La directora española Eva Libertad ha presentado este año Sorda, su primer largometraje; una película que nace de una conversación familiar y termina hablando de algo mucho más amplio: cómo convivimos cuando no partimos de las mismas herramientas, ni de las mismas oportunidades, ni del mismo lenguaje. El filme ha ido creciendo gracias al boca a boca y al paso por festivales, consolidándose como una de las propuestas españolas más valientes del año.
A sus primeros reconocimientos —Biznaga de Oro a la Mejor Película Española en el Festival de Málaga, Panorama Audience Award y CICAE Art Cinema Award en la Berlinale— se suma ahora una presencia sólida en los Premios Feroz 2026, donde compite en Mejor Película Dramática, Mejor Dirección (Eva Libertad), Mejor Guion, Mejor Actriz Protagonista (Miriam Garlo), Mejor Actor Protagonista (Álvaro Cervantes) y Mejor Actriz de Reparto (Elena Irureta). A esto se añade su selección como finalista al Premio del Público LUX 2026, que señala la atención europea hacia una película que no solo emociona, sino que plantea preguntas incómodas sobre accesibilidad, maternidad y desigualdad estructural.
Sorda no es solo una historia íntima; es también una llamada de atención sobre cómo se organiza el mundo y quién queda fuera cuando damos por sentado que todas las personas pueden comunicarse igual. La película entra en esa grieta sin paternalismos y con una sensibilidad que se sostiene sobre la experiencia directa de la comunidad sorda, la mirada personal de la directora y un proceso de trabajo que se ha convertido en referencia para otros rodajes que buscan ser realmente accesibles.
Eva Libertad (Murcia, 1981) lleva años construyendo una trayectoria que conecta lo personal y lo político sin estridencias ni complicaciones, desde un lugar honesto y próximo. Cree profundamente en un cine que no excluya y que haga visible lo que suele quedar fuera de plano. Antes de su salto al largometraje ya había dejado huella en teatro y en proyectos audiovisuales donde los vínculos familiares, la fragilidad y la accesibilidad ocupaban un lugar central. El cortometraje Sorda, que dio origen a esta película, fue su primera pista de todo lo que podía crecer alrededor de esta historia: recorrió festivales, sumó una nominación al Goya y confirmó que había un público que pedía narrativas contadas desde dentro de la comunidad sorda y no desde la distancia asistencialista habitual.
En Sorda (el largo), esa búsqueda se amplía y se afina también desde el punto de vista técnico. Libertad trabaja con una puesta en escena que cuida mucho la percepción sensorial: el sonido se convierte en un elemento narrativo, no solo estético. Hay momentos en los que el diseño sonoro acompaña la experiencia de la protagonista sorda, reduciendo el mundo a vibraciones o a silencios que tensionan la escena; y otros donde se abre el paisaje sonoro del personaje oyente. Cabe destacar la escena en la discoteca al ritmo de la banda sonora de Aránzazu Calleja. Esa alternancia crea un diálogo constante entre dos maneras de habitar el entorno. La fotografía se mueve en esa misma línea: planos cerrados que se acercan a la intimidad del cuerpo y la lengua de signos, y planos más amplios que revelan la distancia, la fragilidad o el desajuste entre ambos mundos.
La accesibilidad también está integrada en la forma, no solo en el proceso. La película incorpora subtítulos accesibles, indicaciones sensoriales y un ritmo que respeta los tiempos propios de la comunicación signada. Todo esto hace que Sorda funcione tanto como obra artística como ejemplo práctico de un cine que no ve la inclusión como un extra, sino como parte del lenguaje. Ese enfoque —sumado al trabajo de un equipo mixto de profesionales sordos y oyentes— ha reforzado el reconocimiento internacional que la película ha recibido y explica, en parte, su buena recepción en festivales de arte y ensayo.
En un panorama donde la industria a veces premia lo seguro, el recorrido de Sorda confirma que las historias contadas desde la vulnerabilidad, la conciencia política y una técnica pensada con coherencia pueden abrir caminos nuevos en lugar de repetir los ya conocidos.
Esta es una entrevista que se le hizo a su directora en la Gala de los Premios Acción donde se alzó con el premio a Dirección Novel:
Mundo Obrero: ¿De dónde nació la idea de Sorda?
Eva Libertad: Sorda, antes de ser un largo, fue un corto. Ese corto nació de un momento real en la vida de mi hermana, Miriam Garlo. Cuando empezó a plantearse la posibilidad de ser madre, me habló de sus miedos y expectativas como mujer sorda en un mundo que no está pensado para ella. De ahí salió el corto.
Para el largo tuve que despegarme de su experiencia personal, porque Miriam decidió no ser madre. Así que me puse a investigar. Hablé con madres sordas que me contaron cómo habían vivido el embarazo, el parto y la crianza. El deseo de hacer esta película está atravesado por mi vínculo con ella, claro, pero también por la necesidad de hablar de la relación entre el mundo oyente y el mundo sordo. Me interesaba entender —y mostrar— cómo se encuentran esos dos mundos dentro de una pareja que va a traer una criatura al mundo.
M.O.: La maternidad toma una parte importante del hilo argumental, entonces.
Eva Libertad: Es fundamental. En la película nace una criatura dentro de una pareja formada por una mujer sorda y un hombre oyente. Ese nacimiento rompe la burbuja de comunicación y equilibrio que tenían. Todo se mueve, todo se cuestiona. Y, en realidad, eso pasa en muchas familias: la llegada de un bebé saca a la luz lo que antes estaba escondido.
M.O: ¿Cómo fue rodar con un equipo mixto, oyente y no oyente?
Eva Libertad: Pues como debería ser siempre: accesible. Eso sí, requiere preparación. Hice un dosier de más de cuarenta páginas sobre sordera que repartimos a todo el equipo. Al principio me odiaron un poco (ríe), porque ya bastante tenían con su trabajo como para leer más. Pero era necesario. Ahí hablábamos de sordera desde lo cultural, lo social, lo médico y lo político.
Además, dimos dos clases básicas de lengua de signos para que todo el mundo pudiera comunicarse con el equipo sordo, y en el rodaje siempre hubo intérpretes. No se trata de hacer milagros, sino de generar las condiciones para que todas las personas puedan trabajar bien. Dirigir a actores sordos es exactamente igual que dirigir a actores oyentes. Lo que cambia son las herramientas, no las personas.
MO: ¿Tú hablas lengua de signos?
Eva Libertad: Sí, estudio con Miriam. No tengo un nivel profundo porque no la uso a diario, pero puedo comunicarme. De todas formas, en un rodaje necesitas intérpretes sí o sí. Entre el cansancio, las emociones y los matices, hay momentos en los que una ya no da para más.
MO: ¿Cómo ha sido mezclar lo familiar con la dirección en pantalla?
Eva Libertad: Lo familiar se concreta en dirigir a Miriam, que es mi hermana. Ya habíamos trabajado juntas en teatro, así que no empezábamos de cero. Pero un rodaje es otra intensidad. Nos preparamos muy bien, marcando límites: ahora somos actriz y directora; ahora somos hermanas. No puedes separarlo del todo, pero ayuda.
Para mí era importantísimo que el rodaje fuera un espacio amable para ella. Si la veía incómoda, yo no podía concentrarme. Y creo que esta película ha ampliado nuestro vínculo. Hemos aprendido mucho juntas, no solo rodando, sino también en la promoción, porque respondemos muchas preguntas no solo como directora y actriz, sino como hermanas.
MO: Enhorabuena por tu premio.








