El jueves 7 de enero en la muy bogotana plaza de Bolívar, atiborrada de miles de manifestantes que condenaban la agresión de Trump contra Venezuela y las amenazas de una inminente acción militar contra Colombia, el presidente Gustavo Petro informó que recién se había comunicado telefónicamente durante una hora con el presidente Donald Trump. La plaza explotó en aplausos y gritos de satisfacción. Una reacción un poco provinciana, podría pensarse, o que la muchedumbre entendía perfectamente que esa comunicación estaba echando para atrás la amenaza latente de una intervención y el posible secuestro del presidente, tal como ocurriera en Venezuela tras lo que Trump dijera que seguía Petro. En medio del discurso una funcionaria le mostró al presidente un trino de Trump, que inmediatamente el presidente leyó al público. El gringo decía que había sido un honor haber conversado con Petro. La antiimperialista plaza explotó de felicidad, y se emocionó mucho más cuando escucharon que lo invitaba a un encuentro en la Casa Blanca. La entusiasta multitud no parecía la misma que horas antes coreaba encendidas arengas y consignas contra el yanqui calificándolo como agresor, secuestrador y asesino. La derecha, que venía pidiendo una invasión a Colombia y aprisionamiento de su presidente, asimiló mal la noticia, señalando que Petro se había arrodillado ante Trump, tras meses de decir que era un altanero y provocador frente a don Donald. Coincidió con este señalamiento alguna esotérica gente de extrema izquierda. El Pacto Histórico y diversos sectores políticos y sociales coincidieron con el presidente de que se trataba de un paso importante que permitiría la posibilidad del ejercicio de la diplomacia y el diálogo. Sin desconocer el talante traicionero de Trump, y sin las exageraciones de Petro de que esa reunión iba a evitar una tercera guerra mundial o de la Canciller quien días después expresara en una entrevista que «EE.UU. no tiene interés en afectarnos ni intervenirnos».
Llaman la atención las declaraciones del presidente Gustavo Petro, siendo un hombre muy estudioso y conocedor del carácter imperial de Estados Unidos y de los movimientos geopolíticos contemporáneos. Reiteradamente expresa que las acusaciones que Trump lanza contra él y contra Colombia obedecen a que la derecha colombiana lo mantiene desinformado de lo que realmente pasa en Colombia. Una interpretación extraña que desconoce los planes estratégicos globales del imperialismo. Lo que no niega que en una conversación directa se puedan llegar a acuerdos para la cooperación en la lucha contra el narcotráfico. No será fácil. Trump no solamente parece que es bipolar, sino que las movilizaciones en las calles norteamericanas lo deben tener bastante nervioso. No es normal que un día diga que en Venezuela gobierna el Cartel de los Soles y que en Colombia Petro es el jefe del narcotráfico para semanas después señalar como un honor hablar con Petro o que diga que la presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, es una persona estupenda.
Mucha gente en Colombia le está rogando a Gustavo Petro que no vaya a Estados Unidos a reunirse con Trump señalando que es una trampa para apresarlo. Seguramente habrá cadenas de oración para protegerlo. Algo importante saldrá de este encuentro, aunque siempre y a todo momento habrá que tener muy en cuenta las recomendaciones del comandante Che Guevara de que con el imperialismo, ni un tantico así.








