiones tradicionales. Cuando encuentras en los perfiles de Tinder eso de “soy espiritual y eso es fundamental”, piensas que te has perdido en el mercado, que no eres carne apetitosa porque eres un asqueroso ateo, ¡qué poco glamour! Necesito urgentemente un compiyogui.

No es un corpus dogmático. Es el conglomerado de muchas cosas. Orientalismo como el de los beats o los hippies. Elementos de Matrix. Panteísmo. Espiritismo. Creencias sobre el origen extraterrestre de la raza humana. Reptilianos….

Jameson describía la postmodernidad como esa capacidad de poner toda la realidad en una estantería, como en el supermecado, y elegir objetos que se van mezclando. Objetos que han perdido su relación con su valor de uso, con su significado, con su utilidad. El pastiche es lo que caracteriza la postmodernidad.

Esto de ser espiritual es así de postmoderno. Eliges los elementos que más se adecúen a tu personalidad y elaboras así un relato sobre lo que eres y lo que es el mundo. Ser espiritual es construirte un vestido que se encaja a tu cuerpo como un guante.

Así, puedes decidir quedarte en la práctica del yoga. O incluir otros elementos, como ver muertos. Si es chungo que en la intimidad te digan que ven muertos que rodean tu cama, infinitamente peor es cuando te defienden la medicina druida o chamánica, la cura por las energías, el baile al sol o cualquier otro remedio de cuando la humanidad tenía una esperanza de vida de 35 ó 40 años. He conocido quien ha rechazado el tratamiento médico y, por supuesto, ha muerto. Ninguna gracia.

El sistema necesita gente aislada, que como el Jóker, construye su mundo. Un mundo que no es necesario que nadie comparta. “Este soy yo”. Y una vida absurda, donde lo vital no tiene la más mínima importancia, o sólo si en ese momento es una ventaja competitiva. Un día a día distópico en el que sueñas con escapar, pero no puedes. Un escapismo muy presente en mi generación, que los cincuentones somos muy peligrosos.

No me resisto a pararme en mi generación, aunque parezca una digresión. ¿Dónde está aquello de vivir para trabajar, que ya te vendrá el éxito? ¿Dónde el matrimonio convencional que ya no apasiona y estás buscando salidas no siempre honestas? ¿Y eso de volver al mercado como un zorro plateado? ¿Dónde las necesidades económicas que te empeñas en ocultar porque tú ibas para triunfador? Parece una exageración, pero contemplo un enorme naufragio, algo que quien tiene algo de dinero intenta cubrir con deportes de riesgo, bailes de salón, mucho yoga y retiros espirituales…, como si fueras a recuperar la vida perdida. Además de una pequeña venganza personal, es evidente que hay una edad donde todo este montaje no se mantiene, ves que has perdido la vida, y se produce un enorme vacío. Para llenar ese vacío está la espiritualidad.

Una espiritualidad que no te exige ir a misa los domingos, ni la caridad (como las antiguas), ni grandes sacrificios para salvar tu alma. Tiene la ventaja de no tener que seguir una disciplina de una Iglesia, sino ser “consciente”, sea lo que sea eso, que son muchas cosas diferentes.

Vamos a tener que dedicarle más tiempo a esta “espiritualidad” y a otras derivadas del “yoismo”, como todo lo que se desprende de la “psicología positiva”, el “coaching” o el “mainfulness” y la utilización que las empresas están haciendo de ellas, que ahora el patrón quiere regalarte la “consciencia”.

Pero concluyamos este artículo señalando que eso de la “espiritualidad” es la religión más adaptada al momento actual del sistema. Un encerrarse en sí mismo, explicar el mundo partiendo no de hechos objetivos, sino del traje que le puedo hacer a mis traumas, experiencias fallidas e insatisfacciones. Por ello, se produce la incomunicación, la falta de elementos comunes y objetivos sobre los que establecer un diálogo. Por ello, se produce la falta de conocimiento.

Porque se está instalando un mundo en el que un grupo reducido de ricos utilizan la ciencia y la tecnología para obtener el poder y condenan a la masa al pensamiento mágico. Gente como Elon Musk o Peter Thiel utilizan el imaginario de El Señor de los Anillos o Mátrix. Pero el mundo que están creando es más similar a El nombre de la rosa.

NOTAS:

  1. https://www.observatorioreligion.es/barometro.html ↩︎
  2. Pier Paolo Pasolini.- Escritos corsarios. Ediciones del Oriente y el Mediterráneo. 2009. ↩︎
  3. https://mundoobrero.es/2024/10/11/algunos-problemas-de-la-derecha-espanola/;

    https://mundoobrero.es/2023/01/12/religion-y-golpe-de-estado/
    ↩︎
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